Jordi Mollá
El pintor que actúa
Dice que el cine es su esposa y la pintura, su amante.
Texto: Mar Moreno Foto: Paco Navarro
Desde pequeño, su cabeza creaba “mundos maravillosos o terroríficos, a veces”. Pero el niño creció y su imaginación sigue imparable. Director, guionista, escritor, fotógrafo, actor –por supuesto–, Jordi Mollá ha encontrado en la pintura un refugio para su espíritu inquieto y autodidacta. Y aunque la primera ver que expuso sintió el pudor de desnudar su alma, coleccionistas como Miguel Bosé ya tienen en casa sus obras, que oscilan entre los 1.200 y los 5.000 euros. Abstractos, papel y formatos de videoarte que se han paseado por ARCO y muestras como la que la E8 Galería ha recogido en Madrid. De título, Orden.
Los críticos dicen que parece que trasladas al lienzo tus estados de ánimo.
A veces, describir las cosas es un error. Yo, en el arte y en las películas, no persigo la descripción. En mis cuadros hay sensaciones.
¿Desde cuándo pintar es algo serio en tu vida?
Para mí, la pintura es un espacio, un lugar de diversión, o debería serlo. Llevo pintando 15 años, y siempre ha sido un lugar de exploración; no pienso demasiado en el resultado. Realmente veo el cuadro cuando me separo de él.
Es inevitable mirar un cuadro y ver tus emociones, parecen golpes de efecto...
¿Sí? [ríe]... Eso es lo que me interesa: las emociones plasmadas en colores, en composición, en ritmo... Llevo pintando en Los Ángeles tres meses y me hace gracia ver cómo han ido cambiando los cuadros en ese tiempo. Tiene que ver mucho con cómo me he encontrado yo aquí. Empecé muy europeo, luego más americano.
¿Y cómo te sientes ahora?
Más europeo de nuevo, más elegante. La elegancia es una cualidad muy necesaria. Yo tuve un amigo que murió con elegancia y me marcó mucho.
Y a la hora de pintar, ¿quiénes pueden presumir más de esa cualidad: los europeos o los americanos?
Los europeos. Lo americano es caótico y colorido, busca el shock. Y a mí eso me gusta, ¿qué le voy a hacer?
¿Qué te atrae de Estados Unidos?
Su juventud. Su disponibilidad para tantas cosas sin pensarlo. Y mira que el americano es un pueblo aterrorizado... Pero aun así tienen todavía un espíritu muy teenager, como un tío que se va a la discoteca abierto a todo. El español es solar, un tipo que, aunque las cosas vayan mal, confía en que irán bien. Es más
de chiringuitos, más mediterráneo, gracias a Dios.
En tus pinturas recurres a menudo al uso de números y letras. También usas cintas. ¿Tienen algún significado para ti?
¿Sinceramente? Me gustan estéticamente. Son fronteras, delimitaciones... Todo lo que son los fragmentos tiene mucho que ver con la sociedad de hoy. Ahora estoy haciendo como unas ventanas, como si fueran un mar de posibilidades.
Lo de ser un autodidacta debe de ser un orgullo.
Mira, los profesores, a no ser que sean muy buenos, me dan miedo. A mí me han ofrecido dar clases, pero es demasiada responsabilidad... Una vez le preguntaron a Francis Bacon si era autodidacta y dijo: “Sí, gracias a Dios”. Una escuela le hubiera frenado.
¿De quién has aprendido tú?
Mi campo de inspiración es todo lo que me pasa en la vida. Cuando era jovencillo, me distraía con todo, pero desde que decidí ser actor, el acelerador no ha parado. Y es superintenso. Recuerdo que un profesor me dijo que tenía buena escucha. Aunque a veces no me gustaría escucharme ni a mí mismo.
¿Te queda algún hobby por explorar?
La música... Para mí, explorar es una necesidad.
He tenido muchas cosas en contra para expresarme, pero entiendo que, por una extraña razón, la gente debe de pensar que para mí es más fácil. Una vez escuché a alguien en un laboratorio fotográfico que decía: “Aquí está el intruso”. Bueno, me sonreí. Me duele porque soy una persona sensible, pero de eso también aprendes y lo importante es no parar.
A tu edad has conseguido un buen currículum.




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