Tratamientos de belleza que relajan

Di basta a tanto estrés y vive un verano a cámara lenta.

Cuánto tiempo hace que no das un paseo por el campo y dejas el móvil en casa? Seguramente, el mismo que llevas sin aplicarte un cosmético de forma lenta y placentera. Practicar la filosofía slow podría ser la solución, una forma de recuperar el equilibrio emocional. El verano es el mejor momento para conseguirlo: su cadencia es más relajada, y nosotras nos sentimos del mismo modo. Lo primero es entender en qué consiste el ‘movimiento lento’. Para el escritor italiano Carl Honoré, promotor de esta filosofía de vida con miles de seguidores en todo el mundo, se trata de reaccionar contra la creencia de que lo rápido es mejor: “No es cuestión de hacer las cosas a ritmo de tortuga, sino a la velocidad adecuada. Es vivir plenamente el momento”, explica, y esto se puede aplicar a todas las facetas de la vida.

‘Fitness’ a cámara lenta
La piedra angular del movimiento la puso la organización slow food en Italia. Y de los guisos sin prisas pasamos a todo un movimiento global: slow fashion, buscando prendas de tejidos artesanales, elegantes y confortables; slow travel, hoteles que se aproximan a la cultura autóctona... Y centrándonos en el slow beauty encontramos ramificaciones como el slow fitness. Se trata de huir de los máximos resultados en tiempo récord. Juan F. Ramírez, entrenador de los gimnasios Infinit Fitness, lo define así: “Es una modalidad de entrenamiento que busca en el ejercicio un objetivo más allá de lo estético, más orientado al placer, a sentirse bien y saludable. La actividad principal es reproducir acciones cotidianas como levantar objetos del suelo, agacharse y levantarse, correr, etc. Casi siempre es posible hacerlo con el uso del propio peso corporal”, explica. Menos puristas son quienes incluyen en esta forma de fitness disciplinas suaves como el yoga, el pilates, tai chi o body balance, aunque sigue siendo una forma de conectar con una misma.

El slow beauty es hoy, más que un derecho, una necesidad. Y es que hay veces en las que más que gozar de un masaje o de la aplicación de una crema, nos obsesionamos con la cantidad de cosméticos que debemos utilizar y las funciones que han de cumplir. La doctora Elvira Ródenas, directora médica de Slow Life House, cree en estos principios: “La idea es tomar conciencia de cuidarnos. Desde extender los cosméticos mediante un masaje a subir las escaleras andando o decantarnos por un tratamiento en cabina donde la persona se sienta única, sin prisas”. Así, firmas como Quiriness incluyen un ritual completo de purificación facial para hacer desde casa sin mirar el reloj, con texturas agradables y aromas sutiles. Y tan importante es esta corriente que ya existe la asociación Slow Cosmétique en Europa. La coordinadora en España, Sandy García, resume el concepto en un uso más sensato de la cosmética: “Más ecológica y responsable, con menor número de productos, fórmulas no nocivas, recetas caseras e ingredientes menos transformados, sin derivados químicos o de explotación animal”. Abogan por una cosmética inteligente que responda a las verdaderas necesidades cutáneas y rechazan los productos o tratamientos que venden humo: el greenwhasing (lavado verde) y el brainwashing (lavado de cerebro).

‘Slow lifting’: tensar sí, agredir no
Tanto tiempo luchando contra el tictac, y ahora llega la belleza calmada para venerar casi lo contrario: envejecer lentamente. Normalmente nos lanzamos a la búsqueda del elixir de la juventud a costa de estresarnos mientras damos o no con él. Nos aceleramos, comemos mal, dormimos poco... cuando lo que deberíamos hacer es practicar el slow aging: sí, queremos envejecer, pero de una forma mejor, seleccionando lo que aplicamos en la piel, apostando por la nutricosmética para cuidarnos de dentro afuera.

