¿Por qué nos gusta tanto la cosmética natural?

A base de ingredientes orgánicos y un proceso de fabricación que respeta las normas de código verde, la cosmética eco no para de renovarse. Se ha convertido en algo más que un producto de belleza: es una forma de vida.​

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Vivimos en la era 'eco'. Consumimos alimentos lo más naturales posible y huimos lejos de la contaminación. El siguiente paso era decantarnos por la cosmética natural y por eso, en los últimos años, es habitual que cremas, champús, y hasta productos de maquillaje se hayan apuntado a la tendencia verde. Su expansión ha sido tal que, lejos de tener que desplazarnos hasta el herbolario para adquirirlos, no tenemos dificultad en encontrarlos ahora en farmacias, parafarmacias, grandes superficies o perfumerías, y también probarlos en centros de belleza o en peluquerías especializadas.

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Pero, ¿sabemos realmente de qué hablamos cuando nos referimos a cosmética 'natural', 'ecológica' o 'bio'? Estos tres términos pueden llevar a confusión, puesto que son distintos entre ellos y también diferentes de la cosmética tradicional.

En un sentido estricto, cosmética natural es toda aquella  que usa en sus formulaciones ingredientes orgánicos o de cultivo biológico, y que no incluyen las sustancias químicas más agresivas. Es decir, es aquella que no se ha generado en laboratorio (bajo esta etiqueta se engloban también las cosméticas 'bio' y las 'eco').

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El hecho de ser catalogados como cosméticos 'naturales' conlleva que estos productos no contengan en sus formulaciones ni parafinas ni otros derivados del petróleo, siliconas o materias primas de origen animal. Sí se permiten, en cambio, los derivados de animales vivos, como son la leche o la miel. Tampoco pueden llevar colorantes sintéticos o parabenos (unas sustancias que, empleadas en cantidades muy pequeñas, se utilizan en la cosmética tradicional como conservantes). Y entre los elementos prohibidos se encuentran los perfumes: las fragancias deben ser estrictamente naturales.

No solo protegen la piel, también conservan el medio ambiente

La cosmética ecológica, por tanto, incorpora todo lo anterior y, además, se basa en la utilización óptima de recursos naturales, hasta el punto de que los ingredientes deben serlo en una proporción del 95%. Y va un paso más allá, porque, además de proteger nuestra piel, se preocupa por conservar el medio ambiente, razón por la que, de entre los productos naturales utilizados, un 5% deben proceder de la agricultura ecológica. Si se cumple todo esto, un producto puede considerarse eco.

La diferencia entre lo eco y lo bio es que para ostentar esta segunda etiqueta, el producto debe cumplir tofos los requisitos de lo bio, con lo el porcentaje de materias primas provenientes de agricultura ecológica pasa del 5% al 10 %.

En España son dos empresas las que regulan y certifican cuándo un cosmético cumple con los estándares necesarios: EcoCert y CosmeBio. Son garantía de seguridad y coherencia. 

Y si el contenido de esta "belleza natural" respeta las normas del código verde, también lo deben hacer en sus procesos de fabricación y sus envases: las empresas están comprometidas con el medio ambiente, y en sus procesos productivos reducen las emisiones de CO2, emplean energía renovable, procuran utilizar menos agua y tratan de generar menos residuos. Para ello, emplean botes y frascos totalmente reciclables y tratan de emplear papel o cartón procedentes de bosques sostenibles.

Muchas de estas firmas intentan también favorecer el comercio justo, y bastantes de ellas ayudan con proyectos de desarrollo a los trabajadores de las zonas donde se obtienen las materias primas de las que se sirven en sus formulaciones. Igualmente, los cultivos son biodinámicos. lo que quiere decir que respetan los ritmos de la naturaleza con la influencia del sol y la luna, cuidan de las especies protegidas y controlan la recolección silvestre.

