¿Existe de verdad el masaje perfecto?

​Por supuesto que sí. Son muchos los centros y profesionales cuyas manos 'te llevarías a casa'. Además, existe uno ideal para cada necesidad. Te contamos cómo acercarte lo más posible al cielo.

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Pocos placeres pueden resultar tan intensos como el de regalarse un buen masaje corporal: abandonarse a unas manos expertas que rastreen tu piel en busca de bloqueos energéticos, malas posturas o, simplemente, para recibir mimos por simple hedonismo es una de las mejores experiencias del mundo moderno. Por ello, nada de lo que envuelve el buen masaje, ese que te hace entrar en otra dimensión, es casual. Los mejores centros trabajan, sin dejar un solo detalle al azar, para hacernos sentir bien.

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Zen en la entrada

No sabes por qué, pero desde el mismo instante en que atraviesas la puerta de un centro de masaje ya te sientes mejor. Igual que cuando entras en la consulta del médico. Ya estás allí, estás a salvo y los dolores desaparecen por un instante. Y es que entre el mundo exterior y el espacio de masaje hay una invisible línea divisoria que te permite abandonar los pensamientos que traías de la calle. Y, de pronto, dejas de pensar. Es como si el mundo se hubiera parado.

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No es casualidad. Los mejores centros de masaje incorporan sistemas para que el teléfono no suene (o que, al menos, tú no lo escuches) y lo que puedas oler suele ser un aroma seleccionado para inducirte a la tranquilidad desde los primeros minutos. El trato de las personas que te atienden antes de que llegue tu masajista será exquisito: te ofrecerán asiento, una bebida, una lectura... que hagan la espera (mínima) lo más placentera posible, "además de una sonrisa", explica Diana Montoya, directora del centro estético que lleva su nombre y dueña de una de las mejores 'manos' de Madrid: "El personal que recibe a alguien que va a darse un masaje, o también recibir un tratamiento, debe tener una gran capacidad empática y ser capaz de ponerse en la piel de quien llega de la calle y quiere abandonarse por unos instantes a un momento de relax".

La luz, indirecta

Una vez en la cabina, el ambiente es uno de los aspectos que más hay que cuidar, tanto en los centros estéticos como en los de masajes. Y dentro de esa amalgama de elementos intangibles que componen lo que llamamos 'atmósfera', la gestión de la luz es primordial. Nunca se elige una iluminación directa, es decir, desde el techo, sino puntos luminosos cuidadosamente distribuidos por toda la estancia que incidan sobre los lugares a los que se quiere dar protagonismo, como flores, bodegones de productos o elementos decorativos que induzcan a la calma absoluta: "La luz siempre debe ser suave y tenue, sin que llegue a incomodar al cliente, incluso si desea estar con los ojos abiertos. Y, al mismo tiempo, debe permitir al terapeuta moverse con seguridad", nos cuenta Diana.

Las velas son un accesorio decorativo y sensorial clave, además de que proporcionan un extra a la hora de aromatizar el espacio. La temperatura es otro elemento importante: debe ser cálida, sobre todo para que tus manos y pies siempre estén calientes, pero no tanto como para que el espacio resulte cargado.

Además, para encontrar la temperatura perfecta se pueden utilizar camillas térmicas, igual que las sábanas y mantas con las que te cubrirán, siempre a tu gusto.

'Playlist' celestial

Antes, incluso, de hablar del tipo de música ideal para recibir el mejor masaje de nuestra vida, cabría hablar del 'no sonido', casi más importante que lo que se oye. Se trata del bloqueo de cualquier 'ruido' no deseado que pueda interferir en la paz del momento. Los mejores centros son los que se encuentran insonorizados con respecto al exterior, es decir, a calles, patios, otras cabinas de masaje y pasillos. En la habitación, incluso el terapeuta deberá extremar al máximo el cuidado con los sonidos que produzca al abrir los frascos de producto o el grifo. La música estará plenamente enfocada al tipo de masaje, casi como para acompañar una coreografía. Las músicas zen, orientales o con sonidos de la naturaleza son las más adecuadas. Hay cada vez más marcas que proporcionan a los centros sus propias playlists para acompañar sus protocolos de tratamiento.

Camilla, hidráulica

Este elemento es casi más importante para el masajista que para el cliente: "Una de tipo estándar puede servir porque es cómoda, pero sobre todo debe ser ancha, que sirva para cualquier persona. El acolchado ha de ser cómodo y no debe rechinar con los movimientos. Por eso hay que ajustarla previamente", explica la experta Marina Assir, fundadora de El Templo del Masaje: "Las hidráulicas son cómodas para el masajista y, sin embargo, para el cliente son tan cómodas como las no hidráulicas", concluye. Cojines, almohadas, toallas, mantas térmicas... todos los complementos contribuyen a hacer más envolvente el momento. Y, durante el masaje, la camilla debe ser propiedad exclusiva del cliente, es decir, el masajista debe evitar en lo posible apoyarse sobre ella para moverse alrededor o manipular los frascos de producto.

