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Álex Rovira

“Ser feliz, en el fondo, es un ejercicio de coraje”

Este profesor universitario, casado y padre de tres hijos, cambió la Economía por la Psicología y se convirtió en escritor de libros de divulgación para el desarrollo personal. Tras el éxito internacional de las anteriores, con su nueva obra quiere ayudarnos a encontrar la felicidad. Y seguro que lo consigue...

Texto: Cristina de Alzaga; Fotos: Óscar Rodbag
Alex Rovira

Muchas investigaciones dicen que la felicidad depende de nuestras emociones y de cómo las gestionamos.
Sobre todo de nuestras aptitudes. Según el neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl, tú puedes ser feliz en un campo de concentración: “Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad –aunque sólo sea momentáneamente– si contempla al ser querido”, asegura cuando relata su dramática experiencia en el campo de concentración de Auschwitz.
Juan Arias, en su libro La felicidad invisible, se pregunta si la felicidad se ha convertido en una obligación, en una satisfacción inmediata, que es la que venden los anuncios de la tele.
Exactamente. Estoy totalmente de acuerdo con él. Placer no es felicidad. Hay que diferenciar las experiencias intensas de las profundas. Llevar un coche a gran velocidad, las drogas, el sexo, todo eso puede ser intenso. Pero lo intenso no nos hace felices. Un petardo es intenso, pero no es profundo. Un “te quiero” del ser amado sí es profundo.
Por eso Arias reivindica el desarrollo de la espiritualidad como el verdadero camino hacia la felicidad.
Hay un concepto que yo llamo la elegancia espiritual, que no está necesariamente vinculado con la religión, y que tienen aquellas personas que saben escuchar, que saben agradecer, que son desprendidas, que saben sonreír, que se entregan al otro y pretenden ayudarle en su vida... Ése es un ser elegante espiritualmente. De hecho, la espiritualidad está en la manera de vivir la vida, de pensar y de dejar un legado.
Hay estudios científicos que aseguran que hacer el bien es la clave.
Creo que hay dos dimensiones muy importantes. Una es la compasión, la entrega al otro; la otra es la contribución. Quien es compasivo es feliz. La entrega, la contribución... Más allá de lo que yo hago para vivir mi vida, contribuyo a mi comunidad. De hecho, lo que yo creo que le da sentido a tu vida es entregarte al otro, porque al final así consigues olvidarte de tus problemas.

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