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Miguel Poveda, el cantaor universal

No es usual que un flamenco cope las listas de ventas y consiga que una recopilación de coplas sea elegida Mejor Disco del Año. Pero el exquisito duende de este joven que puso voz a 'Los abrazos rotos' de Almodóvar, sólo tiene adeptos. Y le aplauden por todo el mundo

Fotos: Diego Lafuente

Si cierras los ojos cuando escuchas a Poveda, disfrutas de la hondura de los grandes: Farina, Caracol, Mairena... Si los abres, si charlas con él, descubres a un artista perfecto: trabajador, honesto, innovador y lleno de curiosidad. Pero, además, es tímido y cariñoso, de los que miran de frente y no les importa confesar que, a pesar de que ahora se lo rifan en los escenarios más importantes del mundo, se curtió cantando en pequeñas peñas andaluzas que había en su tierra, Badalona. Hasta que ganó con 20 años el Festival de Cante de Las Minas y su carrera se disparó.
Estás en estado de gracia. En muy poco tiempo has conseguido hacer una carrera sólida, cantar flamenco en el Liceo, el Teatro Real, el Lincoln Center...
Un milagro, tal y como están los tiempos. No lo he tenido fácil, pero cuando sientes tanto amor por tu trabajo y lo haces desde la honestidad y la dedicación, se consiguen muchas cosas.
La primera vez que te subiste a un escenario eras muy joven, casi un niño.
Tenía 15 años. Antes cantaba en la asociación de vecinos. Desde pequeño me gustaba el hecho de ser artista, de subirme a un escenario. Y es raro, porque era muy introvertido con la gente, en la calle, dentro de la pandilla de amigos...
¿En casa te pedían eso de: “Niño, canta”?
Lo decían, pero sólo mis hermanas y algún primo, porque delante de mi madre me daba mucha vergüenza. Ella cantaba en plan amateur, pero en mi familia nadie se ha dedicado a la música de forma profesional. Y como lo que escuchaba en la radio eran cosas de tanta categoría...
¿Cuántos hermanos sois?
Tres. Yo soy el único chico, el mayor. Tengo 37 años; luego está Alicia, de 36, que tiene dos niños, y después Sonia, que es bailaora y tiene 35.
¿Cómo te gusta que te llamen: cantante, cantaor...?
Artista [ríe].
¿Eres de Barcelona?
De Badalona. Aunque nací en Barcelona. Mi madre es de Puertollano y mi padre de Murcia. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que soy andaluz. Me acaban de hacer hijo adoptivo de Sevilla y me ha hecho mucha ilusión. De hecho, en mi barrio, el 80% eran emigrantes andaluces. Lo que sonaba en las casas, cómo hablaba la gente... todo era andaluz.
Si hasta tienes acento andaluz... ¿Hablas catalán?
Sí, pero no sé mantener una conversación fluida.
Entonces, ¿lo de cantar en catalán no lo ves?
Hice un disco en catalán con sonidos copleros, jazzísticos, canción mediterránea... Tenía todas mis influencias, pero la copla en catalán no me la imagino todavía.
¿Decidiste que querías ser cantaor a los 15 años?
Sí, quizá a esa edad uno es muy fantasioso, pero yo tenía conciencia de que quería ser artista, dedicarme a la música. No era sólo un sueño a largo plazo.
¿Estudiaste formación profesional?
Estudié auxiliar administrativo, pero soy un negado para los números. Nunca me centré en los estudios.
¿Has trabajado en otras cosas?
En mi casa hubo una época malísima en la que hacía falta el dinero y estuve como cerrajero en una fábrica; incluso llegué a trabajar como montador de tuberías industriales de calefacción.
Vamos, que eres un manitas...
No te creas. Era algo forzadísimo y lo pasaba muy mal.
¿Y cuándo te diste cuenta de que podías vivir de esto?
Cuando volví de la mili no pude recuperar mi trabajo y necesitaba dinero. En Cataluña sólo me conocían en las peñas flamencas, pero no pagaban, así que a veces me presentaba a algún concurso para ganar algún dinerito. Nada profesional. Pero encontré un trabajo en el tablao cordobés de Barcelona, en la Rambla. Y ahí empezó todo.
Entonces, ha sido todo muy lento...
Realmente sí. He hecho cosas que ahora no haría, como todo el mundo. Pero he perseguido hacer siempre el trabajo bien hecho, tener el respeto de mis mayores, de la profesión que amo. Nunca he hecho nada de cara a la galería.

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