El maquillaje cambia sus normas
Nuevo manual de uso
Prebases con silicona; correctores verdes, rosas, amarillos; iluminadores en crema y en polvo... ¿Sabes de qué hablamos? Son productos que te harán la vida más fácil. Adapta tu neceser a los nuevos tiempos y (re)aprende a maquillarte.
Texto: Sonia Fornieles
El secreto de un buen maquillaje es que no se note, ir maquillada sin parecerlo (nos referimos al día a día, los looks de noche pueden ser tan atrevidos como tú quieras).
El objetivo es estar guapa y para eso no hace falta enmascarar la piel. ¿Sabes que puedes ir perfectamente maquillada sin utilizar una base con color? Si te haces con una prebase alisadora (en cuanto la pruebes no podrás pasar sin ella), aplicas con tino los correctores e iluminas tu rostro justo allí donde lo necesitas, te puedes ahorrar el ‘fondo’.
¿Qué se consigue con cada uno?
PREBASE: Son lociones que se ponen después de aplicarte la crema hidratante y antes del maquillaje y que por contener silicona, absorben el ecxeso de grasa de la piel, ocultan las líneas de expresión (las rellenan) y minimizan los poros dilatados. El resultado: el rostro queda como pulido, aterciopelado.
ILUMINADOR: Potencia tus rasgos. Es muy importante no confundirlo con el corrector: aunque tienen puntos en común, son completamente diferentes. Los iluminadores (en polvo o crema) son más ligeros y no varían de tono en función de la piel sobre la que se van a usar, ya que no camuflan sino que dan luz a ciertas partes del rostro. Se aplican con brocha o con los dedos y hay que difuminarlos bien para que no se note el producto sino sus resultados.
CORRECTOR: Rojeces, cicatrices, vitíligos, ojeras, machas en general... Ése es el terreno en el que un corrector se siente cómodo. Su textura es más densa que la del iluminador ya que su función es ocultar imperfecciones. Otro uso que se puede dar al corrector es el de esconder arrugas, aunque esto requiere más maña, ya que un exceso de producto puede marcarlas aún más.




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