¿Te ves guapa?

​La búsqueda de la perfección nos condena. Es hora de redefinir la belleza y asumir que el valor de las personas no está en su físico. ¿Por qué nos cuesta tanto vernos bien?

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Cuando ya era una venerable anciana, un periodista le preguntó a Eleanor Roosevelt, ex primera dama de EE.UU. y una de las mujeres más influyentes del siglo XX, qué le hubiera gustado ser en la vida, y ella contestó: "Más guapa". Puede parecer una respuesta frívola, incluso una broma, pero seguramente muchas mujeres, si hiciéramos un ejercicio de sinceridad y ya no tuviéramos nada que demostrar al mundo, suscribiríamos esa afirmación. O si apareciera el genio de la lámpara y nos concediera tres deseos no dudaríamos en pedir lo mismo. Porque la realidad, nos guste o no, es que somos pocas las que nos sentimos completamente satisfechas con nuestro aspecto físico. ¿Quién no ha asistido a una sesión de autoflagelación de una amiga, bastante atractiva por cierto, en la que enumera todos sus defectos como si fuera una letanía memorizada desde la más tierna infancia? ¿O quién no ha leído tropecientas entrevistas con modelos y celebrities despampanantes en las que afirman haberse sentido el patito feo de la clase y sufrido lo indecible por ello?

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Pero la pregunta del millón es: ¿por qué? ¿Cuál es la causa por la que millones de mujeres repartidas a lo largo y ancho del planeta, con todas las apariencias imaginables y de todas las edades, clases y culturas estén unidas por este sentimiento? Como es de suponer, la respuesta no es sencilla y tiene múltiples matices. Vayamos por partes: "Todo se debe al nivel de exigencia y de perfeccionismo que tenemos desde la cuna. Nos educamos en que hay que hacer todo perfecto y a la primera, y si no lo logramos es un fracaso. No aprendemos a ser compasivos con el error y, cuando nos equivocamos, lo achacamos a que no somos lo suficientemente buenas. En vez de admitirlo y aprender de ello, extraemos unas conclusiones que nos llevan a estar continuamente machacándonos. Queremos ser perfectas, nada es suficiente y esta exigencia desmedida afecta a todos los ámbitos de nuestra vida: la familia, la pareja, los amigos, el trabajo y, por supuesto, nuestra imagen", explica Patricia Ramírez, psicóloga experta en salud y deporte (patriciaramirezloeffler.com).

Queremos ser perfectas y esta exigencia desmedida afecta a todos los ámbitos de nuestra vida

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Mariela Michelena, psicoanalista y autora de varios libros en los que plasma su conocimiento del alma femenina, alude a la relación con nuestra madre: "Para el ser humano, lo más importante, lo que nos hace sentirnos bien en nuestro pellejo, tiene mucho que ver con la mirada de la madre. Y la mirada de una madre hacia una hija, aunque la quiera con locura, es la de una mujer hacia otra mujer, hacia una persona que un día se va a parecer a ella, y la rivalidad está servida. Y ese primer contacto tan cargado de ambivalencia nos marcará enormemente porque, de alguna manera, siempre vamos a estar bajo la mirada escrutadora de esa progenitora que no termina de estar satisfecha con su obra: 'Esto no te queda bien', 'siéntate de esta manera', 'a ver cómo te peino para que estés guapa'... Porque para una madre un niño es un niño, y ya está. Simpático, travieso, lo que sea, y probablemente cuando crezca tendrá sus más y sus menos con su padre, pero una niña tiene que ser, por encima de todo, bella". "¡Y delgada! Veo a muchas madres con niñas adolescentes que no las dejan engordar: 'Mira qué culo se te está poniendo', dicen. En la mayoría de los problemas que yo trato en la consulta, cuando escarbas un poco, hay un padre o una madre tóxicos detrás. Los padres tienen un poder enorme para potenciar a sus hijos o para cargárselos", añade Ramírez.

El poder de la imagen

Tal vez en la infancia se ponga en marcha ese doble rasero que mide la belleza femenina y masculina y ya nunca se detiene. Como una máquina diabólica: "Generalizando, las mujeres tienden a estar más preocupadas por su físico que los hombres por una cuestión cultural y machista. Su imagen suele ser su carta de presentación y, después, ya descubrimos otro tipo de aptitudes. Su aspecto es, en muchas ocasiones, la puerta de entrada a su reconocimiento y aceptación social, y eso es terrible. Está muy bien que una persona se cuide y tenga una buena imagen, pero no que esta se convierta en algo que la limite o la condene. Y en este sentido hemos avanzado muy poco porque siguen imperando unos cánones estéticos que nos facilitan las cosas o nos obligan a redoblar los esfuerzos. Estamos ante un trato discriminatorio porque todos deberíamos tener las mismas oportunidades", afirma el psicólogo Ignacio Calvo (icaropsicología.com). Para él, también tiene mucho que ver el estado de ánimo: "Cuando te sientes triste o frustrada tiendes a generar un filtro que te hace infravalorarte o verte peor de lo que eres. Esto es lo que ocurre con los trastornos alimentarios, que llega un punto que distorsionas tu imagen corporal. El factor emocional afecta negativamente, pero también ocurre todo lo contrario. Por ejemplo, una mujer embarazada o enamorada suele sentirse muy bien y muy guapa. La actitud ante la vida nos afecta y si no estamos a gusto con lo que tenemos nuestra autoexigencia va a reflejarse en la imagen", explica.

