Carmen Lomana
Tengo buen ojo para los negocios
Muchos conocen sólo el lado más frívolo de Lomana. Que es una señora millonaria, una ‘fashion victim’ sin cuya presencia no tiene sentido ninguna fiesta de nivel... Pero Carmen es mucho más. Una mujer testaruda, sofisticada y culta, que ha tenido una vida difícil, que perdió a sus dos amores, su marido y su hijo, y que se ha rehecho a sí misma
Fotos: Diego Lafuente
La primera vez que yo tuve referencias tuyas fue por Carmen Rigalt y Raúl del Pozo. Un verano empezaron a hablar de Lomana, era como un enigma.
Es que este movimiento del Lomanismo surgió de la Rigalt, lo de Raúl no lo sabía. Además, Marbella fue algo nuevo para mí, porque nosotros veraneábamos en Menorca. Y el primer verano que llegué a nuestra casa también me bloqueé, porque estaba llena de buenos recuerdos. Una amiga me invitó a Marbella. Recuerdo que fue en Semana Santa y me lo pasé bárbaro... y ese mismo fin de semana compré mi ático.
Y ahí empezaste a hacer nuevos amigos.
Todo gente nueva. Yo he tenido suerte porque todo el mundo me ha querido. Bueno, habrá gente que no. Pero me empezaron a invitar y me vi en todas las salsas. Yo hacía verdaderos esfuerzos por ir a todo.
...Y nació un mito. De repente surgió de la nada una señora española, guapa, elegante, rubia, viuda, rica...
Yo no fui consciente de eso y un día empecé a escuchar unas leyendas urbanas: que si mi marido era un viejo, que yo le había arruinado... cosas truculentas. Pero bueno, la gente que invente lo que quiera. Mi marido era un gran profesional. Aunque sea increíble, cuando nosotros nos casamos no teníamos nada, así que yo no le debo nada a nadie. Lo que tengo es de Guillermo y mío.
Y tú te encargas de gestionar el patrimonio.
Sí. Mi marido, realmente, me dejó la vida solucionada. Pero yo no soy tonta, y todo eso lo he gestionado muy bien, de forma que, si me dejó 2, hoy tengo 4. Me vino fenomenal estar en un banco. Aparte de que soy una mujer muy trabajadora y tengo buen ojo para los negocios y la bolsa. Me he gestionado muy bien en la vida.
¿En algún momento has invertido en algún negocio o sólo gestionas el patrimonio?
Sólo muevo mi patrimonio, no me he metido en tener un socio; en eso soy muy española, muy individualista. Me gusta controlar lo que tengo, porque al principio dejé mucho en otras manos y fue un desastre... A veces soy demasiado controladora, por eso estoy estresada.
Vives una crisis brutal, te reinventas y, de pronto, saltas a los medios de comunicación.
Todo lo que me está dando la vida es tan sorprendente para mí, que me parece un regalo. Cuando murió Guillermo mi vida ya no tenía sentido, y me reciclé. Ahora me siento querida, feliz, con la oportunidad de empezar algo nuevo. La primera vez que me pusieron ante una cámara de televisión me encantó, me encontré como en casa con amigos. ¿Me ha llegado tarde? No, las cosas llegan en su justo momento.
Cuando fuiste a Más que baile te dirían que habías perdido la cabeza.
Mi madre me dijo que no me volvería a hablar.
Y ahora empiezas un nuevo programa, Escuela de glamour.
Sí, pero me lo tomo como un aprendizaje. En Más que baile empecé a pasármelo bien, pero luego tenía ganas de que terminara porque era agotador. Pero Escuela... me parece maravilloso: estaré con gente joven, muy asilvestrada, y yo, aunque parezca distante y fría, adoro a la gente. De hecho, mi grupo de fans son muy jóvenes.
¿Tienes muchas cosas por estrenar?
No muchas. Hay veces que compro prendas porque me gusta la pieza en sí, como compras un cuadro, y a los tres años es el momento oportuno. Eso pasa con la ropa más intemporal, más de costura... ¡y con Zara, que me encanta!
Si hace 5 años te dicen que ibas a tener fans...
Pues diría que estaban pirados. Por eso la vida hay que vivirla con pasión y coherencia contigo, no con lo que digan los demás. Si yo me hubiera dejado llevar por lo que me decían que tenía que hacer, casi nunca hubiera hecho lo que quería y habría sido mucho menos feliz... Mi vida ha sido siempre un reto, una superación de cosas que estaban en mi contra. Siempre he sido muy rebelde y me encanta provocar.




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