Amenábar

¿Alguien esperaba que, tras ganar un Oscar con la arriesgada Mar adentro, el director montaría una superproducción de romanos? Así es Alejandro: un genio imprevisible, y Ágora, su nueva manera de denunciar que la violencia no es el camino para defender las ideas

¿En tu familia no hay cineastas? ¿De dónde ha salido tu pasión por el cine?
No sé. He vivido mucho en casa. He dibujado, pintado, tocado el piano... Mi hermano y yo tuvimos la misma infancia, pero somos muy distintos. A mí me daba por escribir historias. He sido muy miedoso y eso...
¿... despierta la fantasía? ¿De ahí Los Otros?
Sí, la película tiene mucho de mis miedos.
¿Eras tímido?
No tenía problemas para relacionarme. Sí lo soy de cara a las cámaras. No me gustan nada.
Y te horroriza ser popular...
Mi popularidad me permite salir. Me aterrorizaría que un día no pudiera mirar a la gente en la calle.
Has compartido casa con compañeros de la facultad hasta hace muy poco, ¿no?
Sí, teníamos una especie de chiringuito. Y era muy divertido [ríe]. Pero nos hemos ido haciendo mayores y nos hemos independizado.
¿Has tenido la tentación de irte a Hollywood alguna vez?
La tentación siempre la tienes. Pero lo ves con mucha naturalidad. Yo me digo: “Si me muero mañana, ¿qué me gustaría haber hecho?”. Y yo creo que en películas como Ágora o Mar adentro hay mucho de mí; de lo que pienso sobre la vida y la muerte. Hay algo de testamento vital, y eso me hace feliz. Además, dicen que el Hollywood que conoces de visita es el más plastificado. Yo no detesto la ciudad… lo que detesto es escribir al dictado.
Pero conseguir dinero suficiente para hacer aquí una película también es muy complicado. Este año habría sido imposible hacer Ágora.
¿El cine desaparecería sin subvenciones?
Puedes buscarte la vida en otro lado, evidentemente. Pero sin ellas yo no habría hecho mi primera película.
Pero casi ninguna película recupera el dinero invertido. Es como si el espectador estuviera abandonando el cine español. Lo tuyo, al fin y al cabo, es una gran producción. ¿Eres mitómano?
Pues no mucho. Soy más de admirar a directores como Spielberg. Es el director con el que más me identifico. O a gente con la que te gustaría trabajar. Siempre me ha encantado Concha Velasco, por ejemplo.

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