Recupera su amistad

¿Tu compañera del alma es hoy tu íntima enemiga? ¿De hablar horas por teléfono pasasteis al más rotundo silencio? La psicóloga Patricia Ramírez nos da las claves para recuperar a una amiga en ‘Autoayúdate’ (Ed. Espasa)

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Olvida el “y tú más”.  Que sí, que llevas toda la razón del mundo. Es imperdonable que a ella se le olvidaran tus tres últimos cumpleaños, que te quitara un novio en tercero de carrera, que presentase su candidatura a ese maravilloso trabajo a tus espaldas y que organizara un par de fines de semana de chicas sin contar contigo. Pero ¡olvídalo ya! Sacar trapos sucios a ventilar y hacerse la víctima no va a solucionar nada, por mucha razón que tengas.

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No esperes. No seas de esas que hacen como que no les ha dolido un desplante e intentan esconder su enfado tras una sonrisa, para luego sacarlo a relucir años más tarde y sin venir a cuento. Si te molesta ser siempre tú quien tiene que llamarla para saber de ella, o si te duele que nunca tenga tiempo para ti, díselo cuanto antes, con buenas palabras. Así evitarás estallar cual hidra y montar el numerito en el momento menos oportuno.

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Busca sus virtudes. Reconócelo: si habéis sido tan amigas, ¡algo tendrá para hacerse merecedora de toda tu confianza! Recuerda las veces que te ha hecho sonreír cuando se te hundía el mundo por un enfado con tu marido, los viajes a lo Thelma y Louise que habéis hecho o solo planificado y esas tardes de compras, muertas de risa en un probador a cuenta de un pantalón estrecho que se atasca en las cartucheras.

Retoma aficiones en común. ¿Qué tal si volvéis a quedar para ir a bailar a ese local que tanto os gustaba? ¿Por qué no sacas entradas para el concierto de vuestro grupo favorito o para ese espectáculo que sabes que le encantará? A lo mejor resulta que tanto tiempo con tu pareja y tus hijos ha pulverizado tu faceta de amiga. Así que busca un buen plan, coge el teléfono y llama a aquella que era tu hermana... Sí, sí, esa chica, ¿te acuerdas?

Practica la empatía. No dramatices, porque ella no es Cruella de Vil. Por mucho daño que te haya hecho, seguro que eres capaz de ponerte en su lugar. A lo mejor no es que se haya olvidado de ti, sino que el trabajo la absorbe y no tiene tiempo ni de mirarse al espejo. O resulta que no te llama para preguntarte qué tal te va la vida porque ha perdido su trabajo... y tú no te has enterado porque tampoco la has llamado para ver qué tal le iba.

Ten un gesto bonito. Vamos, sal a la calle y busca una tienda donde encontrar un detalle especial para sorprenderla. Un delicado broche, un ramito de sus flores preferidas, una botella de ese vino que tanto le gusta, un libro de su escritor favorito... Imagina cómo se quedará cuando, después de tus malas contestaciones o silencios, vea que te has acordado de ella y que regresas con actitud conciliadora