El nuevo lifting

Los hilos tensores son la última técnica para luchar contra la flacidez y el descolgamiento de la piel. No necesitan cirugía: se colocan en consulta, estimulan la producción de colágeno, son reabsorbibles y consiguen un efecto parecido al ‘lifting’ tradicional.

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Hilos mágicos’, ‘lifting japonés’... Muchas son las maneras de definir esta técnica que corrige la flacidez y el descolgamiento cutáneos mediante hilos tensores. Este tratamiento no es nuevo: lo que marca la diferencia con el procedimiento anterior es que hoy en día los hilos son completamente reabsorbibles por el organismo, pues están compuestos de ácido poliláctico o de polidioxanona (antes, los hilos se anclaban en una malla que se colocaba en el cuero cabelludo y que se quedaba ahí de por vida). Aunque sobre todo se usan en el rostro y el cuello, también son eficaces en el escote.
Además de estirar la piel por el efecto tensor del hilo, el simple hecho de haberlos puesto provoca que el organismo actúe de forma paralela ayudando a la piel a luchar contra la flacidez: “El cuerpo disuelve el componente del hilo e induce la producción de fibroplastos y colágeno en esa zona, lo que mejora la flacidez y el aspecto de las arrugas”, comenta la doctora Purificación Espallargas, experta en medicina estética y antiaging. El cirujano plástico Luis Landín, de la Clínica Dermatológica del Grupo Pedro Jaén, añade: “Al ser el propio cuerpo el que sustituye ese material por colágeno, la tracción que hace que la piel se tense se provoca de una forma más natural”. Por otro lado, al activar la circulación se produce una mayor oxigenación en la zona, lo que aporta una mayor luminosidad a la piel.

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Sin cirugía

Una de las grandes ventajas de este tratamiento tensor es que no se necesita cirugía para aplicarlo: “La intervención se realiza en consulta con anestesia local. Para colocar los hilos se hace una incisión mínima, por donde va a entrar la aguja con el hilo, y otra por donde sale, y únicamente en esos puntos se ponen tres dosis de anestesia local. Normalmente suele ser en la línea media de la barbilla o detrás de la oreja, en el caso de que se coloquen en el rostro. Se pasan los hilos, que llevan en los extremos unos pequeños ‘dientes’, que son los que permiten el anclaje y la tracción. Una vez colocados, y para darles tensión,  muy suavemente vamos moviéndolos a través del tejido, lo que provoca que se vaya estirando la piel bajo la que se han colocado”, comenta el doctor Landín. Apenas es necesaria media hora para completar la intervención, en el caso de un solo hilo.

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Efecto inmediato

Una vez introducidos los hilos, ya se puede ver el efecto conseguido en la misma consulta: “En los dos puntos donde se ha hecho la incisión para introducir el hilo se pone una tirita color carne, muy fácil de disimular debido a su pequeño tamaño, que la paciente llevará durante unos días –asegura el doctor Landín–.  El máximo efecto dura entre seis y ocho meses, pero debido a que la inserción del hilo ha provocado la producción de colágeno, el efecto tensor puede llegar a durar un año y medio. De todas formas, todo esto dependerá del número de hilos que hayamos puesto, de la zona tratada y de la tensión conseguida con ellos”, confirma Luis Landín.
Los hilos de ácido poliláctico ya se usaban en cirugía anteriormente para otros tipos de suturas, y está comprobado que no tienen ningún tipo de contraindicación ni efectos secundarios: “A los seis meses, los hilos son reabsorbidos por el organismo mediante hidrólisis, por lo que no se produce ningún tipo de alergia, rechazo ni efectos colaterales. Además, al utilizar las agujas más finas, se minimiza el dolor, apenas quedan marcas y se reduce al máximo el tiempo de recuperación”, añade la doctora Espallargas.

