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El universo de las hermanas Mascaró

Un paseo por Menorca

La tercera generación de la firma de calzado española, Úrsula y Lina, nos llevan de paseo por Menorca, la isla que les inspira

Texto: MAR MORENO. Fotos: DIEGO LAFUENTE. Estilismo: CRISTINA G. VIVANCO

Úrsula y Lina son completamente distintas. La primera es la creatividad: “Pura intuición, una soñadora”. De la segunda te sorprende su lado racional: “Es la reflexión, el análisis, la cabeza... pero tiene un pedazo de corazón”. Así se definen una a otra las dos hermanas. Y, curiosamente, así reparten sus tareas en la empresa familiar que dirigen: Úrsula lleva el timón del diseño y Lina, la parte comercial.
Ambas han crecido jugando entre aromas a pieles y pegamento. Primero, en el tallercito artesanal donde su abuelo Pedro elaboraba zapatillas de ballet (¿a quién creéis que rinde homenaje la marca PrettyBallerinas?) y, después, en la empresa levantada poco a poco por su padre, Jaime Mascaró, que puso apellido a una de las marcas de calzado más importante de nuestro país.
Lo de viajar al otro lado del mundo compartiendo habitación y visitando ferias con una maleta llena de zapatos ya es historia. Ahora, los escaparates de París, Nueva York, Montecarlo o Taiwan exhiben sus creaciones. Pero, aunque las dos se han formado en el extranjero y vivido en ciudades como Londres o Milán, sólo hay un sitio que refleja con transparencia su universo personal: Menorca, donde nacieron y tienen la fábrica.
“Me encanta la luz de Menorca –confiesa Úrsula–. Es súper naif, casi irreal. Sobre todo después de viajar por el mundo. En Milán o Japón todo es más gris, más neutro. Sin embargo, esta isla está limpia de espíritu. Es como un cuadro pintado por un niño: el campo es verde, el cielo es azul, las casas son blancas... ¡los colores están por todas partes!”.
Las tres generaciones de la familia Mascaró son, como dice Lina, “de tierra adentro”, ya que nacieron en Ferrerías, un pueblecito de interior apenas conocido: “Me encanta la libertad que tienen aquí los niños. Nosotras estábamos todo el día en la calle e íbamos mucho a jugar al campo, a saltar por los charcos y coger cuatro hierbas. Éramos muy libres”, recuerda la diseñadora. Quizá por eso, el olor a romero y manzanilla que percibes en parques como La Albufera, donde Lina suele ir a correr con su chico y Úrsula lleva a sus tres hijos para ver los patos.
Porque, a pesar de que el estrés del día a día no les deja mucho tiempo libre y de que fuera de la fábrica llevan vidas muy distintas, a las dos hermanas les atrae lo mismo de esta hipnótica isla. “Toda Menorca es especial: el paisaje y las playas te enamoran, es tranquila, se come bien... Es la gran desconocida”, dice Lina.
Por eso, a muchos de sus clientes les gusta que los reciban aquí. “Cuando vienen se quedan sorprendidísimos. Algunos dicen que se parece incluso a Suiza, de lo verde que está al comenzar el verano”.

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