Ángel Gabilondo
A solas con el Ministro
Fotos: Diego Lafuente
Me han encantado las reflexiones cotidianas de tus libros.
Son consideraciones sobre experiencias que nos pasan a todos en la vida.
Al leer una de ellas, Mi reloj, pensé que yo no llevo... ¿Eso puede significar algo?
Seguro que sí [ríe]. Lo cierto es que uno establece una cierta relación con los objetos que forman parte de tu vida. El reloj parece una metáfora del tiempo.
Es una pena que hoy lo vivamos todo tan deprisa.
No hay que tener prisa. La prisa está muy relacionada con el miedo. Vamos a toda velocidad, no sé hacia dónde...
También hay otra reflexión en la que hablas de la añoranza, de cuando alguien ya no está...
Para mí la añoranza es otro modo de presencia. Porque quienes se van están presentes en la ausencia, cuando sientes que te hacen falta... Me encantan esas expresiones tan bonitas del castellano como ‘hacer falta’ o ‘brillar por su ausencia’... [ríe].
El título de Contigo parece una invitación a compartir.
Es la gran metáfora de que todos necesitamos a alguien para caminar juntos. Yo siempre he leído que Eros es el amor; un movimiento que se mueve de un ser hacia otro pero, sobre todo, que lleva a dos en una misma dirección. La soledad no te la quita nadie, la complejidad de la vida y tus contradicciones no te las quita nadie. Ahora, con alguien a quien quieres al lado es más llevadera la vida. Contigo es menos difícil.
¿Y por qué es cada vez más complicado encontrar un ‘contigo’? ¿Por qué las relaciones son cada vez más cortas?
Porque creemos que la otra persona nos va a resolver asuntos que uno debe debatir consigo mismo. Y no: “Que nadie dirá tu palabra, que nadie vivirá tu vida, que nadie morirá tu muerte…” Debemos asumir que hay una soledad constitutiva y un desamparo constitutivo; si no, acabas echándole la culpa al de al lado. Además, creer que la verdad de una relación está en su duración es un error, aunque querer a alguien es luchar para que eso dure. El amor dura más si implica ir juntos hacia algo. Al final, no somos para tanto.
También hablas de cuando nos empeñamos en hacer cosas constantemente. Quizá es un engaño, una excusa para no estar contigo mismo a solas...
Soportarse a uno mismo es bastante complicado. Yo, cuando veo a alguien que me cae mal, me fijo en qué cosas se parece a mí, y, si no lo soporto en absoluto, es porque esa persona resulta ser como yo [ríe]... Hay que quererse mucho y gustarse poco. Una mezcla complicada porque tanto los que se quieren mucho como los que no, son un peligro público.
En las parejas eso ocurre mucho. Muchas no paran de hacer planes por separads para no estar sentados uno frente al otro.
Para no tener que soportar el silencio compartido, la soledad compartida.
¡Con lo bien que está el silencio!
Sí, y el silencio no es sólo no hablar. Yo siempre he creído que tiene más que ver con saber escuchar, aunque no hable nadie. Silencio para escucharte a ti mismo, para que el otro pueda decirte algo, aunque quizá no lo hace con palabras. El silencio es dejar hablar a los demás.
¿Piensas estar mucho tiempo en la política?
No, yo sé que la política es un lugar de paso. Aunque a veces uno cree que está de paso y dura toda una vida. Yo supongo que mi compromiso es hasta que el presidente lo desee, que puede ser mañana. Lo que no quiero es dejar de estar en la actividad pública y en el compromiso social.
¿Y crees que echarás de menos el coche oficial?
[Ríe]. Llevo ocho años con coche oficial, porque como rector tenía, y no tengo carnet. Lo que sí echo de menos a veces es a los estudiantes, las clases, la calle, ir a los sitios...
Es una de las ventajas de ser rector, el contacto con los jóvenes.
Es un privilegio estar rodeado de gente joven, que cambia y es cabezota. Ves pasar tantos mundos… Y he sido privilegiado porque he querido mucho a los estudiantes y ellos me han querido mucho, o al menos así lo creo.
Verse querido da mucha seguridad en la vida…
Sí… y querer. El placer de querer no se valora suficientemente. Los griegos decían que es muy superior el placer del querer al del ser querido. Lo decían ellos, e igual es verdad.
... REFLEXIONES:
Ángel Gabilondo tiene un afectuoso romance con la palabra. La entiende como una invitación a actuar, a buscar, a escuchar. Los pensamientos de Contigo y Palabras a mano así lo muestran. Aquí tienes algunos:
“Abrazarnos abre una nueva, verdadera y activa espera... fecunda nuestra capacidad de acoger”.
“La sabiduría requiere desprendimiento, incluso del saber”.
“Crecer es no llegar nunca del todo, no alcanzar de modo definitivo, no darse por acabado o por vencido”.
“Enseñar no es sólo mostrar o exhibir... Lo más difícil de enseñar es aprender, enseñar a aprender”.
“Vivir es siempre reponerse, sobreponerse. Esperar a encontrarse muy bien para hacer algo es garantizar la inacción”.
“Prefiero la paciencia a la
resignación. Ni es inactividad ni es claudicación. Es constancia, insistencia, coherencia”.




comentar
imprimir
enviar
Anterior
