Dr. Jorge Planas: "La cirugía plástica opera la autoestima"

Entró en un quirófano con su padre por primera vez con 10 años, y desde que se hizo cirujano, el doctor Jorge Planas no ha parado de buscar la felicidad de miles de pacientes. El dueño de la mayor clínica de plástica del mundo nos abre las puertas de su profesión, que él ha convertido en pasión.

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Defiende a ultranza el alto nivel de la cirugía estética en nuestro país, y se declara orgulloso de haberle "cambiado la vida a muchas personas que tenían complejos y no confiaban en sí mismas". Entramos en la consulta del doctor Jorge Planas, una eminencia en cirugía plástica que acaba de publicar el libro Historias y vivencias de un cirujano plástico (Arcopress) con anécdotas muy curiosas sobre su larga trayectoria.

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Los detractores de la cirugía estética hablan de frivolidad. ¿Qué tiene tu trabajo de frívolo?

¿Frívolo? ¡Nada en absoluto! Los médicos necesitamos muchos años de formación: seis de medicina, cinco de especialidad, diez hasta que consigues un nombre en tu ciudad... ser cirujano es algo muy serio. No hacemos milagros, pero trabajamos duro para conseguir el objetivo y que nuestras pacientes se liberen de sus complejos. Solo tengo una queja, y es que hay muchos profesionales del dos por uno que quizá sí que le hayan añadido algo de frivolidad. Afortunadamente, cada vez son menos.

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Cuando hablas de pacientes hablas en femenino. ¿Esta cirugía es patrimonio de las mujeres?

Bueno, sin duda son mayoría, pero no es exclusiva de ellas. Una de cada tres operaciones es de mama, sobre todo aumento. Respecto a los párpados caídos, las cifras están bastante igualadas y, en lo que se refiere a los hombres, sobre todo se hacen operaciones de nariz, liposucción de abdomen y microinjertos de pelo.

"Dentro de veinte años apenas habrá cirugía, rejuveneceremos a base de inyecciones"

¿Por qué hay operaciones tan poco estéticas por la vida?

Eso no es exactamente así. Por la calle solo nos damos cuenta de las operaciones mal hechas. Hay miles de personas por el mundo con cirugías que no se notan, y esas son las buenas. Yo mismo, me estás viendo y... ¿dirías que me he operado?

No lo sé...

Pues sí, me operé las orejas y hace tres años me he quitado las bolsas de los ojos, por ejemplo. Si algo está mal hecho enseguida se nota, pero la excelencia está en que no se note. También yo he visto compañeros de profesión a los que se les ha ido la mano y han traspasado el límite consigo mismos: demasiados pómulos, labios exagerados...

¿Y dónde está ese límite?

Es una cuestión de proporciones, de armonía. Si viene una paciente con unos labios grandes y bonitos, y quiere aumentar su tamaño, yo no se lo voy a hacer. Es cuestión de ética y de estética profesional.

¿Cómo entiendes la ética profesional?

Es lo primero, antes que los conocimientos y antes que todo. Sin la ética operarías casos que crees que no deben operarse y tendríamos problemas después. Los jóvenes cirujanos deben estar alerta, porque no saben si tienen delante un paciente dismorfofóbico, con fobia a su imagen corporal, algo más grave de lo que parece. Nunca están conformes con los resultados... Yo he aprendido a detectarlos a tiempo.

"Por pura estadística, hay poco margen de error en cirugía plástica. Casi todo es previsible"

Pero cada uno tiene un concepto de la belleza.

Es cierto. Hay muchas bellezas diferentes, pero todas tienen en común una armonía asimétrica. Porque la simetría total, esa perfección, es algo para lo que nuestro ojo no está preparado. Hay dos bellezas: la estética, la que vemos en una fotografía, y la dinámica, más importante. Hay mujeres que cumplen los cánones, pero no son atractivas.

¿Qué le dirías a una paciente que tiene complejos, pero también tiene miedo al quirófano?

Que la cirugía estética opera la autoestima y que hoy casi todo es previsible. Hay muy poco margen de error, y siempre se puede corregir con retoques. Con un buen preoperatorio, un cirujano que esté registrado en la Sociedad Española de Cirugía Plástica y Reparadora de España (SECPRE) y un centro homologado no hay que tener miedo. Hay más peligro en el tren que voy a coger ahora que en someterse a una cirugía estética. Es estadística pura, no me lo estoy inventando.

En tu último libro cuentas que entraste en un quirófano con 10 años a ver cómo operaba tu padre...

Sí, me provocaba mucha curiosidad. Mi padre, Jaime Planas, hacía una rinoplastia y quise entrar a verlo. Me desmayé, por supuesto. Aun así, volví a entrar después. Mis hijos también lo han hecho conmigo, aunque de momento no parece que ninguno vaya a ser cirujano.

¿Nunca has sentido que estabas cansado de tu trabajo?

No. El médico no se retira nunca: va cambiando de estilo de trabajo. Yo puedo con 80 años dar clases a residentes, crear protocolos... es una profesión en la que te puedes reinventar. Mi mundo es apasionante porque ves llegar las cosas y quieres estar ahí. Yo ya veo lo que va a pasar dentro de veinte años.

Desvélame ese futuro, por favor.

Pues apenas habrá cirugía: todo será medicina regenerativa y rejuveneceremos a base de inyecciones. Por una generación no voy a ver que vamos a vivir cientos de años. No digo que sea lo ideal, pero sí que es fascinante. La inmortalidad..., ¿te imaginas?

¿De qué te sientes más orgulloso a lo largo de tu trayectoria?

De haber seguido los pasos de mi padre y haber creado una escuela de formación a la que vienen médicos de todo el mundo. Mi clínica de Barcelona tiene 15.000 metros cuadrados solo de cirugía plástica. En España tenemos un gran nivel en cirugía plástica y eso hay que valorarlo como merece.

El mejor consejo que te dio tu padre, ¿cuál fue?

"Jamás temas a la competencia, teme a la incompetencia". Cuanto mejor haga las cosas tu competencia, más aumentará el prestigio de la profesión y habrá más gente que se anime a operarse.