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1. ¿Cómo como? De nada sirve ponernos una dieta estricta cuando nuestro problema no es lo que comemos, sino cómo comemos; es decir, nuestra relación con la comida. Coge papel y lápiz y empieza a preguntarte: ¿cuándo comes? ¿Haces tres o cinco comidas? ¿Comes entre horas? ¿Aprovechas cualquier excusa para comer de más? Cuando picas entre horas, ¿tomas un aperitivo saludable o te rindes a las grasas? Cuando tengas las respuestas podrás empezar a poner remedio.

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2. Usa tu imaginación. Piensa que las ganas de saltarte la dieta son el diablillo que llevas dentro, al que tendrás que enfrentarte con tu angelito particular... ¡y haz de la pelea algo divertido! Por ejemplo, si tu tentación sueles ser una bolsa de patatas fritas al volver del trabajo, cámbialas de sitio y pon en su lugar unas sanas e hipocalóricas zanahorias, para que cuando las busques seas consciente de que has caído en tu propia trampa.

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3. ¿Hambre o ganas de comer? Cuando estés a punto de hincarle el diente a esa tableta de chocolate, detente durante tres segundos y pregúntate a ti misma: "¿Tengo realmente el estómago vacío y me suenan las tripas o simplemente tengo ganas de comer... porque sí?". Identifica cuándo comes por aburrimiento porque no tienes nada mejor que hacer o incluso simplemente porque crees que te toca, y actúa en consecuencia.

4. Objetivos realistas, por favor. No hay milagros ni en las dietas milagro, así que, si no quieres que la decepción te lleve a abandonar, plantéate metas medibles y por etapas. Traduce el "quiero estar delgada" a una lista en la que escribas cuántos kilos quieres perder, cuánto dinero vas a invertir en médicos o gimnasios, de cuánto tiempo dispones para cocinar o para hacer deporte... Ir tachando cada meta que se consigue es un buen estímulo para no rendirse.

5. Date un capricho... pero no de comer, claro. Cuando definas las etapas de tu plan de adelgazamiento, pon junto a cada una de ellas la recompensa que te darás por haber sido buena: tras el primer kilo, una sesión de peluquería, por ejemplo; después del cuarto, unos pantalones nuevos, y cuando llegues a tu meta, ¿qué te parece una escapada de fin de semana con tus amigas para lucir tipazo? Así será mucho más fácil vencer las tentaciones. Compruébalo.

6. Perdónate. Y si a pesar de todo caes un día, no te fustigues: todos cometemos errores, pero no perdonarse a una misma es uno de los peores. Perdonarte te ayudará a controlar tu ansiedad por la comida y a no caer en la espiral del atracón. Y si, por ejemplo, has sucumbido a un plato grasiento o has rematado con un postre hipercalórico, no te castigues por tu poca voluntad: sé buena contigo y proponte no volver a hacerlo.