Manos de santo

Malas posturas, sedentarismo, estrés... bloquean el sistema nervioso y afectan a nuestra salud. La quiropráctica ofrece una solución natural para aliviar estos problemas.

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Llevo unos meses con un dolor de espalda de origen desconocido y cuya intensidad ha ido creciendo con el paso del tiempo. Empezó en la zona lumbar y se ha ido extendiendo hasta conquistar el cuello, degenerando en unas jaquecas intermitentes. He probado de todo: estiramientos, yoga, corrección postural y me he comprado una nueva almohada anatómica. Nada. Hasta que un amigo, jugador de baloncesto y que lleva varios años yendo a uno, me dijo: “¿Por qué no vas a ver a un quiropráctico?”.
Así que pedí cita en la consulta de Gonzalo Vidal, especialista en la columna vertebral y miembro de la Asociación Española de Quiropráctica, que me explicó los secretos de esta disciplina: “Nuestro enfoque es ayudar a las personas a cuidarse por dentro, desbloqueando el sistema nervioso, el responsable de regular la información que reciben los órganos, músculos, articulaciones, etc.”.

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Ajustes en las vértebras
La columna protege la médula espinal, formada por millones de fibras nerviosas que transmiten órdenes desde el cerebro a todo el organismo. Cualquier interferencia en estos nervios produce un desequilibrio. “Las vértebras pueden desalinearse debido a infinidad de causas: malas posturas, uso de tacones, dietas desequilibradas, tabaquismo, estrés... Nuestro trabajo es restablecer la posición correcta de forma manual”, explica Gonzalo, uno de los 150 quiroprácticos que ejercen en nuestro país. Hay dos universidades, en Madrid y Barcelona, que ofrecen este título superior, que no se homologará por lo menos hasta 2012. En EEUU, sin embargo, es la tercera disciplina médica en número de profesionales (sólo en California hay más de 60.000).
En la primera visita me hacen un escáner de la espalda, unas pruebas de flexibilidad del cuello, me toman la tensión y me encargan una radiografía completa de mi zona dorsal. Una semana más tarde vuelvo a la consulta y Gonzalo me pide que me siente en la camilla sin quitarme la ropa. Empieza a moverme el cuello de izquierda a derecha hasta que, sin avisar, cambia la intensidad del movimiento y el cuello me cruje como si estallase papel de burbujas. La maniobra es completamente indolora, pero la verdad es que el sonido impresiona. Mientras, me cuenta que su función no es corregir síntomas, sino ayudar a mantener el sistema nervioso sano. Se trata de localizar las zonas de la columna afectadas y aplicar diversas técnicas, denominadas ajustes. Los diferentes tipos de vértebras están relacionados con el funcionamiento de distintos órganos y zonas corporales. Así, las cervicales afectan al cuello y al oído; las dorsales, al corazón, al estómago o a los pulmones, y las lumbares, al intestino grueso o al apéndice.

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Más vale prevenir
Después, me tumbo en la camilla, que cuenta con una serie de pedales que elevan determinadas zonas del cuerpo. Gonzalo explora con las manos mi espalda hasta que da con las vértebras que se han desalineado y las reajusta con mucha precisión y otro concierto de crujidos. Desde ese momento ya me siento mucho mejor: el dolor ha disminuido, estoy más ligero y, cuando me pongo de pie, noto que mi postura se ha estilizado. Tengo la sensación de haber crecido un par de centímetros, aunque no sé si es así.
Es difícil encontrar un perfil común entre las personas que acuden a la consulta. “Hemos observado mejoras sustanciales en niños con déficit de atención y también que la sintomatología de la fibromialgia disminuye considerablemente”, comenta Gonzalo. Por otro lado, “no es necesario sentir dolor o padecer alguna enfermedad para acudir a un quiropráctico”. ¿Conclusión? Me siento mejor.