Alberto Ruiz Gallardon

“Mi mujer y mis hijos han sido muy generosos conmigo”

Fotos: TERESA PEYRI

Este madrileño culto, sensible e inteligente es un maraton man de la política. No está claro si el ser alcalde de Madrid es uno más de los obstáculos o la meta final. A lo largo de su carrera lo hemos visto saltar de alegría y llorar de emoción, y siempre esforzándose por marcar un terreno –a la izquierda de la derecha– que no aparece en nuestro mapa electoral pero que él defiende con uñas y dientes y que le ha costado algún que otro disgusto con su propio partido.  
¿Cuántos años llevas en política, 28...?
Espera, que tengo que sumar periodos: 8 años que llevo en el Ayuntamiento, otros 8 como responsable de la Comunidad, y 8 más en la oposición también de la Comunidad... Al principio, en el Ayuntamiento, estuve 4 años en la oposición... Sí, en total, 28 años.
Te has pasado más de la mitad de tu vida montado en un coche oficial...
No lo tenía hasta que tomé posesión del cargo de presidente de la Comunidad, pero mi primer puesto en política, ya en el Ayuntamiento, fue con 23 años.
Y ahora, con toda la carrera política que te queda por delante, ¿qué crees que has dejado atrás?
Siempre he pensado que un político tiene que estar preparado para irse en cualquier momento, bien porque pierda unas elecciones, bien porque entre en conflicto con unas decisiones que no quiera asumir. No me he dejado nada por el camino, nada que no pueda retomar cuando haya dejado la política. Tengo muchas cosas aparcadas en mi vida, pero ninguna eliminada.
La política es una profesión de 24 horas, no es un trabajo en el que llega el viernes y cierras...
Sí, en política no existen los viernes.
¿Te has perdido la infancia de tus hijos?
En tiempo sí, en intensidad no, porque creo que al final generas un mecanismo psicológico de compensación y lo que restas en tiempo lo sumas en intensidad. Mis hijos, igual que mi mujer, han sido muy generosos con mi vida política, me han acompañado mucho. Nunca he sufrido reproches en mi casa por las ausencias, los horarios, los viajes y las tensiones emocionales que te acabas llevando a casa a la hora de la cena. Tengo una deuda de gratitud con ellos y con Mar, mi mujer, por haber asumido las particularidades de mi propia vida: ellos han sido cómplices de todo lo bueno que me ha ocurrido en la vida política, que ha sido muchísimo, y de lo malo, que también ha sido bastante.
¿No te hubiera gustado que alguno de tus hijos se hubiera dedicado a la política?
No, no. Cuando he ido descubriendo que ellos tenían otras vocaciones profesionales y que respetaban el mundo de la política, pero que no querían dedicarse a ello, tengo que decir que me he alegrado.
¿Han visto tus hijos tus primeras imágenes como político? Se partirán de risa al ver cómo has evolucionado. Eras un poco repelente, como el primero de la clase...
Esa imagen era fruto de la inseguridad. Tuve que asumir responsabilidades muy joven. Con 23 años era concejal del Ayuntamiento de Madrid y con 27 era el secretario general de mi partido. Reconozco que me disfrazaba un poco de persona dura, más segura y más distante, porque era difícil ser el número dos de un partido político y tener que imponer criterios a personas con mucha más experiencia que me doblaban la edad.

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