Demostrado: verte más guapa mejora tu estado de ánimo

​Las doctoras Mar Mira y Sofía Ruiz del Cueto han creado la 'medicina estética emocional', que consiste en convertir en positivas las emociones negativas que nos produce envejecer.

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Está demostrado científicamente que nuestros gestos influyen en nuestros sentimientos. Y estudios clínicos recientes, como el de Michelle Magid, profesora de Psiquiatría en la Universidad de Austin (Texas, EE.UU.), confirman que el tratamiento de las arrugas del entrecejo con bótox contribuye a mejorar los síntomas de la depresión. A partir de aquí, las doctoras Mar Mira y Sofía Ruiz del Cueto han concebido lo que han dado en llamar 'medicina estética emocional'.

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¿En qué consiste exactamente?

En tratar las emociones negativas que nos produce nuestro aspecto según vamos envejeciendo para convertirlas en positivas. Comenzamos a plantearnos el abordaje de los protocolos y tratamientos faciales desde otra perspectiva más allá del concepto de antiaging o antienvejecimiento, porque nos dimos cuenta de que, ya que existe una relación directa entre lo que expresa nuestro rostro y lo que sentimos, parece lógico que modulando esa expresión que nos desagrada, es decir, eliminando lo que no nos gusta, se pueda mejorar el estado anímico y psicológico de los pacientes.

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¿Esto quiere decir que con la edad no solo tenemos arrugas sino que cambia la expresión de la cara?

Sí. El paso del tiempo produce cambios en la expresión facial y nuestra cara deja de corresponderse con lo que realmente sentimos. Esto termina por repercutir en nuestros sentimientos. Es decir, según nos hacemos mayores nos miramos en el espejo y no nos reconocemos, y esto afecta a nuestra autoestima, y, en consecuencia, hace mella también en nuestro bienestar psicológico. La medicina estética emocional lo que hace es estudiar esos gestos o rasgos que han cambiado en el rostro y tratar de corregirlos con tratamientos como bótox, láser, infiltraciones de ácido hialurónico... Por ejemplo, si nos vemos cara de enfado porque tenemos marcado el entrecejo, no nos sonreímos cuando nos miramos. Por el contrario, si el espejo nos refleja una cara más relajada y agradable, tenderemos a sonreírnos. Y puede parecer una tontería, pero la risa, no solo la que sale naturalmente sino también la voluntaria, estimula ciertos transmisores que eliminan el estrés.

Psicológicamente, ¿qué es lo que más preocupa a una mujer según va cumpliendo años?

Es curioso, porque normalmente no son signos de la edad concretos, como unas arrugas en algún punto, sino una expresión global que se ha quedado fijada en el rostro. A menudo nos piden que les quitemos la cara de cansancio o volver a parecerse a la persona que fueron.

¿Se pueden catalogar los tipos de rostros que aparecen con la edad?

Sí. A nivel práctico la gran mayoría de las caras acaban por reflejar una de estas emociones: cansancio, estrés o enfado, y tristeza.

¿Qué signos delatan la cara de cansancio?

Este tipo es el más extendido y se traduce en un rostro abotargado, que da sensación de falta de descanso. Los síntomas que hay que atajar se concentran en la región de los ojos y del contorno facial. Presentan ojeras, inflamación del párpado inferior, las llamadas bolsas, descolgamiento del párpado superior, pérdida de definición del óvalo facial y descolgamiento de los pómulos.

Y ¿la de estrés?

La de estrés, irritabilidad o enfado es la que aparece antes, con menos edad. Esos sentimientos se corresponden con el ceño fruncido, caída de la cabeza de la ceja, en la parte interna; depresión de la frente, código de barras y arruguitas en las aletas nasales por el reiterado fruncimiento de la nariz.

"Un toque de botox en el entrecejo ha llegado a mejorar los síntomas de depresión"

¿La cara de tristeza cómo se manifiesta?

Es una expresión de melancolía más frecuente en las mujeres que en los hombres, y se reconoce por la caída del canto de los ojos y de las comisuras de la boca, con marcado o no de las 'líneas de marioneta', que son las que salen a ambos lados de las comisuras hacia la barbilla. También se cae la cola de la ceja y se descuelga el párpado inferior.

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Supongamos que una mujer llega a la clínica descontenta con la expresión de su rostro. ¿Cuál es el proceso que se sigue?

Primero se hace un diagnóstico. Hay que hablar con ella para ver qué le preocupa y analizar las variables que marcan su envejecimiento, así como su tipo de piel. Ese diagnóstico también va encaminado a detectar sus emociones, para mejorar no solo su bienestar físico, sino también el psicológico.

"Las mayorías de las caras terminan por reflejar cansancio, enfado o tristeza"

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Porque verse más guapa mejora el estado de ánimo...

Sí. Es fundamental verse bien. Sobre todo, lo importante es que cuando va pasando el tiempo no dejes de reconocerte a ti misma. Y hay mucha gente que empieza con unos cambios que la llevan a dejar de reconocerse y, cuando pasa eso, dejas de quererte. Llega la falta de ilusión, la tristeza... y son emociones que hay que tratar.

