Melinda Gates
Es la mujer de Bill Gates, el segundo hombre más rico del mundo, y podría dedicarse a vivir de su fortuna. En vez de eso, dirige la Fundación Gates, la sociedad filantrópica más importante del planeta, que dona miles de millones de dólares para mejorar la salud de los más pobres.
Texto: Constanza Belda
Todo empezó por casualidad, como comienzan las grandes historias de la vida. La madre de Bill Gates le dijo en su despedida de soltera: “De aquellos que han recibido mucho, mucho se espera”.
Este mensaje caló en Melinda y, poco después, leyó una noticia que anunciaba: “Millones de niños mueren de diarrea cada año”. Ella pensó: “Esto es un error, es imposible”, así que, al comprobar que este dato era certero, decidió crear su propia sociedad benéfica: “Fundamos esta sociedad con la premisa de que todas las vidas se crean en igualdad. Si un niño americano tiene que vacunarse de la rubeola, polio, malaria... debería ser lo mismo para un pequeño de Zambia. No es normal que todos los grandes inventos beneficien sólo a las personas más ricas, sino que deberían ayudar a todos. La Fundación Gates aprovecha la riqueza que tuvimos la suerte de conseguir y la redistribuye en la sociedad para que tenga el máximo impacto, en especial para los 2.000 millones de personas más pobres del planeta”.
Su trabajo no es superficial, ni una mera fachada; es el empleo de Melinda, una mujer de 45 años, madre de tres hijos de 13, 10 y 7 años que ha sacrificado privacidad, seguridad y normalidad para entregarse por completo a sus esfuerzos humanitarios. Algo que también ha hecho su marido, Bill, quien ahora dedica la mayor parte de su tiempo a la filantropía, delegando sus responsabilidades en su gran empresa, Microsoft.




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