Tijeras que salvan vidas: la increíble iniciativa de Wella y Unicef

​Niños de la calle, algunos con largos historiales de penurias y abusos, tienen una nueva oportunidad con el programa de enseñanza de peluquería 'Making Waves', de Wella en colaboración con Unicef. Nuestra jefa de belleza ha viajado a Vietnam para conocer de primera mano esta bonita iniciativa.

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"Cuando me dijeron que había sido elegida para formar parte del programa me pasé tres días enteros llorando. Estaba tan contenta...". Quien así habla es Dung, una niña vietnamita de 17 años que participó en el programa Making Waves de Wella-Unicef, en septiembre de 2015. Hoy, un año después, aunque aún no ha podido ver cumplido su sueño de trabajar en una peluquería, no pierde la esperanza de llegar a conseguirlo. El 90 % de los otros 24 niños que participaron en su edición tienen ya trabajo en un salón y pueden mantenerse por sí mismos y ayudar a sus familias. A Dung se le empañan todavía los ojos cuando recuerda a sus compañeros y profesores: la necesidad la obliga a trabajar vendiendo verduras en el puesto de su abuela en las calles de Ho Chi Minh, la capital económica de Vietnam, porque necesitan el dinero. Mientras, espera su oportunidad peinando a las vecinas: "Aprendí tanto y fue una experiencia tan bonita que cuando sea mayor quiero volver y ser yo quien enseñe a otros niños".

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El programa Wella-Unicef Making Waves ha ganado en 2016 el premio IED Design Award, en la categoría de Mejor Proyecto Social del año. Su objetivo es transformar la vida de los jóvenes más desfavorecidos a través de la formación en peluquería, la tutoría y la preparación. En sus seis años de existencia se ha llevado a cabo en Brasil, Rumanía y Vietnam, donde se han realizado estas dos últimas ediciones. Primero consiste en un curso de dos semanas de formación y posteriormente quedan escuelas permanentes. Son ya miles de chicos los que se han beneficiado de esta oportunidad y al finalizar la formación obtienen, además, un certificado de los estudios realizados, que les abre muchas puertas profesionales.

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"Vivir esto me ha hecho mejor persona"

Pero no solo son Wella y Unicef quienes trabajan mano a mano para que esta iniciativa salga adelante. Un papel fundamental lo desempeñan los formadores, aquí llamados 'mentores': estilistas de distintos países que durante dos intensas semanas abandonan sus negocios y viajan desinteresadamente al otro lado del mundo para vivir la realidad de la infancia más desprotegida. Y el poso que les queda no es profesional. Todos regresan con el corazón roto por las historias de sus alumnos: "Son jóvenes muy infantiles, aunque tengan responsabilidades muy grandes. Y vienen con mucho miedo, porque han vivido episodios tremendos en sus cortas vidas", cuenta Giorgio Cristaldi, un joven peluquero de Sicilia que después de su primera participación en Making Waves en Rumanía ha vuelto este año a Vietnam: "Fue tan maravilloso que he querido repetir. En dos semanas he vivido más emociones que en dos años enteros en mi casa. Me siento muy especial aquí, sabiendo que puedo hacer algo por estos niños. Jamás pensé cuando estudiaba peluquería que mi profesión me iba a dar estas alegrías", finaliza Giorgio.

Y realmente la experiencia debe calar tan hondo que el leonés Luciano Cañete, propietario de la cadena de peluquerías Cortacabezas, de Madrid, también ha repetido este año en Vietnam: "Hay una barrera lingüística importante, pero es todo muy humano. De los chicos destacaría su empeño por estar atentos a todo, su madurez pese a lo pequeños que son, y por otro lado esa inocencia y la capacidad de sorpresa que tienen. Cualquier cosa que dices les hace gracia, les traes un llavero y se emocionan, te preguntan por todo. A los chavales españoles de ahora les falta ese respeto por los mayores". Luciano está especialmente sensibilizado con el caso de Dung, a la que tuvo la oportunidad de formar el año anterior y a quien ha vuelto a ver: "Me dijo que se le está quedando viejo el material porque con lo que gana en el puesto de verduras no puede renovarlo. Acabamos todos los profesores rotos. Esto te cambia la vida. Ya nada ha vuelto a ser igual para mí. Ahora valoro más las ganas de aprender que el talento en sí y creo que mi aportación al programa me ha ayudado a ser mejor persona. Soy consciente de que la realidad de estos niños no es trasladable a nuestra sociedad, pero los veo tan ilusionados, compartiendo lo poco que tienen que regreso tocado", termina diciendo emocionado Luciano.

