Isabella Rossellini: "Una barra de labios no te salva la vida, pero es un pequeño paso para sentirte mejor"

​Isabella Rossellini vive alejada de los focos y las pasarelas desde hace muchos años, pero su arrebatadora personalidad ha devuelto a la veterana modelo y actriz al universo de la belleza para reivindicar los cuidados en la madurez.

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Fue la primera musa de Lancôme, en 1983, y hoy, a los 63 años, Isabella Rossellini ha vuelto a unirse a la marca como embajadora. Hija de la actriz Ingrid Bergman y del director de cine Roberto Rossellini, Isabella rompió moldes al convertirse en la primera modelo que se hizo actriz... y sigue siendo diferente: en la madurez volvió a la universidad para estudiar comportamiento animal, tiene una granja cerca de Nueva York y le gusta pasar su tiempo libre ocupándose de sus pollos: "Supongo que es algo que heredé de mi madre, que siempre fue increíblemente libre y moderna".

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¿Qué más aprendiste de ella?

Todo. Por ejemplo, en cuestiones de belleza ella ya en aquellos tiempos le daba más importancia a la salud y al estilo que a los cuidados en sí. Era escandinava, muy deportista, práctica y con los pies en la tierra, muy acorde al característico estilo sueco, sencillo y elegante. Cuando tenía 22 años y ya era una actriz bastante famosa en Suecia, el productor David Selznick la invitó a Hollywood para firmar un contrato y le propuso americanizar su nombre, depilarse las cejas y hasta teñirse el pelo. Mi madre se negó y a él solo le quedó responder: "¡Ingrid Bergman va a ser la primera actriz natural!". Era una mujer muy sencilla también en su vida real, pero diferente.

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Tú también te defines como una persona sencilla, pero reconoces que te gusta cuidarte.

Sí. Como ella, en la vida real llevo muy poco maquillaje: máscara y barra de labios, en mi caso en un rojo llamativo. Siempre llevo en el bolso L'Absolu Rouge nº 132, porque una barra de labios no puede salvarte la vida, pero es un pequeño paso para sentirte mejor. Como todas las mujeres, uso cosméticos no solo para seducir, sino también por mí misma, porque disfruto haciéndolo. Es el mismo tipo de sensación que siento cuando decoro la casa o pongo flores en un jarrón. Puede que sea parte de lo que significa ser mujer, un rasgo femenino: nos sentimos bien cuando hacemos que todo luzca perfecto.

¿Cómo sientes el paso del tiempo?

La edad me ha dado tiempo para hacer lo que siempre he querido hacer. Me siento más completa. Siempre hablamos de lo negativo que tiene envejecer, pero nunca de lo positivo. Es cierto que he perdido agilidad y ya no puedo dar volteretas, pero la parte positiva es que me siento más libre, más segura de hacer lo que me dicta el corazón en vez de agradar a los demás.

¿Qué opinas de la cirugía estética y el bótox?

No estoy en contra, pero yo nunca me he hecho nada. Llevo una vida saludable, tengo mi propia granja orgánica en Long Island (Nueva York), así que no puedo concebir el intentar comer lo más sano posible y luego ponerme bótox. Sería una incongruencia. Si me operara ahora que tengo 63 años, podría aparentar 53, pero cuando tenga 73, aparentaré 63. Ganaría una batalla, pero perdería la guerra.

¿Siempre te has sentido cómoda con tu piel?

Estaría mentalmente enferma si después de haber sido elogiada públicamente y aparecer en portadas de revistas femeninas o estar en la lista de las diez mujeres más bellas del mundo me sintiera fea al llegar a casa. Tampoco me miro en el espejo y digo: "Espejito, espejito mágico, ¿quién es la más hermosa del reino?". Pero si hay algo que me ofende un poco es cuando la gente me dice: "Todavía estás bien". ¡Ese 'todavía' me molesta! Prefiero un piropo del tipo: "Eres tan sofisticada, tan elegante...". No te están diciendo que eres joven ni bella pero te hacen seguir sintiéndote bien. La experiencia de tener historia según cumples años es muy bonita y la edad es algo para apreciar.

¿Qué o quién ha sido la mayor influencia en tu vida?

Definitivamente, mis padres, pero también la experiencia de vivir en distintos países y entender la relatividad de nuestras distintas culturas. Me ayudó a ser tolerante y respetuosa con nuestras diferencias.

¿Cuál consideras que ha sido tu mayor logro?

La resistencia. Podría haber terminado mi carrera después de haber sido imagen de Lancôme, pero continué como actriz, y luego empecé a escribir y dirigir mis propias películas. Cuando los trabajos como actriz comenzaron a escasear volví a la universidad para estudiar comportamiento animal y rodé un corto, Green Porno, sobre el comportamiento sexual de los animales. Ahora, también tengo una granja y me estoy sacando un máster. La vida es maravillosa. Para mí, es como una tienda de caramelos: no quiero comer solo uno, quiero probar sabores distintos.

¿Qué cualidad admiras más en las personas?

Las mismas en hombres que en mujeres: bondad, curiosidad, sentido de la aventura y humor.

¿Qué es lo que más aprecias de tus amigos?

Su sentido del humor. Reír es bueno para el alma. Es lo mejor y lo que más me gusta.

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Estar en mi granja en Long Island, especialmente estar con mis pollos. También cultivo un huerto orgánico.

¿Cuál es tu posesión más preciada?

Mis fotos. Si mi casa se incendiara, creo que saldría corriendo con las fotos que tengo de Richard Avedon, David Lynch, Cecil Beaton o Henri Cartier-Bresson.

Sangre de artistas

Isabella es el centro de tres generaciones de artistas. Las otras dos son su madre, la actriz Ingrid Bergman, que ganó tres Oscar de Hollywood y protagonizó míticas películas como Casablanca o Stromboli, y su hija, Elettra Wiedemann, que también fue imagen de Lancôme a los 23 años, se licenció en relaciones internacionales, tiene un blog de cocina y se dedica a la moda.