Emilio Calatayud
“Hemos olvidado ejercer de padres"
Conoce las particulares ‘sentencias educativas’, de este juez de menores
Fotos: Alejandro Cabrera
¿La marginalidad es la base de la delincuencia?
No siempre. El niño maltratador de sus padres normalmente es de clase media. Y el de delitos informáticos. Chavales inteligentes y de muy buena formación, con medios económicos... Y luego tenemos un problema: en 1988, el 7% de los delincuentes eran niñas ¡y ahora estamos en el 20-25%! Hay un problema serio de valores dentro de la familia y eso hay que solucionarlo.
De los casos que ves al mes, ¿cuántos son realmente delincuentes? ¿Y cuántos de ellos recuperables?
Delincuentes, sólo un 15%. Recuperables, el 50%.
¿Y qué pasa con los irrecuperables?
Por desgracia, son carne de cañón, ya sea por el entorno familiar o porque están muy deteriorados. Con el chaval que empieza a tener una trayectoria delictiva podemos hacer dos cosas: exigirle, formarle, ayudarle... o bien esperar a que cumpla 18 años y enviarlo a prisión. Entonces lo conviertes en un delincuente. Pero podemos obtener beneficios si intervenimos pronto y de forma adecuada. A veces, de modo muy contundente.
Sí, porque hay casos de delincuencia juvenil muy graves.
Lo que pasa es que han surgido muchos problemas nuevos. Tenemos muchos enfermos mentales, chicos que se están volviendo locos por el inicio de mezcla de sustancias a temprana edad. Y de aquí a unos años vamos a tener mucho trastornado. Quizá si se interviene con buenos profesionales podemos enderezarlo...
¿Pero disponemos de medios para intentarlo?
Sí, pero muchas veces falta coordinación y más implicación personal. Pero, para eso, hay que motivar a los profesionales y pagarles bien. No se puede ser hipócrita...
Hay muchos chicos a los que les condenas a leer y escribir.
La sentencia que más estoy dictando ahora es condenar a sacar el graduado escolar y a hacer la secundaria obligatoria. Y sorprende, pero la noticia no es la sentencia, sino que un niño en el siglo XXI no sepa leer y escribir ¡con 14 años! ¿Qué ha pasado para que suceda eso? Ha fracasado todo. Hay que buscar alternativas al sistema educativo. Yo me acuerdo de que, cuando me casé, tuve que ir a un curso prematrimonial o el cura no me daba las bendiciones. Y yo digo: ¿por qué no obligan a los padres de todos niños que vayan a ser inscritos en el registro a pasar por una escuela de padres? Si luchamos contra los problemas familiares y el fracaso escolar, reduciremos prácticamente el 80% de la delincuencia de menores. ¡Y eso es muchísimo!
¿Y qué pasa con los menores que cometen delitos clarísimos, como en el caso del asesinato de Sandra Palo [la chica discapacitada que fue violada y quemada por cuatro jóvenes]?
Ése es un delito gravísimo para un crío de 14 años. Hay que investigar el caso: ver qué historia tiene, por quién ha sido educado, cómo ha vivido... Y tener en cuenta que, normalmente, no actúan solos, lo que suma una mezcla de personalidades. En este homicidio, el chaval se juntó con un joven de 17 años y otro de 18. Eso te demuestra la importancia que tienen las amistades.
Y la toma de sustancias...
Por supuesto. Yo, por ejemplo, de los 30 asesinatos que llevo juzgados, siete han sido chavales que no tenían ni la consideración de delincuentes, pero iban pasados de sustancias. Un crío fue capaz de pegarle diez tiros a dos chicas y rajarle el cuello a una de ellas para quitarle una cadena de oro.
¿Y ese joven es recuperable?
Ana, yo a ese chaval lo condené a 12 años. Actualmente está en prisión en tercer grado y me ha pedido que lo vuelva a encerrar en un centro de menores porque, con la crisis económica, lo han despedido de su trabajo y le da miedo volver al paro. Yo estoy convencido de que, si encuentra trabajo y sigue con su mujer, no va a cometer más hechos delictivos. Tengo otro chaval que, después de cumplir su condena por homicidio, es padre de tres hijos y capataz de una empresa con muchos empleados a su cargo.



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