Colin Firth: el hombre al que amaban las mujeres
No es tan sexy como Brad Pitt, ni tan seductor como George Clooney. Ni falta que le hace. Este inglés acaba de ser nombrado el más elegante del mundo y para nosotras... el más romántico
Texto: Anabel VÁZQUEZ
Es de esa estirpe de hombres que lo tienen todo pero no lo anuncian a gritos. Lleva 30 años trabajando papeles hasta que ha dado con la horma de su zapato: el de hombre enamorado. Y por eso nos tiene a sus pies. Le Figaro Magazine lo ha coronado como “Hombre elegante por naturaleza” y la revista Time lo ha incluido como uno de los 100 hombres más influyentes del mundo. No: las mujeres románticas no estamos solas en esta cruzada pro Firth.
Cosmopolita
Parece la encarnación del clásico gentleman inglés, pero ésa es sólo una de sus caras, potenciada por algunos de sus papeles icónicos: el Darcy de la serie de la BBC Orgullo y prejuicio y el otro Darcy (nombre talismán), el de la saga Bridget Jones. Este hombre nació en Grayshott (Inglaterra) y pasó su infancia en Nigeria, donde sus abuelos eran misioneros metodistas. Pero algo le une a Canadá, donde vivió seis años con su entonces mujer Meg Tilly y donde vive su hijo mayor. Claro que para hablar con la familia de su mujer, Livia (directora y productora italiana de cine y tv), aprendió italiano. En su discurso del Oscar dio gracias al eje anglo-italiano-americano y canadiense. Todo en honor a ellas y a sus hijos William, Luca y Mateo. Bellísimo.
Perfectamente imperfecto
Es guapo y tiene buena planta, aunque sus abdominales no sean de récord Guinness. Es un tipo neutro y eso nos gusta y le gusta, porque le permite adaptarse a cualquier papel. Él mismo lo ha declarado: “Ser neutro físicamente me ha ayudado. Tengo una cara que me hace parecer mejor o peor dependiendo de lo que quiera”. Nos encanta saber que el propio Tom Ford le cortó el pelo con sus texanas y manicuradas manos cuando empezó con las pruebas de A Single Man y, sobre todo, que él lo cuente. Nadie le molesta: no tira muebles por las ventanas de los hoteles, ni sale de los restaurantes en el maletero de un coche, pese a que su cara es conocida en todo el mundo y tiene esa famosa estatuilla dorada (y otras más) en su estantería.
El inglés que adoramos
Es un actor tan bueno que nos ha hecho creer que es el perfecto caballero inglés sin serlo. Lo ha repetido en distintas ocasiones: “A través de mi trabajo he representado el tipo de inglés que no soy: una figura reprimida casi mitológica. No te encuentras con tipos así por la calle”. Dicho queda. De hecho, como tantos británicos de su generación, cuando era joven estaba más cerca del punk y el rock que de la caza del zorro. “Crecimos queriendo ser Jimi Hendrix o Keith Richards”, ha afirmado en alguna ocasión. No le vemos con la camiseta negra, pero si él lo dice, le creeremos.
No es un exquisito al uso: a Colin Firth le gustan las cadenas de hoteles mas que los hoteles de diseño, ve partidos de fútbol y no tiene mucho en común con el papel de ‘soltero de oro’ que creó Jane Austen para Orgullo y prejuicio. Ahí está su grandeza: nos ha hecho creer que puede ser ese personaje en la realidad sin que descartemos que en su vida se comporte como un caballero. Sin embargo, sí tiene una elegancia innata que hace que hasta le queden bien los jerseys de cenefas, como comprobamos estupefactas en Bridget Jones.




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