Claves para sobrevivir a una familia tóxica en Navidad

Una familia no es siempre un remanso de paz en el que todos se quieren y se apoyan sin condiciones. Muchas veces la relación entre sus miembros genera sentimientos negativos que la convierten en una bomba de relojería. ¿Es posible ponerse a salvo antes de que estalle?

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Todavía faltan unas semanas para que dé comienzo esa gincana de atracones y reuniones familiares llamada Navidad, pero ya son muchos los que, solo de pensarlo, tienen sudores fríos. Compartir sobremesas non stop con una suegra manipuladora, un padre castrante o un hermano que ha monopolizado todo el afecto no es para menos. Sin llegar al extremo de Julia Roberts intentando estrangular a los postres a su odiosa madre (Meryl Streep) en la película Agosto, no hay más que echar un vistazo a la historia del cine y la literatura para confirmar que una aparentemente idílica celebración puede ser un campo de minas.

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Pero que no cunda el pánico: en todas las familias hay problemas y conflictos, como los que pueden ocasionar una herencia o diferencias ideológicas, pero eso no significa que sean tóxicas. Porque ¿en qué quedaría un auténtico clan español si elimináramos las discrepancias y las discusiones a voz en grito? "Se considera que una familia es tóxica cuando sus miembros se relacionan desde la falta de respeto, el chantaje emocional, la manipulación perversa, el insulto, el desprecio, la falta de empatía, el abuso verbal y físico, la desconfianza, la venganza o la traición", aclara la psicóloga Laura Rojas Marcos, autora del libro La familia. De relaciones tóxicas a relaciones sanas (Grijalbo). Casi nada. Todo un catálogo de lo peor de la condición humana que convierte los lazos de sangre en papel mojado. "La interferencia en la vida emocional del individuo es la clave cuando se le causa un malestar considerable porque no se le permite desarrollarse con normalidad. Por ejemplo, ignorándole completamente o controlando todos sus actos", explica Vanesa Fernández, doctora en psicología, experta en psicopatología de las emociones y profesora de la Universidad Complutense de Madrid (www.vanesafernandez.es): "Este tipo de familias suelen ser muy cerradas. Desde la psicología, la familia se entiende como un sistema formado por diferentes integrantes que, cuando es sana, pueden entrar y salir libremente e introducir nuevos elementos, como amigos o parejas, pero cuando es tóxica esta posibilidad queda completamente vetada. De tal manera que, como ocurre en una casa en la que no entra un rayo de luz, la familia se va deteriorando poco a poco. Además, también suele haber secretos, como una infidelidad o problemas económicos, que solo conocen algunos miembros y generan relaciones disfuncionales o roles inadecuados", añade.

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Todos podemos ser tóxicos

El estudio Voces escondidas. Rupturas familiares en la época adulta, realizado en 2015 por la Universidad de Cambridge y la ONG Stand Alone, recoge los motivos de 800 personas que dejaron de relacionarse con algún familiar. Y los más frecuentes, tanto entre padres e hijos como entre hermanos, son abuso emocional, desigualdades en los roles familiares, diferencias de personalidad, desatención, enfermedad y un evento traumático. Además, los hijos varones destacan cuestiones relacionadas con la familia política (25 %) como el detonante del alejamiento. Y si describimos una ruptura tipo, en la mayoría de los casos son los progenitores los que inician el distanciamiento, los hijos están en la treintena y se produce en fechas señaladas como Navidad o celebraciones importantes. Otro dato interesante: los hermanos aluden como desencadenante, en un 34 % de los casos, al favoritismo de los padres. Porque según una encuesta realizada por la Universidad de Oakland (California), entre el 66 % y el 75 % de las madres tienen un hijo preferido, lo que genera una rivalidad que puede tener consecuencias desastrosas. No hay que olvidar que las relaciones familiares son circulares y las dinámicas envenenadas pueden darse entre todos sus miembros, pero, como afirma Rojas Marcos, "son más dañinas en las que existe una jerarquía autoritaria desigual. Es decir, unos padres pueden causar más dolor porque un niño no tiene los recursos ni las habilidades para defenderse o valerse por sí mismo. Sin embargo, en la actualidad hay cada día más adolescentes que son tóxicos y, en ocasiones, agresores".

Laura Rojas Marcos. Psicóloga

"Hay que enseñar a los más pequeños a ser generosos, empíricos, asertivos y respetuosos consigo mismos. Ser afectuoso ayuda"

Sara podría ser uno los integrantes de este estudio. Sus padres nunca le hicieron caso, ni a ella ni a su hermano pequeño: "Trabajaban mucho y salían bastante; probablemente nunca desearon tener hijos. No nos faltaba de nada pero tampoco nos cuidaban. Les daba igual las notas que sacábamos y a la hora que llegábamos a casa, los novios que teníamos o la carrera que escogimos. No nos mostraban ninguna clase de afecto, pero, en vez de echárselo en cara, siempre me culpabilicé por ello. Pensaba que si no me querían era porque algo habría hecho yo mal", explica. En el extremo opuesto se encuentra Marta. Su padre era tan autoritario que nadie se atrevía a contradecirle: "Siempre hacíamos lo que él ordenaba sin rechistar. Decía que era para protegernos, pero aquello era una tortura. Yo estudié derecho a pesar de que no me gustaba porque era lo que él quería, y jamás salía los fines de semana porque nos reprochaba que le dejábamos solo. Sin duda, hay amores que matan. Yo me casé con el primer novio que tuve, al que él se opuso, por supuesto, solo para salir de casa. Nos separamos enseguida, pero yo ya había conseguido poner tierra de por medio", cuenta. Según Vanesa Fernández, hay dos emociones recurrentes en las familias tóxicas: el miedo y la culpa: "En una relación dictatorial el miedo paraliza a sus miembros, pero en las pasivoagresivas, esas que no te dicen nada, pero te hacen sentir fatal con comentarios tipo '¿has quedado con tu novia? Ay, qué pena, pensaba que hoy ibas a comer con nosotros', o en las que no hay atisbo de afectividad, el sentimiento de culpa es predominante. La familia es la primera institución que tiene que darte cariño y enseñarte a recibirlo. Y si no lo hace las consecuencias pueden ser demoledoras, sobre todo en los niños. Ellos no entienden que sus progenitores no les den afecto y se sienten culpables por no merecerlo o asumen que así es como se quiere. Y lo más probable es que pasen el resto de su vida buscando ese cariño que no han tenido o que se conviertan en unos déspotas porque les han enseñado que en la vida no es necesario recibir ni dar amor", explica.