Indicado en cara y cuello

Los hilos tensores evitan el descolgamiento y la flacidez, por lo que hasta el momento han sido la cara y el cuello las zonas más demandadas para este tratamiento. Sin embargo, “en el escote es muy efectivo y también estamos viendo buenos resultados en la cara interna de muslos y brazos, y en el abdomen, pero nunca tan buenos como en la cara y el cuello”, confirma la doctora Purificación Espallargas.

Frenar el descolgamiento

No hay una edad determinada para probar esta técnica a base de hilos. “En realidad es cuando la paciente lo requiera, pero, teniendo en cuenta que es una técnica que mejora la flacidez, yo aconsejo ponérselos entre los 35 y los 40 años”, reconoce la doctora Espallargas. Por su parte, Luis Landín asegura: “Efectivamente, la edad no es un factor determinante, pero sí que lo son los primeros síntomas de descolgamiento. Yo sobre todo lo recomiendo cuando aparecen las primeras arrugas en el cuello, que son las que mejor se van a corregir, y cuando se empiezan a marcar los surcos en la cara debido al descolgamiento de los pómulos. Si lo haces en ese momento, te vas anticipando al paso del tiempo y durante una época puedes evitar la cirugía y conseguir una mejora en tu aspecto”, asegura Luis Landín.

No es definitivo

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el paso del tiempo es inevitable y que hasta el momento nada ni nadie ha conseguido que no haga mella en nuestro aspecto: “Hay que tener claro que todo vuelve a su estado natural: o seguimos realizando este tratamiento con asiduidad, repasando, o si no el efecto tensor se perderá al cabo de unos meses. Por otro lado, jamás vamos a conseguir la tensión que se consigue con el lifting. Lo importante es saber las ventajas que tienen estos hilos: que no hace falta cirugía, que la recuperación es inmediata y que la intervención se realiza en consulta, pero también que tiene unas limitaciones. Es un buen paso previo para aquellas personas que todavía no se atreven con el lifting pero quieren mejorar su aspecto tensando la piel”, afirma el doctor Landín.

Y después...

Al no ser necesario pasar por el quirófano, se puede hacer vida normal desde el mismo momento en el que se abandona la consulta: “Si la paciente lo requiere, lo máximo que puede necesitar es un antiinflamatorio durante las siguientes 48 horas”, indica la doctora Espallargas. El doctor Landín, a su vez, recomienda: “Los días posteriores a la inserción de los hilos lo importante es mover lo menos posible esa zona: si los hilos se han puesto en la cara y en el cuello, recomendamos no gesticular exageradamente, ni estirar el cuello, para evitar que los hilos se aflojen”. Por otro lado, es conveniente tener las tiritas durante al menos cuatro o cinco días, porque, además de disimular el punto por donde se ha hecho la incisión, ayudan desde fuera a tensar el hilo. “A título personal, y no solo para este tratamiento, yo siempre recomiendo a las pacientes que no fumen. Fumar envejece y hace que la piel pierda luminosidad, empeore su textura y se defienda peor del paso del tiempo”, recomienda el cirujano Luis Landín. También es conveniente, como siempre que se realiza cualquier tipo de intervención, que el sol no te dé en la zona donde están las tiritas, para que no quede ningúna  marca.

Más tensión

Una vez que el hilo ya está colocado, tiene la tensión necesaria y no se puede retensar, si el resultado no es el deseado se puede colocar un nuevo hilo en la zona. Según el doctor Landín, siguiendo una estrategia conservadora lo ideal es poner un par de hilos y, pasadas unas semanas o unos meses, añadir alguno más allí donde se pueda necesitar. “Dependiendo del grado de flacidez y, en consecuencia, del envejecimiento cutáneo, a los tres meses está bien revisar la zona, puesto que ya habrá generado colágeno. Según la evolución conseguida decidiremos si es el momento de poner algún hilo más o si esperamos un tiempo para volver a tratar la zona”, concluye la doctora Espallargas. Hay que tener en cuenta que al ser hilos muy finos no serán suficiente para aguantar demasiado peso, por lo que no son muy efectivos en personas con  con mucha piel sobrante.