Especial sol: una crema sin pegas
Una melena sin daños
Estás ansiosa por dorate al sol pero, ¿lo tienes todo bajo control? Revisa tu bolsa de playa y no te olvides de lo necesario para proteger tu cabello
Por: Sonia Fornieles
En verano nos centramos en proteger la piel de las radiaciones solares y dejamos el pelo en un segundo plano. Olvidamos que la fibra capilar está expuesta a factores que pueden agredirlo si no hacemos algo por evitarlo. Y no sólo tenemos que mantener a raya el sol, también el agua de mar y el cloro ponen el peligro la salud de nuestra melena.
Los rayos UV pueden llegar a afectar de manera irremediable nuestro cabello desde la raíz hasta las puntas. Cuando la parte superficial se encuentra dañada, el pelo puede sufrir alteraciones más profundas; la queratina se degrada y hace que se debilite y se abra. La melanina también se ve alterada, lo que provoca que el color original cambie, más aún cuando el cabello es teñido, ya que es mucho más poroso y se vuelve más débil.
Efectos del sol en tu pelo
Uno de los estragos más comunes es la fotodegradación del cabello, ¿sabes en qué consiste? En palabras del doctor Eduardo López-Bran, dermatólogo y director del Instituto Médico Estético de Madrid (IMEMA),
“se trata de un proceso de rotura de la fibra capilar provocado por los efectos del sol, que conlleva fenómenos de oxidación y desnaturalización de las proteínas del cabello”. Y es que cada cabello, por simple que parezca, tiene una estructura muy compleja y si uno de los elementos que la forman se estropea, tiene lugar una reacción en cadena. López-Bran nos lo explica: “La cutícula del pelo está compuesta de escamas que protegen la estructura interna de la fibra; dichas escamas están selladas gracias a un cemento intercelular que aporta al cabello solidez, resistencia e impermeabilidad.
Además, un film hipolipídico envuelve la cutícula y hace que el cabello sea menos permeable al agua. Cuando lo exponemos al sol, este film se degrada, se vuelve más frágil y pierde los elementos esenciales”, concluye. “Esta fotodegradación afecta tanto a su estructura externa, eliminando la capa de grasa que protege al cabello y tornándolo áspero y sin brillo; como a la interna, debilitando el pelo y volviéndolo poroso”, afirma el doctor Alberto Gorrochategui, tricólogo y dermatólogo de la Clínica Ercilla, de Bilbao.
En definitiva, las radiaciones ultravioletas provocan efectos nocivos en el cabello que se pueden resumir en tres: en primer lugar se forman radicales libres, los aminoácidos estructurales absorben la radiación ultravioleta y se provoca la rotura de la fibra capilar y la decoloración de los cabellos; también se rompen los enlaces, la integridad de las uniones de las fibras de queratina va disminuyendo a medida que exponemos el pelo al sol; y, por último, hay alteraciones cuticulares, las escamas de pelo se abren y le dan un aspecto seco y castigado.
Más vale prevenir
No te agobies, pues todo lo anterior no tiene por qué ocurrir si tomas las medidas adecuadas para mantener tu cabeza a salvo un verano más. ¿Cómo?
Utiliza productos que contengan filtros solares
y formen una pantalla protectora cuando estés tomando el sol. Renueva la aplicación cada dos horas.
Apuesta por los champús que contengan tensioactivos suaves y poco detergente,
aunque con el suficiente poder limpiador para arrastrar la suciedad y no dañar la película hidrolipídica.
No renuncies a la mascarilla nutriente e hidratante
que lo mantenga sano, fuerte y brillante. Puedes incluso llevarla a la playa y ponértela en el pelo mientras tomas el sol. ¡De verdad!
Realiza un masaje en el cuero cabelludo
para estimular la circulación y devolver el brillo a tu pelo.
Protege el cabello con un sombrero,
los hay hasta con SPF; Laboratorios Genové cuenta con uno.
Deja secar el cabello al aire
y evita el secador.
Dúchate con agua dulce después de bañarte en el mar
o en la piscina, para que la sal y el cloro, que deshidratan, decoloran y resecan el cabello, permanezcan lo menos posible en él.




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