Las 6 claves para ser una auténtica gourmet del sexo

En las relaciones íntimas, como en gastronomía, cada vez existen más opciones de menú y más formas de degustación. Sexo gourmet, de Núria Jorba (Ed. Debolsillo), te enseña cómo huir del menú de todos los días.

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Comer, gustar, amar. Desde que Kim Basinger se untara de fresas con nata en Nueve semanas y media, la unión entre alimentos y prácticas de alcoba ha evolucionado mucho: según tu grado de sofisticación puedes  extender chocolate, lubricantes de sabores o cremas comestibles sobre el cuerpo de tu pareja. O también recurrir al sushi corporal, muy popular en Japón y que consiste en servir makis y nigiris sobre la piel desnuda.

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Aromas seductores. El olfato es el sentido erótico más evocador y primario. También el más sexual, ya que el aroma de la piel de la pareja es un excitante que no necesita aditivos ni conservantes. Eso sí, ten en cuenta que el olor, tanto en la cocina como en la cama, es un arma de doble filo. Los olores demasiado fuertes pueden arruinar una buena comida... y anular el erotismo: decántate por usar aceites perfumados, cremas ligeras, inciensos, velas...

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Cuida el emplatado. La gastronomía creativa cuida especialmente la presentación, que se convierte en una experiencia tan deliciosa como su degustación. Sigue esta tendencia y aliña un poco tu relación con lencería sugerente, una decoración o ambiente con iluminación especial, la película que más os guste... O todo lo contrario: ¿y si privas del sentido de la vista a tu pareja con un antifaz o un pañuelo de seda?

A fuego lento. Comer es un placer, no solo por el disfrute de probar sabores, sino también por el deleite que supone paladear una conversación pausada con nuestros seres queridos. Esto es lo que reivindica el movimiento slow, tan aplicable a la comida como al sexo. Reducir el ritmo, disfrutar de cada etapa de la relación sexual, especialmente de la seducción, e intentar retardar el orgasmo. Ya lo dijo Mae West: “Cualquier cosa que merezca la pena hacer, hay que hacerla lentamente”.

Oído, cocina. Hay sonidos que son para el sexo como el chup-chup de un guiso a fuego lento para el hambre: hacen la boca agua. Las palabras románticas o picantes a deshora (como enviarle un mensaje en horario de oficina), ayudan a crear expectación. También puedes pactar alguna palabra clave durante la relación para indicarle tu deseo. Será como un interruptor de encendido. Eso sí, no se trata de hablar demasiado: recuerda que los hombres se despistan fácilmente.  

Un buen maridaje. Lo que mejor combina con el sexo es, sin duda alguna, la imaginación. Las fantasías funcionan como auténticas válvulas de escape, de liberación. No seas tímida y anímate a contarle a tu pareja algunos de esos deseos “inconfesables” para ponerlos en práctica, a menos que sean una alarde de imaginación extravagante. O aunque lo sean. ¿Quién habría pensado en cocinar con nitrógeno líquido antes de Ferran Adrià?