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Maribel Verdu

Maribel Verdú

En ‘Los Girasoles ciegos’ es Elena, una mujer que irradia vida y que lucha por sacar adelante a su familia mordida por la guerra. Prepara el pañuelo, te va a hacer llorar.

Como una reina Midas: convierte en oro lo que toca. Ha rodado con Coppola y regresa al teatro. En Los girasoles ciegos, (basada en la obra de Alberto Méndez), da vida a Elena, una mujer baqueteada por la guerra civil; su marido, oculto tras un armario, lucha para esquivar la violencia franquista. José Luis Cuerda (La lengua de las mariposas) dirige el último guión del fallecido Rafael Azcona.
¿Es difícil meterse en la piel de una mujer tan vital y acorralada?
Con un guión tan bien escrito sólo tienes que decir las líneas con verdad, creyéndolas. Todo fluye. Ha sido un lujo.
Teníais buena materia prima...
Los Girasoles Ciegos es un libro que hay que leer. Me lo regaló mi cuñado Luis Merlo en 2005 y, desde entonces, lo compro a todo el mundo.
Y la peli, ¿por qué hay que verla?
Es una historia de amores imposibles, desgarradora, que te tiene con el alma en vilo. Quien quiera ver algo conmovedor no puede dejarla pasar.
Creo que a Coppola le conociste en 2007, en la alfombra de los Oscar, cuando El Laberinto del fauno optaba a seis estatuillas.
Se me acercó y me dio la enhorabuena por mi trabajo. Pensé que se había equivocado y se lo dije. Pero me conocía. Para mí, fue mi Oscar particular.
Acabas de volver de Buenos Aires, tras rodar con él una saga sobre inmigrantes, Tetro. ¿Cómo ha sido?
Si me llaman Coppola o Cuerda, tiemblo. Porque me enfrento a cada trabajo con miedo, no quiero decepcionar. Pero empiezo los ensayos y estoy como en casa. Éste ha sido una delicia.
¿Supone Tetro el comienzo de tu aventura en Hollywood?
No, porque no tengo ningún interés. Sólo quiero rodar buenos guiones. Para cualquier otra cosa no tengo ambición.
Desde Y tú mama también, sí has rodado con frecuencia en México.
Me da mucha suerte, y los mexicanos dicen que es recíproco. El mercado que más me interesa es el iberoamericano.
En octubre vuelves al teatro junto a Aitana Sánchez-Gijón. Estrenáis Un dios salvaje, de Yasmina Reza...
Desde Por amor al arte no había encontrado un texto tan potente. En Argentina me han hecho mil propuestas pero esta obra es lo que más ilusión me puede hacer.
¿Un truco para estar tan feliz?
Es una manera de ser, no hay truco. Odio a quienes se quejan todo el rato.

 

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