Paloma Sánchez-Garnica: "No hay peor soledad que la de un matrimonio sin amor"

Hablamos con la escritora, a propósito de su última novela, sobre el perdón, el recuerdo, el amor que deseamos que jamás nos falte, el olvido y la soledad no elegida.

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Su anterior novela, La sonata del silencio, se ha convertido en serie de televisión y, según todos los pronósticos, en la gran apuesta del otoño de TVE. Su nueva novela, Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido, ha sido recientemente galardonada con el Premio Fernando Lara. ¿Qué esconden estas historias? ¿Por qué vamos a oír hablar de ellas? ¿Qué tienen de especial? La escritora Paloma Sánchez-Garnica traza en ellas un atlas sentimental y psicológico con la mujer como figura central de un universo que avanza con decisión desde un pasado cercano hasta nuestros días. Además, sus estudios de Historia y Derecho, profesión esta última que abandonó para dedicarse a su pasión, escribir, le otorgan un bagaje que sabe trasladar a sus novelas. Quedamos con la autora para desgranar sus lecturas y hablar de nosotras, de nuestra forma de ver y entender el mundo, de la soledad obligada y de los matrimonios que apenas se miran a la cara. En resumen, hablamos del amor y otras heridas. 

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"Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido", asegura el título...pero ¿crees que realmente podemos llegar a olvidar?

Olvidar es un acto de voluntad, de no querer retener algo que nos duele, que nos resulta desagradable o de lo que huimos, pero el olvido siempre es tuerto e inseguro, como dice el escritor Javier Marías, y lo que queda en nuestra memoria puede resurgir en un momento determinado, y hacerlo con todas sus consecuencias.

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Muchas veces se liga el perdón al olvido...

No considero que perdonar sea olvidar ni reconciliarse, no tiene por qué. El perdón va ligado a una afrenta, y esa va unida al dolor. Por eso, el primer sentimiento que tenemos es de rencor, de venganza... Controlar esa rabia que sentimos nos cuesta mucho, pero cuando damos el paso, cuando perdonamos, nos liberamos. Se cierra la herida, aunque quede cicatriz. Y cuando eres tú quien pide perdón, si lo haces de corazón, quiere decir que ya has hecho un ejercicio previo de arrepentimiento y eso quita lastre de tu vida, dices adiós a la sensación de culpabilidad.

¿Piensas que perdonamos mejor las mujeres?

Creo que sí. Por pura educación, pero sí. Porque hemos estado más metidas en el ámbito familiar, porque hemos tenido que perdonar al hombre, a los hijos, a las amigas y a nosotras mismas, y porque los hombres, en general, no son en este sentido tan profundos como nosotras, cargan menos con la culpa. Está más en nuestra sensibilidad, por cultura, pedir perdón y dar las gracias.

Tus personajes femeninos son víctimas de las cargas morales y los barrotes invisibles que la sociedad impone. ¿Seguimos sufriéndolos hoy?

Lógicamente, somos hijos de aquella sociedad, pero hemos avanzado mucho. Antes, por ejemplo, legalmente se permitía el derecho de corrección del marido sobre la mujer, se establecía el deber de obediencia y existía el débito marital, con lo que no se reconocía la violación dentro del matrimonio. Los malos tratos, a no ser que fueran brutales, no eran vistos como tales. Es cierto que se ha tardado, ha sido un camino largo, sobre todo a la hora de reconocer la existencia de los malos tratos psicológicos, porque costó mucho entender lo que eran, pero hemos avanzado. De momento hemos logrado, primero, que se hable de un tema que se entendía como del ámbito privado y con el que se miraba hacia otro lado porque "eran cosas del matrimonio", y, después, que se haga visible que este es un problema que nos afecta a todos. Tenemos que intentar que todas las mujeres manejen los instrumentos necesarios para ser capaces de dilucidar entre lo que es amor y lo que no, lo que son riñas de pareja y lo que es control, y evitar que caigan en la domesticación por parte de un hombre que ni siquiera necesita pegar, que con la mirada ya lo ha dicho todo, ya ha construido esos barrotes invisibles de los que hablan muchas mujeres que han salido de ese infierno. Es importante que las niñas desde muy pequeñas sepan que pueden ser sensibles, princesas, divinas, lo que quieran ser... pero, cuidado, que sepan que el príncipe también tiene que ser sensible, divino y, sobre todo, que tiene que quererlas y tener con ellas una relación de igual a igual. Con tu pareja tienes que sentir que a su lado creces, te enriqueces.

