Sí, el bronceado es cool

Subir el tono en verano es sinónimo de relax, tiempo libre, fiesta y todo lo que nos hace sentir bien. Tomar el sol es un placer. Solo hay que encontrar la medida.

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A pesar de que ha habido, hay y habrá voces discordantes, que defienden a capa y espada el blanco nuclear en la tez (léase nuestra reina doña Letizia o la casi transparente Nicole Kidman, por poner dos ejemplos), conseguir un poco de color en verano es una cura de belleza de lo más cool. Nos vemos guapas, de eso no hay duda,y necesitamos camuflar muchos menos defectos de la piel cada mañana. La conclusión se fundamenta en las matemáticas más puras, en las proporciones. Moderar la exposición, protegernos debidamente sin obsesionarnos y evitar algunos ponderables no es tan difícil.

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Para Carmen Navarro, "en el medio está la virtud. Por fortuna, ahora tenemos mucha información sobre el cuidado de la piel. Un pequeño toque bronceado favorece, pero no hay que pasarse, sobre todo en el rostro, porque el tostado muy oscuro no es bonito. Más bien al contrario, puede ser sinónimo de ignorancia sobre los perjuicios del sol".

La luz (sí, también la artificial) potencia el buen humor y el sueño, y regula nuestro reloj interior. El camino que recorre es curioso: penetra a través del ojo, atraviesa el nervio óptico y llega al cerebro. Allí, influye en la secreción de melatonina, la hormona del sueño; de serotonina, la del buen humor; y de dopamina, la del placer. Además, reduce la presión arterial y reconstituye el estado de ánimo. Tanto, que la luminoterapia fue aprobada oficialmente en 2005 como método para combatir la depresión estacional.

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La piel quemada de Coco

El bronceado no siempre estuvo bien visto... hasta que a principios del siglo XIX los médicos empezaron a recomendar los baños de sol para sintetizar la vitamina D (ideal para los huesos). La guinda la puso Coco Chanel cuando, en unas vacaciones a bordo de un velero, se quemó la piel. No era su intención, pero puso el moreno de moda para ocho décadas. A la fiebre playera le siguieron la nieve y los destinos exóticos, hasta que llegaron los dermatólogos con las cifras debajo del brazo para aguar una fiesta que ya se estaba desbordando.

La campaña Euromelanoma nació en Bélgica en 1999 para concienciar sobre los peligros de una exposición inadecuada. Fue así como se empezó a revertir la tendencia de una sociedad entregada al sol. A estas alturas es de dominio público que la protección mínima debe ser un SPF 30, que hay que reaplicar la crema cada dos horas o después del baño, y que las peores horas son las del mediodía. Para no estar pendiente del reloj, un truco: toma el sol sin miedo cuando tu sombra sea más larga que tú. ¡Así de fácil!

Tomar el sol en siete cucharada

Fotoprotección, sí, pero ¿cuánta? Desde la Academia Española de Dermatología (AEDV) afirman que un fotoprotector mal aplicado puede disminuir su eficacia hasta en un 50 %, lo que significaría que si utilizamos un SPF por debajo de 30, el mínimo aconsejado, se podría quedar en nada. Hemos consultado a los expertos y nos han dado un número mágico: 36 gramos. Para hacerlo más fácil, los dermatólogos lo han convertido en otra cifra, el 7, y en un utensilio muy curioso, una cucharilla de café. Esa es la cantidad de crema o gel que se ha de aplicar en todo el cuerpo distribuida de la siguiente forma: una para el rostro, otra para el torso, la tercera para la espalda, y una para cada uno de las cuatro extremidades, siempre teniendo en cuenta que el agua y la arena reflejan los rayos UVA y UVB entre un 10 % y un 25 % más aproximadamente.

¿Un solar del año pasado?

Todos los años pasa lo mismo. Antes de preparar la intendencia de cara a las vacaciones, revisamos los fotoprotectores (mejor dicho, lo que queda de ellos) y nos hacemos las preguntas de cada verano. ¿Lo utilizo? Y ¿si está caducado y me quemo el primer día de playa? ¿Se habrá estropeado? Son dudas que a todas nos asaltan. El doctor José Carlos Moreno, dermatólogo y presidente de honor de la AEDV, nos aclara: "Todo compuesto químico tiene un periodo de eficacia, pero pasado un año sufre, como con los medicamentos, una descomposición que le hace perder valor. Aunque no nos haga daño, lo recomendable el desecharlo", concluye.

A vueltas con la vitamina D

Estábamos tan felices con nuestra protección 50+ alejándonos de arrugas, manchas y riesgo de melanoma cuando llegaron los primeros estudios acerca de una de las consecuencias de la falta de sol: la carencia de vitamina D, esencial para la formación de calcio y que (casi) solo se obtiene de la radiación solar. ¿Qué hacer entonces? Un estudio de la Universidad Politécnica de Valencia ha concluido que en verano son necesarios 15 minutos de exposición al sol: "En invierno, serían necesarias dos horas para alcanzar esos mínimos", dice María Antonia Serrano, la investigadora responsable del estudio. Por suerte, el doctor Agustín Buendía, coordinador de la campaña Euromelanoma 2017, confirma que, incluso con fotoprotección, el organismo la sintetiza.

Los SPF

El Factor de Protección Solar (SPF, por sus siglas en inglés) se traduce como el número por el que se multiplica la resistencia de la piel frente al sol. Por ejemplo, si esta enrojece a los cinco minutos sin protección, tendrá que aplicarse una SPF 30 si quiere exponerse 150 minutos (5 x 30) sin peligro.

SPF 15. Bloquea un 93 % del espectro UV. Es más utilizado en geles, aceites y sprays.

SPF 30. Los dermatólogos aconsejan esta protección como mínima. Bien utilizado, protege hasta un 97 % de los rayos UV.

SPF 50+. El signo '+' significa que cubre todo el espectro hasta llegar prácticamente a la 'pantalla total', más concretamente un 98 %.

SPF 100. Aunque parece 'todopoderoso', solo bloquea un 1 % más que el 50+.

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