Simeón de Bulgaria
“No acepto que digan que la monarquía está anticuada”
A los seis años heredó el trono de su padre, el rey Boris III de Bulgaria. Tras vivir 50 años exiliado en España, regresó y fue elegido presidente de la República. Hoy sigue trabajando para su país, aunque ha dejado a su familia en Madrid
Fotos: Alejandro Cabrera
Nos recibió en su residencia familiar de Madrid. La misma que abandonó hace siete años para regresar a Bulgaria, su país, después de permanecer exiliado en España durante medio siglo. Allí renunció a su título de Rey para poder presentarse a unas elecciones y luchar por la libertad de sus compatriotas. Y las ganó, convirtiéndose en presidente de la República de Bulgaria. Actualmente, Simeón Sajonia-Coburgo, líder de uno de los tres partidos que gobiernan en coalición, sólo visita Madrid un par de veces al año para ver a su familia, ya que nuestro país sigue siendo el lazo de unión con sus cinco hijos y once nietos. Atento y buen conversador, compartió con nosotros algunas de sus vivencias, que son, sin duda, una parte importante de la historia.
Vamos a empezar por el final, porque creo que a todo el mundo le sorprende que usted sea el primer rey que se presentó a unas elecciones y que, además, las ganó y logró ser presidente de una República. ¿Tardó mucho en tomar esta decisión?
Si se mira así... Lo que pasa es que, cuando empezaron a cambiar las cosas en Bulgaria, había voces que me animaban a ir enseguida y otras a que esperara. Mi hermana, la primera en volver, fue muy bien recibida. Poco después le tocó a mi madre, que visitó el país en el 50º aniversario de la muerte de mi padre, y también la acogieron con mucho cariño. Así que yo decidí ir: quería observar el ambiente, sin forzar ni apresurar la situación. En Bulgaria, después de tanto tiempo con un sistema totalitario (que no tiene nada que ver con las dictaduras de Occidente), me parecía hasta poco ético aparecer y decir: “Señores, aquí estoy. Soy el mejor”. Quería que la gente se decantase. Eso es la democracia. Y en el 96 volví: 50 años menos tres meses de exilio.
¿Cómo vivió el proceso de regreso?
Fue impresionante. Estuve yendo unos años y en 2001, al ver cómo se perfilaban las cosas, decidimos crear un partido. Francamente, jamás pensé en ser primer ministro. Nunca he sido funcionario de Estado; vengo del sector privado. Pero la victoria fue tal, que hubo que recurrir al dicho de “a lo hecho, pecho”. Habría sido feo decir: “Señores, pongo a este señor y yo me quedo en la trastienda”.
Con todo lo que ha vivido, la paciencia será una de sus virtudes.
Según como lo vea cada uno. Exaspero a veces; para otros es paciencia. Yo creo muchísimo en el tiempo.
El exilio debe ser una experiencia terrible de desarraigo.
Sí, pero se aprende mucho.



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