Álex Rovira
“Ser feliz, en el fondo, es un ejercicio de coraje”
Este profesor universitario, casado y padre de tres hijos, cambió la Economía por la Psicología y se convirtió en escritor de libros de divulgación para el desarrollo personal. Tras el éxito internacional de las anteriores, con su nueva obra quiere ayudarnos a encontrar la felicidad. Y seguro que lo consigue...
Texto: Cristina de Alzaga; Fotos: Óscar Rodbag
Qué tiene la felicidad que todo el mundo la persigue?
Todos la buscamos porque nos hace tomar consciencia de lo que tenemos. A veces no nos damos cuenta del valor de las cosas hasta que las perdemos. Tomar consciencia de la salud, de la presencia del ser amado y de su compañía, de tener el privilegio de trabajar en algo que te gusta... y disfrutar de lo que tienes, sin más ambición. Para mí, las palabras consciencia, amor y felicidad van juntas. Porque quien conoce, ama; y quien ama, es feliz. Quien ama quiere conocer y quien ama y conoce es feliz. Y quien es feliz quiere conocer y necesita amar.
¿Entonces no se puede ser completamente feliz si estás solo?
Creo que es muy difícil, salvo que esa soledad forme parte de los momentos de retirada voluntaria para pensar y vivir la tranquilidad y la plenitud de saberse completo uno mismo. Pero el que se retira para siempre, por miedo o porque le molesta el otro, puede vivir contenido, sin aparentes problemas, pero la construcción de la felicidad pasa por la construcción del vínculo con el otro. En épocas de mucho trabajo, cuando estás cansado o de mal humor, te sientas con tu pareja a tomar un café y, en ese instante, encuentras la felicidad. El escritor Pearl S. Buck dijo: “Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad”.
Albert Camus aseguraba que “la propia lucha para alcanzar la cima basta para llegar al corazón de un hombre. Sísifo debió de ser feliz”.
Sí. Absolutamente. La felicidad es un territorio muy ambiguo. Merece la pena poner ese empeño e ilusión en, como Sísifo, mover la piedra hacia la cumbre. Volverá a caer, por supuesto, pero a lo mejor nuestros hijos están mirándonos desde abajo y saben que lo que estamos haciendo merece la pena. Y eso se consigue entregándote a una causa mayor, a algo que dé sentido a tu vida.



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