Solidaridad

Chambao: “Quiero una vida lo más justa y sencilla posible”

Siempre hay esperanza

Siempre hay esperanza

Seguro que eras un diablillo de niña...
No. Era muy buena. Somos cuatro hermanos y mi madre siempre dice que a mí nunca me tenía que regañar. Además, al ser la pequeña y con diferencia de edad, casi siempre estaba sola, a mi rollo... Era muy curiosa y teatrera. Y siempre estaba silbando. ¡Todavía lo hago!
¿Te has vaciado mucho en este disco?
Hay parte de descarga. Y gusta que quede ahí, hecho canción. Pero ha sido de una forma natural, no tipo diario. Es más bien una libreta de curiosidades y pensamientos.
A tus fans les encantan tus letras, tan esperanzadoras.
Quizá porque hablan de búsquedas, y todos tenemos las nuestras. Además, son muy parecidas: vivir bien, ser feliz, disfrutar de las pequeñas cosas, tu gente, el amor...
Lo dices muy seria. Parece que tú has dado con las tuyas.
¿Sí? [ríe]. Me siento a gusto, tranquila. Sé lo que no quiero: la bulla, la prisa, el todo vale, la lentejuela deslumbrante...
Y ¿lo que sí quieres? ¿Lo sabes?
... la vida que tengo. Estar cerca de los míos. Andar descalza, pero en todos los sentidos. Hay cosas que me pasan por ser muy confiada. Pero es mi manera de ser y me gusta: no juzgar a la gente aunque luego me equivoque. Mis padres me dicen mucho: “Mari, ten cuidado de quién se arrima a ti”. Pero yo prefiero ser confiada aunque me lleve sorpresas.
¿Te dan muchos consejos tus padres?
Se meten en muy pocas cosas. Son de los que dejan que te caigas. Ellos te recogen... si te hace falta. Si no, son partidarios de que lo hagas tú sola. Hay que aprender de lo bueno... y de lo malo. El mundo gira, las cosas se transforman y tú estás en medio. Que te pasen cosas implica que estás viva.
La última vez que nos vimos peleabas contra un cáncer.
¡Buf! Cuando me lo dijeron pensé: “Y ¿ahora qué hago yo con esto?”. Pero te concentras tanto en lo que te pasa, en hacerle caso al médico, en pelear y estar bien... que de pronto han pasado ¡cinco años! Sigo con mis revisiones cada seis u ocho meses, y estoy genial, la verdad. La música ha sido y es como una vitamina curativa para el alma.
¿Piensas en la enfermedad a menudo?
Buf... Pues me ha costado mucho trabajo dejarme el pelo largo. No quería hacerlo por si se me olvidaba. Pero un cáncer no se te olvida en la vida. Hay veces que te permite estar más confiada, pero está contigo siempre. Incluso si algún día me planteara tener un hijo. Mi tumor fue hormonal, y me como mucho la cabeza pensando si por lo que sea algún día un hijo mío tuviera...
¿Te apetece ser madre? Ver una Mariquilla por ahí.
Sí, claro. Me gustaría mucho.
Pero ahora, en mitad de la gira, te vendría regular.
Si me quedara embarazada, lo tendría feliz. Y esto [la música] pasaría a un segundo plano completamente. O a un tercero, porque el segundo soy yo [ríe].
Pobre... Y ¿tu chico...?
¡Pues a un cuarto! [ríe]. Es que ser madre tiene que ser lo mejor de lo mejor. Lo más grande del mundo.
¿Nos darías un consejo para recuperar la ilusión? ¿Para no perder esa chispa de la que siempre hablas?
Pararte de vez en cuando y hablar contigo para ver cómo te ves, que una no siempre está igual ni quiere lo mismo.
Seguir tu lema: “Respeto”. Como dice tu tatuaje...
Y sentido común. A mí me gusta seguir mi instinto. Prefiero vivir la vida en primera persona, no que me la cuenten. ¿Que me equivoco? Prefiero equivocarme.


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