Carmen Cafranga y Almudena Martorell: La saga continúa

La Fundación Pardo-Valcarce lleva 63 años luchando por los derechos de los más desfavorecidos. Al frente, varias generaciones de mujeres que han demostrado que el trabajo de un discapacitado puede ser 100% diseño.

Texto: Constanza Belda. Fotos: Gema Checa.

Son madre e hija y todo un ejemplo de cómo transmitir valores solidarios de generación en generación. Carmen Cafranga y Almudena Martorell son presidenta y directora respectivamente de la Fundación Pardo-Valcarce, que desde 1948 lucha en favor de las personas con discapacidad.
La bisabuela de Almudena montó una leprosería para ayudar a los enfermos y a sus familias y en 1987 su abuela y su madre decidieron renovar este compromiso para favorecer a los discapacitados, una labor que está reconocida por Naciones Unidas, que en el año 2008 la incluyó en su Business Guide, una relación de sus 85 ONG de mayor confianza.
Una dedicación para y por los demás
En la actualidad cuentan en el norte de Madrid con un colegio de educación especial (200 alumnos), un centro de día (20 asistentes), una oficina de empleo propia (100 trabajadores), una vivienda tutelada, una finca para eventos, un club deportivo (140 federados) que es interno y externo, un centro de investigación en discapacidad y tres centros especiales de empleo que, entre otros trabajos, desarrollan labores de carpintería, pintura industrial y fabricación de muebles, pintura decorativa, centros de flores, jardinería, viveros, huertos urbanos y mantenimiento de jardines.

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