Creo que ya no le quiero

"Se nos rompió el amor, de tanto usarlo", decía la canción; y cierto es que el amor se rompe, pero más a base de desuso que de otra cosa.

A medida que cumplimos años –y acumulamos experiencias– todos vamos transformándonos. La pareja no está exenta de cambio y sobre ella recaen, además, los procesos de crecimiento de quienes la componen. Es fácil que, pasado un tiempo, te hayas convertido en una versión diferente de ti misma. Y, entonces, es fácil que esa nueva versión haya dejado de elegirle a él como compañero de vida.

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Si has dejado de querer a tu marido sabes que el amor que antes te llenaba se ha tornado en mera compañía, que en la ilusión se ha instalado la decepción por las expectativas frustradas y que de la admiración has pasado casi a la indiferencia. No le des más vueltas ni te atrevas a sentirte culpable, has dejado de quererle y esto, sencillamente, a veces pasa.

En el mejor de los casos, no te queda más que la familiaridad por el camino recorrido en común y el afecto vinculado al recuerdo. Ninguna de estas sensaciones parece suficiente como para mantener a flote una pareja. El amor en sí mismo es necesario, pero ni siquiera es suficiente… ¡Como para intentarlo encima sin él!

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Así las cosas, ¿qué opciones te quedan? Ahora, como siempre, puedes sentirte libre para tomar tus propias decisiones.

Mientras queda respeto mutuo y un vínculo afectivo, hay parejas que eligen permanecer unidas: por el compromiso, por motivos económicos, por sus convicciones morales, por evitar la soledad, por garantizar cierta estabilidad familiar… Explora tus propias necesidades y tus razones.

Otras, en cambio, no ven alternativa posible a la separación. Puede que él no quiera, que acuse más la tristeza o la soledad y que el camino se le haga más cuesta arriba. Pero si has decidido que esta no es la pareja en la que quieres vivir y que no hay vuelta atrás, entonces no queda más remedio que romper el matrimonio.

Decide cuál es tu caso. Quizá debas sentirte un poco "egoísta" a la hora de tomar una decisión, pero es que al fin y al cabo se trata de una decisión acerca de tu futuro y de la satisfacción de tus necesidades. Piensa, como ya hemos dicho en otras ocasiones, que nunca es tarde para amar. Solo tienes que darte permiso para volver a sentir.

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