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Máximo una hora

En un entorno como el descrito, solo falta la pieza clave: las manos del masajista, un profesional que, gracias a su intuición, sensibilidad, oficio y destreza debe ser capaz de 'traducir' a movimientos, presión y ritmo los deseos manifestados previamente. Las maniobras que puede utilizar son infinitas: de la medicina tradicional, asiáticas, de acupuntura, de shiatsu, holísticas, de ayurveda (medicina india)... Todo en un mínimo de 50 minutos para que surta el efecto deseado. Y como máximo una hora, pues "más podría ser contraproducente", según Marina Assir.

En lo que se refiere al producto que se debe utilizar, la especialista Diana Montoya lo tiene claro: "Prefiero trabajar con cremas de masaje de buena penetrabilidad y enriquecidas con principios activos que sean útiles para nuestro objetivo, pero que no manchen la ropa".

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La guinda final

A falta de cinco minutos para el final, los movimientos se ralentizan hasta llegar a la quietud plena. El masajista entonces nos susurra al oído (no demasiado cerca) que ha acabado, y nos deja desperezarnos tranquilamente para poder vestirnos y volver con calma a la realidad. Tras un buen masaje, y sin salir de la cabina, es necesario beber agua o infusiones aromáticas para reponer líquidos, "porque el propio masaje, además de romper las contracturas y los 'nudos' habrá fraccionado depósitos de tóxicos acumulados", explica Maribel Corpa, una de las fundadoras de El Templo del Masaje.

Tus aliados para relajarte

1. Aceite de abedul de Weleda, 21,90 €. 2. Aceite Generous Bust Oil de Alqvimia, 70 €. 3. Masajeador de shiatsu mini de B&B Trends, 15 €. 4. Aceite de masaje Rose Pepper de Apivita, 25 €. 5. Crema Colnatur Fisio de Colnatur, 7,90 €. 6. Aceite reductor Perfect Forms Total Fit de Germaine de Capuccini, 44 €. 7. Aceite de masaje bio de Puressentiel, 21 €. 8. Aceite térmico Hammam Massage de Rituals, 13,50 €. 9. Aceite de coco de Vitacoco, 14 €. 10. Aceite empolvado Huile Poudrée pour Peau Nue de Kenzoki, 40 €.

"En un minuto puedes saber si un masaje va a ser bueno o no"

Marina Assir, socia fundadora de el Templo del Masaje

1. La clave del buen masajista es que sepa adaptarse. "Hay a quien le gustan los gestos suaves, y, a otros, que les duela. Se debe preguntar, por si prefieren presión puntual o algo más relajado antes de profundizar en el músculo. En un minuto se puede saber si el masaje va a ser bueno o no".

2. Las masajistas son las favoritas de los clientes, tanto masculinos como femeninos. Ambos sexos se sienten más cómodos si les toca una mujer: "Ellas piensan, además, que otra mujer va a hacer un masaje más suave, cuando resulta que la fuerza no tiene nada que ver con la envergadura".

3. Para tener pistas desde que entramos, "el buen profesional debe proporcionarte un recibimiento cálido y preguntarte si tienes algún problema de salud para evitar ciertas maniobras. Además, si le indicas que algo te molesta, lo respeta y jamás pierde el contacto con tu piel durante el masaje, no se apoya en la camilla y no te da conversación a menos que tú des muestras de que lo deseas expresamente".

Los masajes que nunca imaginaste

Coronilla. Se aplica para tratar dolores de cabeza y migrañas, y cada vez es más solicitado. Se utilizan técnicas ayurvédicas, así como aceites esenciales, para proporcionar una sensación de absoluta ligereza.

Glúteos. Por su cercanía a los riñones, un masaje en esta zona ayuda al nervio ciático evitando lumbalgias. Activa la circulación en la zona para prevenir la celulitis y drenar.

Orejas. No solo es relajante, sino que se consigue activar la circulación energética y sanguínea. Además, las orejas son una zona refleja del resto del cuerpo. Al masajear los lóbulos se fortalece la actividad de otros órganos, especialmente de los riñones.

Yemas de los dedos. Con técnicas de presión se evitan síntomas producidos por el denominado 'efecto gatillo', un anquilosamiento de los pulgares, consecuencia del uso de aparatos tecnológicos. Los puedes encontrar en Barceló Sancti Petri Spa Resort.

Lo que más nos gusta

1. Kobido o masaje facial japonés. Este masaje era desconocido hasta hace tres años. Es una especie de lifting facial muy energético. Mejora el dolor de cabeza y el bruxismo. Tiene movimientos que se parecen a las bofetadas y, aun así, hay quien se duerme (50 €, templodelmasaje.com).

2. Masajes en pareja. Los dos terapeutas que intervienen actúan acompasados. Cada vez más demandado, forma parte del plan romántico de muchas parejas (89 €/persona, vinccihoteles.com).

3. Tailandés, en todas sus variantes. En futón o con aceite. La primera, con ropa, es una mezcla entre el shiatsu y el yoga. La segunda, sin ropa, se realiza en cama balinesa (75 €, theorganicspamadrid.com).

4. No pasa de moda: descontracturante. Espalda y cuello son puntos débiles por un problema postural. Gracias a este masaje se relaja la parte tensionada con movimientos repetitivos y algo más fuertes (105 €, hotelbarcelosanctipetri.com).

5. Con piedras calientes. Las piedras volcánicas relajan músculos y remineralizan la piel (150 €, ellodge.com).

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