¿Qué hacen las seguidoras de esta corriente si les preocupa, por ejemplo, la flacidez del rostro? Apuestan por el slow lifting, que no pasa por usar el bisturí: usan los ultrasonidos, que unifican el poro, hidratan y tensan en varias sesiones. O el lifting facial japonés, una terapia neurosensorial que combina disciplinas manuales para tensar la piel y equilibrar las emociones (en Clínica Francesa Dray, www.doctorsimondray.com).

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1 48 horas con la cara lavada

Así funciona: Make Up Detox es un tratamiento de fin de semana que consiste en ponerte en manos de un asistente que personalizará una carta de tratamientos (limpieza facial, masaje corporal, ritual equilibrante para el rostro...) para sacar lo máximo de tu rostro y tu cuerpo sin ningún tipo de aditivo.
Desde 219 €/persona y día.
Dónde: en Barceló Sancti Petri Spa Resort (Cádiz, www.barcelo.com).

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Así funciona: en Rachel’s, un restaurante ecológico marbellí con zona de tratamientos de belleza, proponen un pack zen que incluye clase de yoga, desayuno orgánico, ceremonia de cuerpo japonesa y comida supersaludable (300 €/pack de un día). 
Dónde: en el Espacio Rachel’s del Hotel Puente Romano Beach Resort (Marbella. www.puenteromano.com).

 

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3 Experiencia integral

Así funciona: es una terapia relajante que supone un auténtico despertar para los sentidos, fruto de la fusión de diversas técnicas de Oriente y Occidente, que ayuda a recuperar el equilibrio entre cuerpo y mente. Incluye un sensorial ritual de pies, seguido de un masaje corporal de aromaterapia (con aceites esenciales de lavanda, ylang ylang, naranja, etc.) y otro facial completo con minerales procedentes de las montañas del Tirol. Todo en una atmósfera que te hará olvidarte de todo (240 €).

Dónde: en Sha Wellness Clinic (Alicante,
www.shawellnessclinic.com).

 

4 Carl Honoré Fundador del movimiento ‘slow’: “La belleza es actitud, no una piel perfecta”

Hablamos con el creador del movimiento y autor de libros como La lentitud como método (Ed. RBA).

¿Cómo podemos nadar contra corriente en un mundo de ‘rápidos’?
La cultura nos empuja a hacer cada vez más cosas en menos tiempo. Estamos tan inmersos en estímulos que tememos malgastar el tiempo en desconectar y bajar la velocidad. Lo irónico es que es así como perdemos tiempo. ¡Le echamos una carrera a nuestra vida en vez de vivirla! Hay que romper con el tabú de que lo rápido es mejor: la crisis debería ser una llamada de atención.

Los cánones de belleza no ayudan...
Todo lo contrario: es un campo de batalla que nos crea frustración porque atacan a quien no es perfecto físicamente. La verdadera belleza la encuentra cada uno dentro de sí.

¿Qué es entonces el slow beauty?
Es una actitud ante la vida, mucho más que tener el pelo, las uñas y la piel perfectos o estar delgado. Son obsesiones de la sociedad actual. Se trata de sacar lo mejor de nosotros, desde el interior. Es comer y dormir mejor, tener tiempo para uno mismo, para los pequeños rituales que nutren el espíritu, más allá de fórmulas mágicas y promesas de eterna juventud.

Y ¿cuáles son tus pautas para bajar el ritmo y ser más slow?
No se trata de hacer las cosas más despacio, sino lo mejor posible, vivir el momento, establecer lazos más profundos. Calidad, en lugar de cantidad. Empecemos por ver menos televisión, reducir las actividades extraescolares de los hijos, decir no a algunos actos sociales o tratar de trabajar menos. Aconsejo buscar diariamente 30 minutos para tu ritual slow: un masaje en un spa, una sesión de yoga, leer, cocinar, pintar...

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Portada de La lentitud como método (Ed. RBA), de Carl Honoré.