6 claves para empezar de cero

¿Creías que ya tendrías tu vida encarrilada y estás sin trabajo, compuesta y sin novio, de vuelta en la casilla de salida? ‘Reinventarse. Tu segunda oportunidad’, de Mario Alonso Puig (Ed. Plataforma), nos da pautas para volver a empezar.

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1. Un pulpo y un garaje. Cualquier giro de guion exige un periodo de reflexión: aplícalo generosamente cual untuosa mascarilla capilar, pero... no te instales en él como si fuera una confortable chaise longue. Ahora estás perdida, sí, pero pasado un tiempo prudencial, saca la artillería pesada: talentos, encanto, experiencia... ¡sería un crimen desperdiciarlos! Apunta hacia un objetivo mentalmente motivador y... ¡dispara!

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2. La batidora mental. Ya sabes lo que quieres hacer: volver a la universidad, ser madre, abrir un negocio, buscar empleo en otro sector... Tienes un objetivo capaz de moverte del sofá y ahora solo tienes que pasar a la acción sin perder un solo día, para perseverar, sigilosa como una pantera de Cartier. ¡Y no le des más vueltas! Solo conseguirás provocarte ansiedad. No esperes a estar bien para actuar: la ecuación funciona al revés, ¡actúa para sentirte bien!

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3. Tictac, tictac. Estás sin novio y con el reloj biológico a punto de estallar: te agobias, pero te va a tocar relativizar. Sí, tu madre criaba hijos adolescentes a tu edad, pero hoy los treinta ya no son años de consolidación laboral o sentimental. ¡Ni los cuarenta! Y eso también es liberador. Cuestiona etapas impuestas, diseña las tuyas, no te enamores a la desesperada y si ser madre es prioritario para ti, valora la maternidad en solitario como una opción más.

4. Houston, tenemos un problema. Consuélate: nunca sufrirás como Escarlata O’Hara, capaz de reinventarse entre guerras, muerte y bailes con el más feo, y llorando mucho, eso sí. En otras palabras, que no te amilanen tus inseguridades ni las dificultades objetivas (a ver quién encuentra un trabajo fijo hoy). Planta cara a tus miedos y a los mantras con los que te sueles boicotear (“cómo voy a hacer eso”, “no podría”, “es tarde ya”...). ¡Envalentónate!

5. Mi madre me mata. En el despegue desde el cero patatero –nunca es tal, siempre partes de tu experiencia–, la clave la tienes tú. Pero la tajada es sabrosa, y amigos, primos, madres bienintencionadas y demás familia pueden lanzarse vertiginosamente en picado a opinar. Con la mejor intención, seguro. Pero vuestros intereses pueden no coincidir. Avanza de forma autónoma: eres tú quien elige hacia dónde vira tu vida.

6. Alerta naranja. Si tu chico te ha plantado, así, a bocajarro, activa el plan B de emergencia posruptura: es costoso, pero infalible. Acepta el dolor, pero evita, ¡ay!, la autocompasión y las conductas destroyer; aprovecha para vértelas sola (nunca está de más), activa la autocrítica (aprende, no te culpes), disfruta de gustos, aficiones e incondicionales... y vuelve al mercado más madura y tranquila: está rebosante de personas interesantes que descubrir.