Esta cosmética natural tiene, como todo, partidarios y detractores. Los defensores, como Isabelle Pacchioni, fundadora de la firma francesa Puressentiel, aseguran que "cada vez hay más problemas de salud por los componentes químicos que se utilizan, como reacciones en la piel o a nivel hormonal. El cuerpo está acostumbrado a los tóxicos del medioambiente y puede vivir con ellos, pero no a los que aplicamos nosotros directamente en la piel".

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Frente a esto, reputados dermatólogos defienden la cosmética tradicional asegurando que la absorción de las sustancias químicas es mínima y que no llegan nunca a la sangre.

La cosmética bio es una forma de pensar, vivir y sentir en torno a lo natural

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¿Quién tiene razón? Lo cierto es que la investigación científica no está tan avanzada en el universo de la belleza verde, así que a veces utilizarla se debe más a la convicción que a la evidencia. En EE.UU., Francia o Alemania, sin embargo, llevan décadas dedicando un lugar especial a este sector, porque es una cuestión de filosofía vital que va más allá de la crema, el champú o el maquillaje en sí: es una forma de pensar, vivir y sentir en torno a lo natural.

Gran parte de su éxito se debe a que si hace unos años estos productos tenían texturas a veces imposibles de aplicar, aromas dudosos y packagings poco atractivos, hoy su sensorialidad y estética se han perfeccionado mucho y son tan apetecibles de usar y de mirar como los cosméticos convencionales. Lo mismo ocurre con los tratamientos en cabina: los hay para poner a punto la piel, el pelo e incluso las uñas gracias a esmaltes 5 free, es decir, libres de los tóxicos más peligrosos: formaldehído, tolueno, resina, alcanfor y ftalato.

Y si hay un sector donde este tipo de cosmética tiene especial relevancia, ese es el mundo de la peluquería: tradicionalmente cualquier tinte profesional contenía amoniaco para cambiar el color natural del cabello, y los champús incorporaban detergentes químicos. Hoy, en cambio, existe en el mercado un amplio abanico de coloraciones y productos de tratamiento natural. 

Christopher Robin, experto capilar en The Chi Spa, lo explica con sencillez: "Uno no lava sus blusas de seda con detergente, así que la misma regla se podría aplicar al pelo". Elena Reyes, directora de My Organics, aclara la diferencia de componentes respecto a los cuidados capilares habituales: "No contienen siliconas añadidas para dar peso; parabenos, que son conservantes; sulfatos, que generan espuma; ni elementos de origen petroquímico, como perfumes o colorantes". greenhairbeauty.com

Henna, ¿qué es?

Es uno de los productos capilares naturales de coloración para el cabello más conocidos. Elena Reyes explica las bondades de esta planta, usada habitualmente en la India para teñir el cabello y, desde hace varias décadas, en todo el mundo: "La clásica heno natural aporta nutrición, hidratación y brillo, ya que no reseca la fibra. Además, al ser una arcilla es astringente, la melena obtiene más volumen y mejora la caspa, porque ayuda a eliminar las células muertas".

Puedes comprarla y teñirte tú en casa o acudir al salón, si prefieres ponerte en manos de un profesional. Existen, además, coloraciones basadas en componentes exclusivamente naturales, que consiguen una formula estable al mezclarse solo con agua, sin necesidad de química, como Eos, de Wella. 

Maquillaje de origen mineral

La diferencia entre el maquillaje mineral y el tradicional es que el primero tiene minerales micronizados como base, y está realizado sin rellenos ni aglutinantes (como el talco o el aceite mineral) ni tintes o conservantes químicos.

Por eso no produce alergias en la piel, algo que cada vez es más frecuente. Aunque sea más desconocida, es una cosmética segura, de resultados óptimos y que, además, cuida tu piel. 

1. Polvos minerales de Caudalie, 22 €. 2. Protector solar en polvo Powder Me de Jane Iredale, 55 €. 3. Polvos compactos de Korres, 28 €.