Simeón de Bulgaria
"Los cuatro años de primer ministro han sido difíciles"
Fotos: Alejandro Cabrera
Los años que tardó en decidir si regresaba definitivamente se le harían eternos...
Sobre todo porque había mucha gente que insistía en que iba a perder el tren de la historia, que había que actuar rápido... Pero a mí me gusta mucho analizar todos los datos, reflexionar. Soy lento, es un defecto.
¿De quién partió la idea de que se presentara a unas elecciones?
De mucha gente. Fue la coyuntura política.
¿Y no existió la propuesta de algunos asesores de regresar a su país como rey, con una monarquía parlamentaria como la española?
Bueno, estuve mucho tiempo pensando en cómo hacerlo. En aquel momento, y con dos generaciones nuevas que habían oído horrores o nada sobre mi familia, era irrealista volver a una monarquía. El país empezaba a funcionar con una república parlamentaria democrática. Son los tiempos, las circunstancias, y cada régimen tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Lo que no acepto es que digan majaderías como que la monarquía está anticuada. La república, la dictadura y la monarquía son igual de viejas, simplemente que hay momentos en los que se aplican o no.
Hoy muchas personas no están de acuerdo con que la sucesión sea por línea dinástica.
Pero ahora que se habla tanto de la especialización profesional, la monarquía ofrece una mejor alternativa, ya que la persona que va a asumir ese cargo se prepara mucho más que cualquier presidente, por muy inteligente que sea.
Pero las monarquías, sobre todo las europeas, están cambiando. Por ejemplo, los matrimonios no son con personas que están especializadas...
La línea sucesoria sí. Desde que nacen, se entrenan.
O sea, que un rey o una reina tienen que nacer, serlo desde pequeños.
Es el principio de la monarquía. Al heredero, desde que nace, se le prepara. En ese sentido, tiene y tendrá vigencia porque es una teoría lógica. Casos de presidentes no demasiado dotados también los hay, pero la gente de alrededor puede compensar las carencias de alguna manera. Una monarquía parlamentaria constitucional es, en numerosos casos, mucho más democrática que una república presidencialista o de otro tipo, como las hay.
¿Qué es más difícil, ser rey o ser primer ministro?
Yo he sido rey en espíritu, toda mi vida he hecho lo que pensaba que debía hacer. Supongo que un rey en activo pasa muchas dificultades. Ahora, para mí, los cuatro años de primer ministro han sido, sin duda, más difíciles que cualquier cosa imaginable: por las exigencias, por los prejuicios de la gente, por sacar a los ciudadanos de un régimen totalitario, por la falta de iniciativa y responsabilidad... En el fondo, yo no le caía bien a mucha gente y me quito el sombrero ante el electorado, porque a pesar de todo lo que se vertió sobre mí y mi familia ganamos unas elecciones y me eligieron primer ministro... chapeau!
Ha tenido que ser emocionante, porque es un hecho histórico fascinante ver la evolución de su país.
Sí. Ser el motor de alguna de estas reformas ha sido y es un desafío. Durante los años que fui presidente, mis hijos bromeaban y me decían que debía haberme pasado con mis oraciones y que nuestro Señor me había compensado demasiado encargándome un puesto tan difícil [ríe].



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