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David Trueba

David Trueba

Saber perder’, su última novela, retrata a cuatro antihéroes cotidianos.
Analizó con pasión de entomólogo a la alocada familia Belitre en Abierto toda la noche y dibujó un retrato agridulce de la amistad en Cuatro amigos. En Saber perder (Anagrama, 19 €), David Trueba, escritor, director y guionista, engrana historias cotidianas sobre el amor, el éxito y la infelicidad.
Una adolescente se enamora, su padre trata de sobreponerse tras un asesinato y el abuelo no sabe cómo reaccionar al cáncer de su mujer... Son personajes cercanos. ¿Qué relación mantenías con ellos al escribirlos?
La relación que entablas con los personajes tiene que ser muy parecida a la que quieres crear entre ellos y los lectores. Tratas de robarle cosas a la gente. Muchos sostienen que, en esta labor, el escritor es como Dios. Yo más bien creo que nos parecemos a Víctor Frankenstein.
¿De dónde salió esta novela?
Tenía ganas de hablar de gente que nos cruzamos por la calle. Creemos conocerlos, pero no sabemos nada de ellos.
Y tú, ¿sabes perder?
Como todos. Aprendo a fuerza de golpes.
La familia es un ingrediente importante en tu libro, ¿cómo la concibes?
La familia es una estructura fascinante y totalmente novelesca. No se entiende a la gente si no conoces sus raíces. Para mí ha sido fuente de consuelo y felicidad.
Y pesa el amor. ¿Qué es para ti?
No se puede definir más que como un sentimiento de enajenación mental.
Reflexionas sobre la edad: “Nadie nos enseña a envejecer...”.
Soy un viejo prematuro. Mi padre era anciano cuando nací, así que soy producto de esperma de jubilado. Los que tratan de prolongar eternamente la juventud son bobos o unos estafadores.
¿Se te cuela el cine en tu literatura?
Son labores alternativas, que no mezclo.
El humor es otra de tus señas de identidad, ¿cómo lo afilas?
Soy un impertinente. Siempre digo lo que no debo en el sitio más inadecuado.

 

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