"Estos chicos son muy especiales"

Al escocés Collin McAndrew, su paso por Making Waves también le ha dejado marcado: "Yo enseño peluquería a mucha gente, pero estos chicos no tienen nada que ver con los del primer mundo. Son muy especiales. Han tenido unas vidas tan duras que saben que es una oportunidad y no pierden ni un segundo. Llegan con una coraza por todo lo que les ha pasado, pero cuando traspasas esa barrera te encuentras con espíritus puros. No paro de darle vueltas a ver qué más puedo hacer por ellos. Me siento feliz, pero impotente cuando veo que no puedo ayudar más. Son niños muy respetuosos, no sé si porque son budistas, pero son excepcionales las ganas que le ponen. Me siento muy orgulloso y es lo mejor que he hecho en la vida. Soy solo un peluquero, pero me he dado cuenta de que puedo hacer algo con mis manos. Puedo ayudar".

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Giorgio, Luciano y Collin son solo tres de los nueve mentores que han viajado este año a Vietnam, un país en el que más de tres millones de niños no terminan la escuela primaria, viven en la calle y están expuestos a la violencia. Por eso es tan importante para ellos tener una oportunidad de aprender un oficio. Y es Unicef, en continua colaboración con las autoridades locales y los orfanatos, y de acuerdo con Wella, la que escoge a los estudiantes y, en forma de curso de peluquería, les proporciona un pasaporte para un futuro mejor.

"Dar formación a niños sin recurso es muy gratificante"

¿Cuándo nació este programa y por qué?

En 2010. En Wella siempre nos han preocupado las causas sociales y quisimos hacer un proyecto de este tipo: dar formación a personas sin recursos, herramientas para que pudieran ganarse la vida. Es realmente gratificante. Y nos asociamos con una organización como Unicef, que trabaja sobre el terreno con jóvenes vulnerables de todo el mundo.

¿Cuál es la contribución de Wella Professionals, aparte de aportar dinero?

Proporcionamos conocimientos técnicos, de organización y enviamos a algunos de nuestros estilistas para que una vez al año viajen al país en el que se realice el proyecto, como mentores para enseñar a los niños elegidos.

¿Y de los peluqueros?

Dando a conocer el programa y en muchos casos recaudan fondos en sus propios salones.

¿Cómo puede colaborar el consumidor final?

Una de las maneras más eficaces es hacerlo a través de la página del programa. wella.unicef.org.uk

"Sueño con tener mi peluquería y hacer felices a los clientes"

La vida de Tram nunca fue fácil. Por necesidades económicas dejó el colegio en primaria y a los 10 años, tras el divorcio de sus padres, tuvo problemas con su padrastro y se escapó de casa. Vivía en la calle y sufrió todo tipo de calamidades imaginables. Gracias al programa Wella-Unicef pudo hacer el curso de peluquería en septiembre de 2015. Ahora, con 20 años, tiene trabajo en un salón de Ho Chi Minh y mira el futuro con esperanza. Gana 300 dólares al mes, lo que le permite gastar 50 en una habitación donde vivir, y apoyar a los suyos. Quiere abrir su propia peluquería, y para estar al tanto de las tendencias, "veo tutoriales de Youtube y admiro el estilo de Katy Perry".

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"Ahora tengo un futuro y mis padres son felices: saben qué será de mi"

A Nghia, de 17 años, le cambió la vida su paso por el programa. Natural de una provincia cercana a Ho Chi Minh, su padre reparaba bicicletas y su madre recogía botellas y basura. Con 9 años dejó de estudiar para ayudar a su familia, y prácticamente vivía en la calle. Ahora, sus perspectivas de futuro han cambiado y, aunque se ve obligado a trabajar demasiadas horas –12 en la peluquería y hasta las 5 de la madrugada en un bar de comida rápida–, se siente afortunado. Con un sueldo de 200 euros en total puede pagarse un apartamento y enviar dinero para mantener a su familia. De su paso por Making Waves solo tiene buenos recuerdos: "Me enseñaron una forma nueva de aprendizaje. Con cariño. Al principio me sorprendía mucho que no me chillaran o no me pegaran si no lo hacía bien".