Genoveva Casanova en Haití: “Merece la pena ayudar”

“Este viaje me ha hecho cambiar mis prioridades y valores vitales. He descubierto que la vida no tiene sentido si no ayudas a los que más lo necesitan. Con la gente de Haití he aprendido el verdadero significado de la solidaridad”

Texto y fotos: Genoveva Casanova. Coordinación: Virginia Madrid.
Genoveva Casanova
“En ese ambiente de miseria absoluta han surgido las mafias. Mi mayor preocupación era proteger a los niños”

Nadie está a salvo de perderlo todo en cuestión de segundos. En Occidente nos quejamos de nimiedades y no somos conscientes de la suerte que tenemos de abrir el grifo y que salga agua, de poder comer tres veces al día, de vivir a cubierto en una casa, de poder acudir al médico si nos encontramos enfermos y de poder llevar a nuestros hijos al colegio. Somos unos privilegiados –yo la primera–, pero no somos conscientes de ello. Recuerdo mi primera sensación nada más bajarme del avión: a mi alrededor pululaban una enorme cantidad de profesionales y voluntarios de diferentes ONG’s, trabajando al máximo por mejorar las condiciones de vida de los haitianos. Los camiones de ayuda humanitaria iban y venían sin parar y los soldados patrullaban las calles para evitar desórdenes y actos vandálicos. No puedo olvidar la imagen de aquel primer día: una mujer prostituyéndose en plena calle y las interminables hileras de tiendas, hechas con sábanas y trapos viejos, bajo las que se cobijaban familias enteras que lo habían perdido todo. Otro recuerdo imborrable es la agobiante sensación de que en aquel lugar del mundo no había aire y todo estaba lleno de polvo y humo. Las aceras habían desaparecido y las montañas de basura impregnaban el ambiente de un hedor insoportable. Pero lo peor, sin duda, es el nivel tan alto de delincuencia que hay en sus calles. En este ambiente de miseria y destrucción absoluta han surgido las mafias y trafican con todo lo que pueden, desde comida y agua hasta mujeres.
Reunir a las familias
Organizar los campamentos, repartir agua y comida, observar las necesidades de la población y localizar a los niños huérfanos y trasladarlos a albergues eran algunas de las labores que realicé durante la semana que estuve en Haití. También me dediqué a intentar reunir a los heridos que habían sido trasladados a hospitales de otros países cercanos, con sus familiares. Sin duda, era muy gratificante cuando lográbamos localizar a la familia de un herido, los reuníamos y se fundían en un inmenso abrazo; pero resultaba desolador descubrir que ningún familiar había sobrevivido. No puedo olvidar el caso de una chica adolescente que quedó sepultada en su casa tras el terremoto y fue evacuada a Santo Domingo. Pasé un día entero buscando a su tía para intentar reunirlas, pero al final no lo logré. Fue muy duro. Los días en aquella tierra que ahora tanto sufre se me pasaron volando. Cada noche, cuando regresaba a la base de ACNUR a descansar, tenía la sensación de que había hecho tan poco... ¡Hay tanta gente que necesita ayuda aquí!

Comentarios

facebooktwitteryoutube

Cursos de formación