¿Qué parámetros se miran en el diagnóstico?

Se estudia cómo va su proceso de envejecimiento y la emoción que transmite respecto a ese proceso. Hay que ver su calidad de piel; su dinámica muscular, que es la que genera que una serie de estructuras se vayan descolgando y marcando determinadas arrugas... Y también hay que mirar qué está pasando volumétricamente con esa cara, qué luces y sombras tiene. Una cara joven tiene unas sombras completamente diferentes, y hay que recolocar todo para que vuelva a tener el aspecto de antes, para volver a la foto de años atrás. Y digo 'a la foto' para entender que se trata de no dejar de ser uno mismo.

¿En qué consiste el tratamiento?

En la aplicación de técnicas estéticas que cambien en la paciente lo que no le guste, pero sin que deje de ser ella misma. Es fundamental no acabar pareciendo otra persona después de hacerse un retoque estético. La identidad es lo que lleva a la naturalidad.

"Lo último para tratar la flacidez de rostro y cuerpo son los ultrasonidos focalizados"

¿De qué técnicas hablamos?

Es una combinación de varias. Habrá zonas que tengamos que tratar con bótox para anular ese gesto muscular que provoca la arruga y la consiguiente cara de enfado o cansancio. Puede que haya que aplicar voluminizadores para reposicionar zonas y redibujar el óvalo. O aplicar láser para la corrección de sombras. También se colocan hilos tersores. No hay una fórmula única, sino que es algo completamente personalizado.

¿Dónde está el límite de cualquier tratamiento?

En que no se pierdan la naturalidad ni la identidad propia.

Porque los médicos estéticos sois también un poco psicólogos...

Totalmente. Hay personas, por ejemplo, que sufren dismorfofobia, que es el síndrome de distorsión de la imagen, un trastorno de la percepción y valoración de uno mismo. Es gente que ve lo que no hay, y entonces hay que canalizar su mente para que tenga perspectivas realistas de sí misma. Hay cosas que te piden los pacientes que son irrealizables, porque de lo que se trata es de envejecer dentro de la naturalidad, y hay que situar a los pacientes en esa perspectiva realista del envejecimiento. Envejecer vamos a envejecer todos, pero vamos a hacerlo bien.

¿Toca muchas veces decir 'no'?

Por supuesto, pero hay que decirlo con cariño, explicando que lo que la paciente pide no es lo mejor para ella.

Esta versión distorsionada que tenemos de nosotros mismos nos hace ver mal cosas que no están mal.

Cualquier paciente, aunque no tenga el síndrome de la distorsión, canaliza la atención en lo más evidente, lo que le preocupa o lo que ve su madre, por ejemplo. Un caso típico de consulta son las arruguitas alrededor del labio superior, aunque no se vean mucho. Y la mayoría de las veces lo que hay que arreglar es lo de alrededor antes que esa minucia, por llamarlo de alguna manera. No es minucia, pero seguramente en el plan de tratamiento no es prioritario. Lo que toca es hacer ver cómo es su proceso de envejecimiento.

Hablamos de envejecimiento, pero ¿esta técnica vale también para una persona joven que por su morfología tiene, por ejemplo, un entrecejo muy marcado?

Efectivamente. Hay gente que tiene ojos tristes o comisuras de los labios hacia abajo, y en este caso haríamos un embellecimiento, no un rejuvenecimiento. Porque hay gente que tiene ojeras de joven y cara de cansancio de siempre o una expresión facial tensa o agria. También hay caras que no son proporcionadas y no se sienten guapas y no se quieren. Estos tratamientos son muy agradecidos, porque son personas jóvenes que reaccionan muy bien a pocas cosas.

¿Envejece más la flacidez o las arrugas?

La flacidez, porque termina generando también arrugas por descolgamiento. Todo va a depender del tipo de piel y de la base ósea que se tenga. Una piel fina se arruga más. La gruesa nunca marcará arrugas finas, pero su peso puede provocar flacidez, que conlleva a la aparición de surcos. Pero la genética juega también un papel importantísimo. La piel puede ser peor, pero si tienes unos pómulos marcados y una base mandibular proporcionada, tu proceso de envejecimiento será más llevadero. El tercio medio, los pómulos, son fundamentales, porque son el soporte de la cara, pero tiene que haber armonía.

¿Qué es lo último, en cuanto a material, a aparatología...?

Un aparato llamado Ulthera, para tratar la flacidez. Son ultrasonidos focalizados y es el primer tratamiento no quirúrgico al que la Agencia del Medicamento de EE.UU. ha permitido utilizar la palabra 'lifting'. En la cara, la remodelación del óvalo facial, el cuello, la parte interna de la rodilla y en los brazos está dando unos resultados fantásticos. Trabaja produciendo puntos de coagulación que compactan la zona muscular que se está trabajando.

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