Lolita

"No he sido previsora. Cada día parto de cero"

Lo afirma a pesar de que ya no le queda nada por demostrar como cantante, actriz o diseñadora. Enamorada y con el sabor de una dulce luna de miel en la mirada, celebra 35 años en la música a lo grande, con un nuevo disco que recorre su carrera rodeada de amigos.

Foto: Angélica Heras

Volviendo al tema de la música, ¿cómo ves tu futuro?
Hace 15 años aprendí que el futuro te cambia en cuestión de un segundo. Después de la muerte de mi hermano y de mi madre, no pienso en el futuro. Dentro de tres meses viene un tsunami y todo se va al garete.
Pero la gente puede pensar que las hijas de Lola Flores tienen la vida asegurada.
La gente sabe que nosotros no tenemos herencia de mi madre porque renunciamos. Sólo eran deudas.
Habéis tenido que partir desde cero...
Siempre; no hemos sido previsores. Yo cada día parto de cero. Vivimos al día, lo mismo mi hermana que yo.
¿Y ahora que vienen malos tiempos?
Pues a apencar. En vez de comprarte bolsos carísimos, miras otros más baratos, si es que tienes que comprarte algo. Y si no, a llenar la nevera, que es lo importante.
¿Qué es lo más importante de tu casa? ¿La nevera?
La nevera es lo más importante. En mi casa siempre había dos frases que mi padre decía nada más verte entrar por la puerta: “¿Has comido?”, “¿Te hace falta dinero?”, porque era de lo que ellos habían carecido toda la vida. Y ésas son las frases que suenan ahora en mi casa todos los días.
El descubrimiento de Lolita como persona, desgraciadamente, fue después de la muerte de tu madre.
Sí. Yo lo que no sabía era que llevaba un volcán dentro, y cuando murió mi madre, explotó. Antes, la gente no me tenía en cuenta, las miradas eran siempre para ella, lógicamente. Eso es lo que yo trato de hacer con mi hija, ahora que le va bien. Mi madre, sin embargo, no midió el potencial que tenía.
Cuando cumpliste los 50 años y te miraste al espejo, ¿qué sentiste?
Me venía mirando ya desde los 40. Pero me noté más cambio de los 30 a los 40. La piel ha cambiado, la mirada, quizá. Yo no me fijo en si tengo una arruga más.
¿Hasta cuándo crees que tendrás que estar con las botas puestas?
Hasta que Dios quiera. Yo lo digo siempre, no tengo grandes ambiciones, quiero seguir trabajando para tener una vejez digna, y sobre todo tener una casa en la playa. Yo no quiero cambiar. De hecho, estoy cantado lo mismo que hace 35 años, pero con otros sentimientos.
Esta entrevista la leerán muchas mujeres que en este momento han sufrido una ruptura traumática, se han separado, quizá con hijos pequeños...
Que tengan paciencia. Yo creo que el ser humano viene a la tierra a emparejarse con el color que sea, no tiene que ver con que sea hombre o mujer, ni de ningún sexo...todo llegará. Quizá a los 40, los 50 ó los 60... cuando no lo buscas. Yo encontré a Pablo cuando ya me había aclimatado a estar sola, a tener mis toallas, mi nevera, mi televisión...y tuve que volver a compartirlo absolutamente todo. Pero merece la pena.

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