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¿Las familias tóxicas nacen o se hacen? Probablemente haya algo de las dos cosas. Por tanto, es posible prevenir que heridas leves se conviertan en incurables. "Lo primero es aceptar que todos somos distintos, con formas de ser y objetivos diferentes. Además somos seres imperfectos y, en consecuencia, cometemos errores. De manera que no podemos esperar que los demás cumplan siempre nuestras expectativas. A partir de ahí, el respeto es básico para construir relaciones sanas, sean familiares o no. También es esencial que exista una buena comunicación, donde se aprenda a escuchar y pensar antes de hablar. Y evitar la manipulación perversa y el chantaje para controlar a los demás con un fin egoísta, la agresividad y las conductas violentas. Para eso hay que enseñar a los más pequeños, desde el ejemplo, a ser generosos, empáticos, asertivos y respetuosos consigo mismos. Ser afectuoso ayuda pero lo más importante es que exista confianza, seguridad y protección", argumenta Laura.

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Tener en cuenta estas claves supone ahorrarse mucho sufrimiento porque las consecuencias de crecer en una familia tóxica suelen ser muy dañinas: "Pueden producir muchísimo estrés, ansiedad, angustia, desazón, inseguridad, baja autoestima, desconfianza, miedo y problemas de salud física y mental", afirma Laura Rojas Marcos. Y no es sencillo salir de ellas. Primero, porque consideramos que la familia es una unión casi sagrada que no se debe dinamitar por nada del mundo y, segundo, porque no se suele ser plenamente consciente de pertenecer a una familia disfuncional. Lo normal es que la comunicación interna y externa sean casi inexistentes y que creas que tu familia es como las demás y, hasta que no vuelas del nido o un elemento externo te abra los ojos, ni siquiera te lo planteas. "Sobrevivir a ella no es fácil, pero sí es posible. Por tanto, no hay que caer en la desesperación. El paso inicial es identificar la persona y la conducta tóxicas y, después, los sentimientos que produce. Preguntarse: '¿Cuando estoy con ella siento culpa, rabia, inseguridad, miedo....?'. Si uno cree que puede resolver la dinámica hablando, animo a tener las conversaciones que hagan falta. Quizá también ayude hablar con un mediador o un profesional que contribuya a resolver el problema o cambiar determinados hábitos destructivos. Pero, en caso de que no haya nada que hacer porque ya se ha intentado sin resultados positivos, lo mejor es poner distancia, tanto emocional como física. Aceptar la realidad y pasar página de la mejor manera posible", argumenta Rojas Marcos.

Recurrir a ayuda profesional

Sofía no se dio cuenta de que había estado inmersa toda su vida en una relación vampírica hasta que acudió a terapia a causa del estrés laboral que sufría. Pero en cuanto el psicólogo comenzó a escarbar en su vida familiar todo salió a la luz: "Mi madre me martirizaba desde niña y criticaba todo lo que hacía. Siempre me decía que estaba gorda y que nadie me iba a querer, así que me volqué en los estudios para intentar que estuviera orgullosa de mí, pero tampoco lo conseguía. Yo imaginaba que aquello no era sano, pero no me atrevía a hablarlo con nadie porque ella, de puertas para fuera, era una mujer encantadora. Cuando me di cuenta del daño que me causaba, decidí alejarme de ella", cuenta Sofía. La psicóloga Patricia Ramírez (www.patriciaramirezloeffler.com) es contundente con este tipo de casos. "Hay que decirlo alto y claro: hay madres manipuladoras, egoístas o chantajistas, y el hecho de que sea tu progenitora no te obliga a bajar siempre la cabeza. Tal vez decidas estar en paz con ella, pero solo la veas una vez al mes o impongas tus propias normas para no volver a caer en el mismo círculo vicioso", afirma.

Vanesa Fernández. Psicóloga

"La familia es la primera institución que tiene que darte cariño y enseñarte a recibirlo. Si no, las consecuencias pueden ser demoledoras".

"No hay que lamentarse toda la vida de lo que te han hecho ni culpar a la familia de todo lo que te pasa, porque cuando eres adulto las cosas dependen de ti. Esto no quiere decir que sea un proceso sencillo. Pedir ayuda a un agente externo para que ponga orden puede ser una vía, pero este tipo de grupos se resiste porque ha impuesto unas normas de las que saca rédito y no quiere que cambien. Lo mejor suele ser cortar los hilos, alejarse y, desde la asertividad, con franqueza, pero sin causar dolor, tratar de establecer otra clase de relación. Pero lo cierto es que es complicado olvidar lo mal que te han hecho sentir", concluye Fernández.

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