Las nuevas españolas
Najat el Hachmi: cómo una más
Su origen es de lo más diverso y sus rasgos evocan lugares lejanos, pero hay algo que nos une a estas siete extraordinarias mujeres: una misma nacionalidad
Texto: GABRIELA MENÉNDEZ. Estilismo: SOL DELGADO
Najat el Hachmi
30 años, escritora. Nació en Marruecos y llegó a España con ocho años. Ganó el Premio Ramón Llull 2008 con la novela L’últim patriarca.
Su novela El último patriarca, ganadora del Premio Ramón Llul 2008, es un ajuste de cuentas entre las nuevas generaciones de inmigrantes, ya adaptados a un entorno nuevo, y la generación anterior, aquélla que sigue pensando en su tierra. Una historia que conoce muy bien esta cercana y amable mujer de letras.
Nació en Nador, Marruecos, y con ocho años se trasladó con su familia a Vic; hoy vive en Granollers. Un cambio radical de vida que experimentó en plena niñez: “Fue en Cataluña donde aprendí a escribir y leer y donde supe lo que era un televisor. Estudié en una escuela de barrio que me acogió como una alumna más, no como una niña marroquí. Aquella etapa la viví con mucha ilusión y muchas ganas por aprender todo lo nuevo. Lo difícil vendría después, cuando sufrí una crisis de identidad, porque me faltó un apoyo que me explicara que lo que yo estaba viviendo no era un choque de culturas, sino un desencuentro. Y es que, en ocasiones, te sientes obligada a definirte con una etiqueta u otra y la mayoría de las veces no te representan. La realidad de cada individuo es mucho más compleja de lo que parece”.
Amante del pan tumaca catalán y del té marroquí, Najat reconoce que, ya de adulta, ha tenido que hacer frente a alguna que otra dificultad por su origen. “Más de una vez me han seleccionado para ‘trabajos propios de inmigrantes’, como se decía antes, como el sector de la limpieza. Pero eran hechos tan sutiles que no me podía creer que me estuvieran discriminado por haber nacido en Nador y no en Barcelona”.
Su sinceridad abruma cuando asegura que “con el paso de los años me he dado cuenta de que cada vez me siento más alejada de mis orígenes y que, cuando visito a mis familiares en Marruecos, la experiencia casi siempre me deja un sabor agridulce”. Siente fascinación por Lorca y Antonio Machado, pero no olvida su origen: “A mi hijo le enseño de dónde venimos y cuáles son nuestras raíces, pero vivir con dos realidades es muy complicado. Procuro que se desenvuelva con espíritu crítico y que comprenda que vivimos rodeados de diferentes culturas”. Antes de despedirse, Najat lanza un último mensaje: “La integración no depende sólo del que llega de fuera, también es la propia sociedad la que debe querer ofrecer las mismas oportunidades que al resto de ciudadanos”.




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