Las nuevas españolas
Asha Miró: los ojos de India
Su origen es de lo más diverso y sus rasgos evocan lugares lejanos, pero hay algo que nos une a estas siete extraordinarias mujeres: una misma nacionalidad
Texto: GABRIELA MENÉNDEZ. Estilismo: SOL DELGADO
Asha Miró
42 años, maestra. Nació en la India.
Es toda luz, energía y sonrisas. Un espíritu inquieto que conquista corazones y mentes allá donde va. Nació en un pequeño pueblo de la India llamado Shaha, no muy lejos de la ciudad sagrada de Nasik, a orillas del río Godavari. Vivió los primeros seis años de su vida en un orfanato, entre Nasik y Mumbai, hasta que en 1974 fue adoptada por Josep Miró y Electa Vega y se convirtió en una ciudadana española más. Asha reconoce que tiene dos vidas que se complementan y viven hermanadas en armonía. “Soy india porque para mí la vida no tiene sentido sin ilusión y sin alegría, me encanta mirar a los ojos directamente y dar las gracias por lo afortunada que soy. Además, me maquillo mucho los ojos, como hacen las indias, y siempre llevo una pulsera o algún otro detalle que me recuerde mis orígenes. Y soy española por mi deseo de aprender, por ayudar a los demás y por superarme como persona y como profesional”. Hija adoptada y madre adoptiva de su sobrina nieta, Komal, de 8 años, a la que conoció cuando se reeencontró con su familia biológica en la India, Asha vive en Barcelona, donde se expresa en un catalán perfecto y trabaja en el ayuntamiento, en el ámbito de la cooperación internacional. Desarrolla proyectos para su ONG Las dos caras de la luna, que ayuda a mujeres desprotegidas. “No olvidaré que, cuando llegué en el año 74, apenas se veía a personas de color por las calles, y mi presencia chocaba mucho. Además, el tema de la adopción estaba muy mal considerado por entonces. Menos mal que, en los últimos treinta años, la sociedad ha evolucionado mucho y hoy la gente está tan acostumbrada a ver gente de otras razas que en sus miradas no se percibe extrañeza”.
Medio indio, medio español, este es el ambiente que se respira en el hogar de Asha. “En casa nunca faltan ni el incienso, ni las flores. Y cada mañana, para empezar el día en paz, practico meditación en mi jardín zen. En la cocina, me encanta preparar tanto una deliciosa tortilla de patatas como las famosas lentejas indias, llamadas dal. La verdad es que no añoro nada de mis antepasados, porque mi hija me recuerda cada día de dónde vengo”. Entre risas confiesa que en España ha perdido algunas de las virtudes indias. “El ritmo de vida occidental me ha contagiado el ‘lo quiero ya y ahora’ y he dejado escapar la paciencia, ese don tan preciado que nos enseña a valorar que en la vida las cosas se tienen cuando se pueden y no cuando se quieren”.




comentar
imprimir
enviar