Lo que nos hace sentirnos bien en nuestra piel tiene mucho que ver con la mirada de la madre

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Admitámoslo: la vida es más fácil para los que han sido bendecidos físicamente. Y a quién no le gusta tener la suerte de cara, ¿no? En Beauty Pays: why atractive people are more successful ('La belleza tiene su recompensa: por qué la gente guapa tiene más éxito'), un libro de referencia sobre este tema, el economista estadounidense Daniel Hamermesh mantiene que las personas atractivas pueden obtener un salario hasta un 17 % superior al de las 'normales' y su buena presencia les ayuda a conseguir mejores trabajos, préstamos o hipotecas. Y un trabajo publicado en la revista Psychological Science va más allá y demuestra que las madres son más afectuosas con los bebés monos, que los profesores prestan más atención a los estudiantes guapos y que las condenas suelen ser más livianas cuanto más atractivo sea el culpable. Esto es lo que los expertos denominan 'el efecto halo', un término acuñado por el psicólogo Edward L. Thorndike que consiste en asociar características positivas o negativas a una persona a partir de una primera impresión. Por ejemplo, si alguien nos resulta atractivo, aunque no lo conozcamos, tendemos a asignarle buenos atributos, como la generosidad, la inteligencia o el éxito social y sentimental.

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Centrándonos en el sexo femenino, Deborah Rodhe, profesora de derecho y ética en la Universidad de Stanford (EE.UU.) afirma en su libro The Beauty Bias: the Injustice os Appearance in Life and Law ('El sesgo de la belleza: la injusticia de la apariencia en la vida y en la ley'), que "los estándares de apariencia son mucho más exigentes con las mujeres y las penalidades por tratar de alcanzarlos son mayores". Y una encuesta elaborada en 2013 por la GUIDE Association (Asociación Global de Universidades a Distancia) concluye que un 87 % de las mujeres entrevistadas, de entre 11 y 21 años, creen que son juzgadas más por su apariencia que por sus aptitudes.

Hay mujeres que basan su bienestar en su aspecto, tratan de combatir su inseguridad a través del físico

Con todos estos datos en la mano, no es de extrañar que las mujeres nos lancemos a una carrera contrarreloj –y nunca mejor dicho– para conseguir la mejor versión de nosotras mismas. Como prueba, las ingentes cantidades de dinero invertidas en moda, cosméticos, tratamientos de belleza y cirugía estética. De hecho, según datos de la Sociedad Española de Medicina y Cirugía Estética, España es el cuarto país del mundo en intervenciones de este tipo –tras EE.UU., Brasil y Argentina– y ostenta el récord de pacientes de entre 18 y 21 años. Y otro dato muy revelador: en 2014 solo el 13,8 % de los pacientes eran hombres: "Hay mujeres que basan su bienestar en su aspecto y esta lucha se convierte en una cuestión infinita porque siempre se puede mejorar o acercarse a esos cánones de belleza que idealizamos. Son personas que tratan de combatir su inseguridad a través de su físico, y ese es un problema que hay que trabajar a nivel psicológico, porque en vez de generar un control interno para sentirse mejor como personas, lo llevan a un control externo en el que la imagen lo define todo", argumenta Calvo.

Redefinir lo bello

Lejos de mejorar en la aceptación de nosotras mismas, la aparición de las redes sociales ha colocado el cuerpo femenino en el punto de mira. Los modelos a imitar se multiplican y las críticas se tornan feroces: "La presión ahora es mucho mayor porque todo tiene más visibilidad –afirma Patricia Ramírez, la psicóloga española con más seguidores en redes: 114.000 en Twitter y 40.000 en Instagram–. Antes comprabas una revista y veías a Inés Sastre o Claudia Schiffer, eran solo una cuantas; ahora te conectas y son cientos de miles: anónimas, influencers, celebrities... que te llevan a pensar que no puedes quedarte al margen. Y además está Photoshop, que transmite una imagen retocada que no es real y, lo que es todavía peor, se asocia con 'mira qué feliz soy'. La felicidad va de la mano de tener unas piernas largas, ir perfectamente maquillada y vestir a la moda. El bienestar no va unido a que comas de forma saludable, tengas amigos o un hobby que te haga sentir bien". Y cuando hablamos de millennials esta influencia puede ser devastadora: "Entre los 14 y los 30 lo bello es lo bueno y lo bello es tratar de estar siempre impecable siguiendo unas normas estéticas que cada año se ponen de moda en las redes. Y como vivimos en la comparación y la competición continua, cuando no te ves lo suficientemente guapa o exitosa todo te genera inseguridad –continúa–. Pero a partir de los 40 las cosas empiezan a cambiar. Se valora la naturalidad, también los hombres, a pesar de lo que creemos, y las mujeres se aceptan más como son y asumen que el valor de las personas no está en su aspecto". Como apunta la psicóloga Karen Young, fundadora de la prestigiosa web heysigmund.com, "estamos al borde de un problema muy serio. El mundo de los bloggers y youtubers ha creado una sensación perversa y homogeneizada de la belleza, ni real ni diversa, que contribuye a un alarmante crecimiento de la dismorfia. Tenemos que redefinir qué es bello y ampliar su espectro".

