¿Por qué ayudamos?
Son dos profesionales de la solidaridad. Ana Sendagorta es oftalmóloga y compagina su consulta con un hospital pediátrico en Kenya. Ana Requesens fundó hace ocho años una ONG que ayuda a reinsertarse a mujeres excluidas.
Texto: Virginia Madrid. Fotos: Angélica Heras. Estilismo. Mayte de la Iglesia. Agradecimientos: Hotel Abalú.
El día después de que Cáritas hiciera público su informe 2010 y nos enterásemos de que la pobreza sigue afectando a uno de cada cinco hogares españoles y que, de ellos, un 4% vive en la indigencia, nos reunimos con ellas en un hotel de Madrid para hablar de solidaridad. También supimos que, de entre los sectores de población más vulnerables de nuestro país, los niños seguían a la cabeza junto con los ancianos y que hay un colectivo nuevo con mucho peligro: las familias monoparentales, o sea, madres con hijos que se encuentran imposibilitadas para mantenerlos solas. En este contexto desalentador, la buena noticia está en que la sociedad española es cada vez más solidaria. Se calcula que más de dos millones de personas apoyan
de alguna forma a una ONG y estas cifras están aumentando durante la crisis económica que atravesamos.
¿Qué os aporta participar en proyectos solidarios?
Ana Sendagorta:
Antes de involucrarme en la aventura de la solidaridad, mi vida era muy feliz. Soy madre de familia numerosa y, además, vivo con pasión mi profesión de oftalmóloga. Pero desde que he podido experimentar lo que es entregar parte de mi tiempo a los demás y ver que esa ayuda llega y transforma vidas, me he enriquecido personalmente y siento que mi vida es más plena. Tiene mucho más sentido.
Ana Requesens:
Sin duda, personalmente me ha aportado el concepto de ‘misión’. Es decir, tener presente que mi vida tiene una trascendencia y un sentido con y para los demás. Para mí, es muy importante participar en estos proyectos
de forma personal, pero también transmitirlo a la sociedad, por el efecto multiplicador que ello tiene.
Ana Sendagorta
: Cuando uno no está involucrado en un proyecto de solidaridad, sólo tenemos presentes conceptos teóricos como ‘justicia social’ o ‘dignidad del ser humano’. Sin embargo, la clave la descubres cuando participas activamente.
Entonces te das cuenta de que somos eslabones de una larga cadena, pero que todos unidos implantamos poco a poco esas condiciones para lograr que el mundo sea mejor, para que se respete a las mujeres, para que todos los niños puedan ir a la escuela. Es nuestra humilde ayuda, pero unida a la de muchos, lo que hace que el mundo mejore y sea más justo con los que menos tienen.
Ana Requesens:
Fíjate Ana, estamos en el Año Europeo de la Lucha contra la Pobreza y, según los Objetivos del Milenio, para 2015 tendría que estar erradicada la pobreza en el mundo; sin embargo, la tendencia es completamente diferente. En España, un 20% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y, si se trata de población infantil, la cifra alcanza el 24%. La Madre Teresa decía: “No podemos arreglar todos los males del mundo con nuestras manos, pero ante los males del mundo tenemos nuestras manos”. Todos podemos ayudar en nuestro entorno más próximo, como el barrio o la ciudad donde vivimos. Pero también hay datos positivos: hoy hay más sensibilidad ante las causas sociales y solidarias de lo que creemos.
Ana Sendagorta
: Exacto. Hoy estamos viviendo un interés por ayudar a los que están a nuestro alrededor mucho mayor que antes. También se puede echar una mano a los que están lejos de nosotros a través de proyectos solidarios y de las ONG’s. Nosotras hemos tenido la oportunidad de ver y comprobar en el terreno que la solidaridad llega, es eficaz y, sobre todo, transforma vidas.
Ana Requesens:
Lo esencial de participar en estas causas solidarias es que uno recibe mucho más de lo que da. La sensación de plenitud y satisfacción es inmensa. Queda mucho por hacer.
Sin embargo, en la aventura solidaria, también hay muchos sinsabores. ¿Cuáles?
Ana Requesens:
Lo peor es lo mucho que queda por hacer y a veces la sensación de impotencia.
Ana Sendagorta:
Sin embargo, para mí lo más duro son las trabas administrativas o de financiación que encuentro para llevar a cabo los proyectos. Quizás porque soy más una mujer de acción, soy médico y quiero llegar y empezar a cambiar las cosas.
Ana Requesens:
Claro, pero mi experiencia en el campo de la exclusión social es diferente. Te pongo un ejemplo. Nosotros trabajamos con mujeres en talleres de autoestima, para que recobren la confianza en sí mismas y salgan adelante. En más de una ocasión, hemos visto cómo esas personas vuelven a caer en problemas de dependencia,
de maltrato o en alguna adicción. Por eso lo que importa es la acción, aunque el resultado sea una gota en el océano.
Ana Sendagorta:
Pero no es tangible, porque nuestro lenguaje es el del amor, ya sea trabajando por garantizar la sanidad básica a niños o con mujeres maltratadas. En el fondo, el mensaje que estamos transmitiendo es: “Te ayudo, porque eres un ser humano como yo”. Por eso yo no soy tan pesimista; se trata de hacer el bien donde puedas, con pasión y sabiendo que eso cae y deja un poso, a pesar de que no sea cuantificable ni rentable.




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