Las nuevas españolas

Concha Buika: la voz de África

Su origen es de lo más diverso y sus rasgos evocan lugares lejanos, pero hay algo que nos une a estas siete extraordinarias mujeres: una misma nacionalidad

Texto: GABRIELA MENÉNDEZ. Estilismo: SOL DELGADO
Concha Buika

Concha Buika
38 años, cantante. Nació en Mallorca. Su familia procede de Guinea Ecuatorial.

Le pusieron Concha por su abuela, sus padres fueron exiliados políticos de Guinea Ecuatorial y se crió en el barrio chino de Palma de Mallorca junto a sus seis hermanos. Su voz sensual y desgarrada ha revolucionado el universo del jazz latino y la copla. Es apasionada y no tiene pelos en la lengua. Asegura que la música es su vida y gracias a ella ha recorrido medio mundo. Por eso Concha se siente de aquí y allá, ciudadana del mundo. En definitiva, una mujer intercultural. “África es la madre de todos mis países y, para no olvidar a mis antepasados, sólo tengo que mirarme al espejo y pensar que, para sobrevivir, no hace falta más que lo que uno se encuentra en el lugar al que va. Y me siento muy española porque adoro la siesta y me encanta que esta tierra eduque en la amistad y el amor y fomente las relaciones profundas entre sus ciudadanos dejando a un lado la nacionalidad”.
De su niñez, que trascurrió en la calle de la Cruz, en Palma de Mallorca, guarda entrañables recuerdos, a pesar de que eran la única familia de negros en todo el barrio y eso chocaba en aquella época de los años 70. “Fui muy feliz en mi infancia, pero también viví momentos incómodos por mi origen, pero como no fueron dañinos, ya están olvidados. Estoy convencida de que esas miradas de sorpresa ante una persona de otro color son producto de la falta de educación y cultura. Por eso no creo que exista el choque cultural. Es una cuestión de vernos como iguales, seamos de Madrid, Estambul o Pekín”.
Aunque nunca ha pisado la tierra de sus padres, confiesa que no ha perdido la relación con sus familiares de allá y que su parte guineana está muy presente en su día a día: “Mi casa huele a África y a España, a ajo y a pantap (un plato típico guineano que se hace con bacalao y plátano macho). Dos culturas muy diferentes que se complementan y se respetan, de las que he aprendido todo lo que soy. Una princesa africana y una mujer que pisa fuerte en territorio libre”.
Habla mallorquín, inglés y castellano, siempre tuvo clara su vocación de artista, hasta el punto que dejó los estudios. En sus trabajos musicales le gusta cantar al amor, al desengaño y al olvido, como si de una coplera se tratara. Concha camina por la vida sin ataduras y sin rumbo fijo, porque sufre el síndrome de la universalidad. “Hoy estoy en Madrid, pero mañana no sé donde me encontraré. Éste es mi presente, pero no quiero saber mi futuro: no quiero cerrarme las puertas a nada”, nos cuenta. “Esta reflexión es muy africana. Sólo deseo seguir emocionando con mi arte, disfrutar de mis ratitos de felicidad al lado de los míos y vivir en mundo sin fronteras raciales”.

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