Pilar Bardem

'Yo fui modelo de Balenciaga y de Pertegaz, de Loewe... aunque jamás pensé en desfilar ni me interesaba un pijo la moda. Pero a mí, en la vida, se me presenta un tren... ¡y me subo! Si yo iba para monja, ¡lo juro! Me hice maniquí para ver a mi novio, que estaba haciendo la mili en Valladolid'.

Texto: Mar Moreno. Fotos: Angélica Heras

"Me fascinan las personas "
Nunca le ha importado el qué dirán. Por eso defiende a mujeres como la duquesa de Alba, que está saliendo con un señor más joven: “¿Qué problema hay? Ella está como una rosa, con una carita de enamorada... y no la dejan en paz. Pero será feliz, porque yo la conozco desde jovencita y siempre se ha puesto la vida por montera [ríe]...”.
En La vida empieza hoy, Juanita afirma que le gustan las mujeres con poder. “A mí no me fascinan las mujeres ni los hombres, me fascinan las personas –apunta ella–. Me gusta la gente con poder en el sentido de que ponen su granito de arena al servicio de los demás”. Aunque sí está de acuerdo en que los hombres han cambiado: “Lo de tener una santa mujer en casa se ha acabado. Ellos han visto que perdían el tren y han tenido que descubrir su propia ternura, entender que llorar y ser sensibles no es de maricones. Sin duda, cuando una pareja comparte sentimientos hay una unión mucho más grande”.
“Estoy rodeada de amor”
Y, aunque no tiene pareja, la soledad no le da miedo: “Yo me he preparado durante muchos años para el nido vacío y todo eso. La soledad no existe cuando no es soledad de amor. Y yo estoy rodeada de amor. A veces, incluso me encuentro excesivamente bien sola. Y eso es una trampa, porque dejas de salir y de verte con amigos”.
Cada mañana, cuando se despierta, pone primero en el suelo el pie derecho y reza. “Después espero el día con alegría e intento disfrutar de las pequeñas cosas. No me cabreo a la primera de cambio, aunque hay muchos motivos para conseguirlo”.
Porque, aunque siempre dice lo que piensa, no es de las que dan consejos: “Sólamente doy opiniones si me las piden, pero consejos, jamás. Ni a mis hijos. Mi principio para educarlos ha sido que libertad es igual a responsabilidad. A veces es un error, porque les das más responsabilidad de la que pueden asumir... Pero una vez que les enseñas las normas básicas de que para cruzar el semáforo debe estar en verde, no en rojo, y que con el ámbar hay que tener cuidado... tienes que dejarlos cruzar solos. Cada uno tiene que aprender de sí mismo, equivocarse, celebrarlo. Así he aprendido yo”.

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