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¿Cuánto de posesión hay en el amor?

Siempre hay un poco, desde luego. Cuando amas a una persona tiendes a protegerla y tienes el temor de perderla: es como si tuvieras la joya más hermosa del mundo. Es mi amor, mi pareja, no es algo que quiera compartir, pero, claro, no puede ser una posesión asfixiante. Por otro lado, está la generosidad para dejar crecer al otro, para dejarle su espacio, su intimidad y que pueda vivir su vida, pero esa generosidad va siempre acompañada de esa sensación de miedo, del: "Dios mío, que no me falte nunca".

 Dice Carlota, la protagonista de tu novela: "Temería más vivir con alguien y, sin embargo, sentirme sola, eso debe ser una sensación terrible". ¿La peor soledad para ti es...?

La del matrimonio sin amor. No hay peor cosa que un matrimonio que no se mira, que simplemente convive. Me parece un drama. O sentirse solo dentro de una familia. Porque cuando la soledad es voluntaria, perfecto. Tiene, como todo, sus ventajas y sus inconvenientes, porque habrá momentos en que te gustaría hablar con alguien y no puedes, pero es lo que querías. Pero cuando no ha sido así, cuando no la has elegido...

Otra frase muy reveladora que utilizas en tu historia es del escritor Sándor Marai: "El deseo de ser diferente de lo que eres es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona". ¿Querer ser algo que no somos es algo más frecuente de lo que podemos pensar?

Teniéndolo todo para ser felices, muchas veces nos empeñamos en mantenernos en la infelicidad o no hacemos nada para cambiar las cosas cuando sabemos que no somos felices, cuando no estamos a gusto ni con nosotros mismos ni con el mundo que nos rodea. Pero, sobre todo, y eso nos ocurre mucho, vivimos empeñados en anhelar lo que consideramos idílico en otros sin darnos cuenta de que el idilio lo tenemos que vivir con lo que tenemos y con lo que somos. Creemos que la vida del otro es la que nos gustaría, pero cuando la conocemos un poco más resulta que no es tan ideal como aparentaba ser. Y mientras tanto nos estamos perdiendo nuestro propio idilio, que es lo que le ocurre a Carlota en la novela, y a mucha gente en el mundo en que vivimos.

¿Te ha ocurrido alguna vez?

Sí, siempre en algún momento nos sucede, pero con la edad aprendes a valorar lo que te ocurre, lo que tienes. Es cierto que, sobre todo en los momentos malos, piensas en la suerte que tienen otros, pero creo que es en el camino que recorremos persiguiendo nuestros sueños donde está la sustancia de la vida. Luego esos sueños puedes llegar a conseguirlos o no, o que cuando los alcanzas no sean lo que pensabas, pero el camino hasta llegar a ellos lo has disfrutado.

Hablas también del orgullo. Mal entendido, ¿puede llegar a convertirse en un arma de destrucción masiva contras nosotros mismos?

El orgullo mal entendido siempre es una traba que a veces nos impide conseguir esa felicidad que deseamos perseguir y que sabemos que está ahí. El orgullo puede hacer que nos quedemos parados esperando a que sean otros los que den ese primer paso, que no llega nunca. Yo creo que hay que tener orgullo en la vida, porque no hay que dejarse pisar, pero en no pocas ocasiones hay que reconocer que puede acabar siendo un lastre.

¿Con las apariencias se da una situación similar?

Es que muchas veces no actuamos por culpa de las apariencias. Hay muchas parejas que se acomodan y siguen juntas por no tener que dar explicaciones, por guardarlas de cara a los demás. Y aquí creo que tienen un mayor lastre las clases sociales altas, así que sucede que en no pocas ocasiones hacen cada uno su vida, por separado, pero siguen viviendo juntos de cara a su entorno y a la sociedad.

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Y llegamos al silencio. ¿Crees que puede llegar a convertirse en la peor de las mentiras?

Sí, de hecho creo que lo es, es la peor de las mentiras, pero a veces nos resulta tan complicado contar algo... Al final, como vemos en la novela a través de Clemente, el padre de Carlota, el dilema ante callar o hablar puede ser muy duro. El silencio puede tener como consecuencia perder a alguien querido, pero quizás hablar sea aún peor.

