Simeón de Bulgaria
"50 años para crear esta familia y, de repente, me marché y lo dejé todo"
Fotos: Alejandro Cabrera
Sigue viviendo en Sofía...
Sí, echo de menos a mis amigos españoles, Madrid... Pero hacía falta un partido liberal de centro como el mío, creí en el espíritu de la coalición, y ahora gobernamos con otros dos partidos y tenemos cinco ministros de mi partido en el Gobierno. De no haber sido por esta coalición no habríamos podido entrar en la UE en 2007.
Su mujer pasa temporadas con usted en su país.
Sí, ella va y viene. Al principio fue una situación difícil: 50 años para crear esta familia y, de repente, me marché y lo dejé todo. Ella tuvo que ocuparse de mis hijos, los nietos... Mientras, en Sofía, yo me levantaba a las 6 y volvía muerto a las 9 de la noche, con una cartera para trabajar hasta tarde. Era tan duro que no tenía tiempo ni de hablar, porque tenía tanto que aprender...
Aunque a otro ritmo, ¿se sigue sintiendo solo?
Un poco sí. Aunque tengo tantas relaciones y encuentros con gente que viene a verme... Ya estoy harto porque, con 70 años, después de la edad de la jubilación, me explotan [ríe]. El resto de mi vida me gustaría disfrutar de mis nietos, tener tiempo para leer y seguir con mis aficiones, como, por ejemplo, la Teología...
Tener muchos proyectos es maravilloso. Rejuvenece.
Sí, hasta que te da un infarto. Pero la ilusión está ahí [ríe].
Pero usted no cumple ninguno de los factores de riesgo para tener un infarto: es paciente, está delgado, no debe de fumar... ¡y tiene un hijo médico!
Sí, fumar sí fumo. Poco, pero me entretiene. Y a veces, verdaderamente, me quita las ganas de estallar.
Si el rey Juan Carlos I se hubiera presentado a las elecciones, ¿cree que habría ganado?
No tengo el tiempo suficiente para estudiar el tema de cerca, pero con los méritos y lo que ha conseguido durante estos 30 años, mucha gente le votaría, no con una mano, sino con las dos. Ésa es mi opinión personal.
¿Qué camino le gustaría que siguiera Bulgaria?
Mi sueño es que experimente, poco a poco, un proceso como el de Irlanda o Portugal, por el tamaño de país y el progreso y el éxito que han vivido después de entrar en la UE. Francamente, en Bulgaria la gente está muy preparada. Es un mérito del régimen comunista, que hacía hincapié en la educación. Hay muchos jóvenes muy bien cualificados, mucha confianza en el futuro, porque nadie nace competente para privatizar y convertir un régimen totalitario en un sistema de economía de mercado. Ahora, una vez en la UE, tenemos que ajustar los parámetros. Pero cuando por ejemplo al viajar me pongo en la cola de ‘Comunitarios’ para mostrar mi pasaporte y no en la de ‘Otros’, me siento..., no sé cómo decirlo, otra persona [ríe].



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