A partir de los 40 es cuando asumimos que el valor de las personas no está en su aspecto

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¿Cómo luchar, contra una misma y los elementos externos, para lograr el objetivo de sentirnos bien en nuestra piel? "Yo promuevo la aceptación, que no es lo mismo que la resignación. Es decir, yo puedo trabajar en un cambio para encontrarme mejor físicamente pero tengo que aceptar lo que hay. La autoestima baja es la consecuencia de no verte nunca bien hagas lo que hagas, y muchas mujeres se pasan media vida rechazándose cuando deberían estar agradecidas por lo que tienen", argumenta Ramírez. "La labor de los padres es esencial, deben transmitir a sus hijos un amor incondicional que no esté viciado por la imagen y establecer espacios de desconexión en los que primen otros valores. Porque si tienes un padre o una madre obsesionado por la apariencia, esa será la educación que recibas", sentencia Ignacio Calvo.

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Las redes implacables

Asomarse a los redes sociales puede ser como subir a un ring sin protección y encontrarse ante miles de boxeadores con ganas de pelea. Si hay un tema que provoca auténticas guerras virtuales, ese es el aspecto físico de las mujeres. Y las críticas pueden ser despiadadas, sobre todo con las celebrities. Que se lo digan a la actriz y guionista Lena Dunham, creadora de la serie Girls y feminista activa, que borró temporalmente su cuenta en Twitter por los comentarios que recibió tras subir una fotografía suya en ropa interior: "Ponte a dieta, cerda" o "dan ganas de vomitar" son solo algunos de los insultos reproducibles. Hace unas semanas Ariel Winter, la hermana sabelotodo de Modern Familiy, optó por responder con contundencia: "Es verano. Superadlo. No soy una puta por llevar shorts y tops de tirantes. Soy una chica normal". Algo parecido le ha ocurrido a Susan Sarandon cuando se ha atrevido a presumir de escote en la alfombra roja, a Rihanna por haber ganado unos kilos, a Alicia Keys por no maquillarse... La lista es interminable.

¿Qué es para ti la belleza?

Imagen de la fotógrafa Ouka Leele

"Poner la música a todo volumen", "estar en paz y tranquilidad", "el olor a café por las mañanas"... Estas son algunas de las situaciones que resultan bellas para las mil personas –mitad hombres y mitad mujeres de todas las edades– que han participado en el primer estudio sobre la percepción de la belleza para los españoles elaborado por L'Oréal España. Y son muchos los que, afortunadamente, comienzan a identificar la belleza en aspectos como la naturaleza (46,3 %), la felicidad (31,9 %), la familia (26,6 %), el bienestar y la autoestima (26,3 %), relegando el cuerpo (19,4 %), la cara (18,3 %) y el sexo (15,1 %) a las últimas posiciones. Además, para ellos, la naturalidad (70,8 %), la atracción (68 %), la actitud (59,3 %), la cultura (53,6 %) y la belleza interior (50,5%) son conceptos íntimamente relacionados con la belleza. Según la escritora Elvira Lindo, uno de los personajes relevantes de la sociedad española que han participado en este pionero estudio, "la belleza siempre tiene algo que ver con lo emocional, con la sensualidad, con algo que te provoca mirar y no apartar la vista. Me gusta mucho la belleza física, mirar a las personas guapas, tanto hombres como mujeres, y aprecio cuando una persona es guapa y tiene candor, inocencia; es decir, cuando no tiene arrogancia y no se aprovecha de su belleza. Ahí se da un cóctel maravilloso". Para la fotógrafa Ouka Leele se trata de algo "necesario para vivir, algo que no tiene un canon, sino más bien pasión, que tiene que ver con algo que emanan los cuerpos y que emana la existencia, con la luz y la energía. La belleza es imprescindible, como agua de manantial. Si no pudiera acceder a ella en unos días, creo que me pondría enferma".