La historia de la protagonista es también la historia de una decepción infantil. ¿Nos podemos despojar de nuestro pasado, de esa época en la que fuimos niños?

No, nunca, eres lo que eres por lo que has sido. Luego te vas formando, tomas las riendas de tu vida, y si sabemos madurar bien la edad te resitúa, pero ese pasado lo arrastras. Como le dice su abuela Zenobia a Carlota: "Vive tu propia vida, con sus lastres, con sus errores, pero mira hacia delante y vívela".

Es lo bueno de cumplir años...

Claro, porque has aprendido a gestionar mejor tu vida, tus sentimientos y conflictos, ves la vida desde una perspectiva distinta a la que tenías de adolescente, y sabes asimilar lo malo y saborear lo bueno. Y si no sabes hacer eso, vas tragando hiel y te vuelves un ser amargado que amarga a los demás, que también los hay, desgraciadamente.

Carlota crece rodeada de ausencias y añorando a su padre. ¿Duelen más las excusas de quien nunca está cuando las envuelve en papel de regalo?

Por supuesto, sobre todo cuando una niña idealiza a sus padres, a su familia, y con la edad se da cuenta o se acaba enterando de que todo ha sido una farsa.

La inspiración para esta novela surgió de una forma muy particular, ¿verdad?

Esta novela comenzó a partir de una conversación un tanto turbadora con una lectora que ahora es amiga. Fue a partir de leer La sonata del silencio cuando se acercó a mí para contarme su historia. Entonces, me dijo que ella se enteró ya con 12 años de que era una hija bastarda, y a partir de ahí me fue describiendo todo el lastre, todo el estigma que eso supuso en su vida. Luego la historia que yo he escrito no tiene nada que ver con la realidad, pero aquella fue la chispa. El tema de los bastardos es un tema que todos conocemos, pero no somos conscientes del daño tan tremendo que supone, sobre todo para esos niños a los que se culpabilizaba de una deshonestidad muy relativa: eran los hijos del pecado. Muchos arrastran esa incomprensión que han vivido, que les ha brindado la sociedad, el resto de sus días. Y con esa excusa, me apetecía también indagar en cómo nos afectan las decisiones que toman otros, y sobre todo ver cómo afectan las que toman los padres en sus hijos, y cómo  se van multiplicando y cayendo unas sobre otras como si fuera una escalera de fichas de dominó.

Para acabar, ¿que haya más mujeres escritoras crees que ayuda a dar a conocer mejor todas estas cosas, nuestro universo femenino?

Claro. Durante años hemos estado leyendo los sentimientos de las mujeres escritos por hombres y lo hemos aceptado. A mí, por ejemplo, me apasiona La Regenta, pero la voz del narrador en muchas ocasiones se nota que es masculina y poco tiene que ver con los sentimientos que tuviera una mujer de la época. Y había escritoras, claro, pero el panorama no era como el que vivimos hoy. Porque ahora ya somos muchas las escritoras que hablamos de los sentimientos de las mujeres desde un punto de vista femenino, y no lo hacemos mal porque captamos muchos lectores, y de ambos sexos, no solamente de lectoras. Hay que empezar ya a dejar eso de que los hombres escriben para todo el mundo y las mujeres únicamente para las mujeres, porque está claro que no es así.

La nueva serie estrella de TVE

La historia de una España de posguerra donde una mujer se ve obligada, cuando su marido cae enfermo, a trabajar para sobrevivir junto a su hija. Es la base argumental de la nueva ficción elegida por TVE como la estrella del otoño en su programación. Basada en La sonata del silencio, de Paloma Sánchez-Garnica, está protagonizada por Marta Etura, Daniel Grao y Eduardo Noriega. 

Marta Etura y Daniel Grao en una escena de la serie de TVE 'La sonata del silencio'

Aunque Paloma no ha participado en el guion, cree que es un buen trabajo: "Solo he cedido los derechos, porque yo no sé escribir un guión –explica–. Lo que he visto me ha encantado y creo que la gente va a ver una muy buena serie".La escritora, que se ha mostrado encantada con que hayan elegido una ficción suya para llevarla a la pequeña pantalla, cree que es muy interesante hacer estas adaptaciones, porque es una forma de acercar la lectura a mucha más gente.