Nuevas tendencias: ¿Has oído hablar de la dieta de las emociones? Sus 5 claves

¿Qué tiene que ver lo que comemos con nuestras emociones? ¿Nos alimentamos de forma diferente en función de nuestro estado de ánimo? Una nueva tendencia nos anima a cuidarnos más allá de contar calorías.

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1.- CUANDO NO ES HAMBRE, SINO ANSIEDAD

Puede que el problema no sea qué comes sino lo que te está comiendo a ti. La ansiedad, el estrés, la tensión, la rabia, la frustración, la soledad, el miedo... "La comida nos produce ciertas sensaciones y emociones, y a su vez las emociones nos llevan a comer ciertos alimentos y no otros. Es la pescadilla que se muerde la cola", asegura Neus Elcacho, dietista integrativa y autora de La dieta de las emociones (ed. Cúpula). Todo esto desequilibra nuestro sistema nervioso y la forma de comer se resiente: nos apetece llevarnos a la boca grasas y dulces, ingerir más de la cuenta y hacerlo más rápido de lo normal. Sufrimos hambre emocional. Además, los alimentos nos afectan a nivel energético. "Unos relajan el sistema nervioso, como la calabaza, la zanahoria y la cebolla; otros lo tensan, como la sal, las harinas refinadas y los embutidos; y otros lo debilitan, como la cafeína, el azúcar y el vinagre", asegura María Kindelán, coach nutricional.

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2.- LA LISTA DE LA COMPRA

Para combatir el hambre emocional y no canalizar nuestras frustraciones a través de la comida es básico equilibrar las hormonas: rebajar los niveles de cortisol (responsable del estrés), y aumentar el cuarteto de la felicidad y la relajación: endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina. ¿Cómo? "Consumiendo inmunoestimuladores y antidepresivos naturales que mejoran el estado de ánimo y aportan energía estable durante todo el día. Exactamente, alimentos ricos en magnesio y vitaminas del grupo B, como los vegetales de hoja verde oscura, la levadura de cerveza, el arroz integral, la avena, el mijo, el polen, los frutos secos, los guisantes y las lentejas. Y los que aportan ácidos grasos omega 3 y minerales como el zinc, el calcio y el hierro, como el pescado azul, las almejas, los berberechos, el aceite de oliva, el alga espirulina, el germen de trigo, las semillas –lino y chía– y la quinoa. Además de alimentos ricos en triptófano, como el pavo, el pollo, los lácteos desnatados, los huevos, la soja, el chocolate negro, la piña, el plátano, la ciruela y el aguacate", enumera la dietista Elcacho.

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3.- CUIDADO: ¡HAY ALIMENTOS QUE DEPRIMEN!

Aunque en un momento parezca que nos proporcionan satisfacción, las conservas, los ahumados, los quesos curados, las carnes rojas y procesadas, los embutidos, las bebidas azucaradas, el fast food, los precocinados, los refinados (bollería industrial, cereales, pasta y arroz), los dulces, el pan blanco, la cafeína y el alcohol son todo lo contrario. "Estos alimentos no nos nutren y son adictivos, neurotóxicos, inmunosupresores y nos deprimen física y emocionalmente", asegura Neus Elcacho. Sin embargo, hay otros como los probióticos, o las bacterias Bifidobacterium longum, Lactobacillus rhamnosus y Escherichia coli que reducen el estrés, la depresión y la ansiedad por la comida. Las encontramos en el kéfir o yogur natural, el chucrut, el tempeh, el miso y la bebida kombucha", concluye.

4.- FITNESS SÍ, PERO EMOCIONAL

Hacer ejercicio físico de forma regular modula nuestro sistema nervioso. Hay estudios como el de la neurocientífica Wendy Suzuki, que demuestran que el gran beneficio de la actividad puede ser más mental que físico, puesto que estimula la neurogénesis o nacimiento de neuronas nuevas en el cerebro, relacionadas con las emociones. Eso sí, aunque las actividades que entrañan más riesgo, como el esquí o la escalada, potencian un mayor clímax emocional, es mucho más útil utilizar el ejercicio como una herramienta de crecimiento personal estable. El fitness emocional hace referencia a que el ejercicio favorece los estados de ánimo positivos y regula la ansiedad. No hay que dejarse llevar por modas, sino hacer lo que nos gusta aunque, eso sí, conviene añadirle un mantra (pensamiento positivo) para reforzar su efecto 'emocional'.

5.- CREMAS 'WELLBEING', TERAPIA COSMÉTICA

Ha surgido una nueva generación de cosméticos profelicidad que incorporan en sus formulaciones activos que a través del olfato estimulan las "neuronas de la felicidad" en el cerebro. Contienen esencias florales, aceites esenciales y vegetales, y plantas adaptógenas que ayudan al organismo a adaptarse a los cambios con un espíritu positivo.

Body Wellness de The Emotions Lab, 49,90 €.

"Pueden incrementar la energía y aumentar la capacidad del organismo para soportar el estrés, la fatiga y los desequilibrios emocionales", asegura el experto en medicina china John Tsagaris (tacha.es). "Si las utilizamos con asiduidad, no solo actúan sobre bolsas, ojeras, rojeces, arrugas, cansancio, falta de luz… sino que van a la raíz del problema que las ocasiona y que tiene su origen en emociones estancadas, repetitivas o desarmonizadas".

Age-Adapt Daily Moisturiser de Skin Point Eight, 228 €.
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