Ana Gavalda
Una vida sin tele ni periódicos
Texto: MAR MORENO Fotos: ALEXANDRE ISARD
Anna sonríe todo el tiempo, a carcajadas. Tiene una mirada azul luminosa y un andar pizpireto. Es elegante, delgadísima, francesísima y muy atractiva. Cuando habla, no para de gesticular y, a veces, en mitad de la conversación, se pierde en su mundo observando a alguien que ha captado su atención.
Al ver sus manos, fuertes, es fácil imaginarla en su coqueto despacho golpeando el teclado hasta las tantas de la mañana, con la música muy alta.
En la casa no hay tele. “Nunca he tenido. No leo periódicos y apenas escucho la radio, sólo el programa France Culture. Y es curioso, porque los halagos más poderosos que he recibido afirman que capto muy bien nuestros días. Así que he llegado a la conclusión de que es porque, en el tiempo libre que me deja no ver la tele, me fijo en cosas más profundas que saber qué ha pasado en el último capítulo de House”, bromea. Sus hijos no ponen pegas. “Tienen otras cosas para hacer... Además, si algo les gusta lo ven en el ordenador”.
La escritura de El consuelo le dejó tan exhausta que ha cambiado su rutina de trabajo. “Bebía mucho café, fumaba mucho, escribía de noche... Me he dado cuenta de que el cerebro trabaja mejor cuando está descansado y ahora he cogido un pequeño estudio al que me voy cuando dejo a los niños en el colegio. Aunque mi hija dice que lo he hecho para fumar
a escondidas... (ríe). He escogido hacer un horario de asalariada que me dé una rutina y me ayude”.
Entre las cosas que tiene pendientes está la traducción de una novela de Françoise Sagan –su segundo libro infantil, “que va sobre un niño listísimo que se enamora de la chica más torpe de la clase”– y su próxima historia, ambientada en el cierre de una fábrica.
A Gavalda todavía le sorprende que alguien meta su literatura en el saco de la chick lit. “Mis mujeres nunca hablan mal de los hombres, no se sientan una frente a la otra para decir que son todos iguales, ni van juntas de shopping, y lo último que les preocupa es si no quedan más Jimmy Choo. No es honesto hacerme este reproche”. ¿Puede ser porque te gustan los finales felices?, le preguntamos. “Antes de ser escritora, he sido lectora y me gustan los finales felices”. ¿Quizá porque la leen muchas mujeres? “Cuando te dicen esto es como un piropo envenenado, yo digo: ‘Sí, tengo ese privilegio’. Soy la nueva Juana de Arco”.
Parece que lo que piensen quienes no la conocen le resbala bastante. Tiene claro qué cosas conforman
la sal de su vida: “La cultura, la fraternidad, el campo, mi perro, el humor, la música, mis hijos, mis lectores...”. Y sus historias: “Quizá no soy una escritora extraordinaria, pero sé que hago una literatura popular capaz de transmitir, cuando quiere, un puñetazo en el estómago”.




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