Las 6 claves para plantar cara a tu dieta

¿Se te van de las manos esos kilitos de más? ¿Sudas frío con la ecuación alimentos-plancha o dulces-nunca más? Enhorabuena: eres la candidata ideal para "La dieta 'gourmet'", de Ana Luzón (Ed. Sindicato del Gusto).

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Atrévete. Coge el biquini y póntelo. Sí, en pleno invierno. Mírate al espejo y afróntalo: tienes algún kilo de más y te gusta (y mucho) comer y cocinar. Bien, interiorízalo: lo único que funciona para adelgazar de forma saludable es la educación nutricional, el cambio de hábitos (30 minutos de ejercicio diario incluidos) y detectar si hay algún problema psicológico. No solo comemos para alimentarnos: también lo hacemos para controlar nuestras emociones.

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Seguro que hay un motivo. Cómprate un diario y escribe no solo tus motivaciones para adelgazar (te ayudará en los momentos de bajón), sino sobre lo que comes y lo que pasaba cuando rompiste a ingerir: ¿te diste un homenaje de helado después de una discusión? ¿Estabas nerviosa cuando arremetiste contra la bolsa de patatas? Obsérvate: ¿te premias o te castigas con la comida? Escribir sobre ello te ayudará a cambiar tus hábitos.

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Al súper, sin hambre. Lo importante es cargar tu carrito de alimentos sanos y paciencia a partes iguales: una dieta correcta no debe hacerte perder más de un kilo por semana. De otra manera, además de grasa perderás agua y músculo. Elige lácteos desnatados, carnes magras, pescados blancos, aceite de oliva, cereales integrales no azucarados, huevos, verduras, frutas y hortalizas como si no hubiera un mañana.

Customiza tu armario. Ya tienes los armarios de tu cocina llenos de alimentos sanos y de calidad... y vacíos, eso sí, de embutidos, quesos curados, chocolate, fritos... Asúmelo, cambia el chip y échale imaginación. Las dietas no prohíben, no seducen. Tu misión será dejarte seducir por los alimentos que más te gusten y por cómo los preparas. Si te cansa la plancha, prueba el vapor, altérnalo con el horno... Y en verano apuesta por las barbacoas.  

En plan 'foodie'. Recupera las ensaladas más sabrosas y energéticas (pasta, arroz, patata, legumbres) como delicioso (y antioxidante) plato único; envuelve el pescado (lenguado, rape, dorada, lubina, merluza...) en papillote y alíñalo con imaginación: las salsas a base de yogur, vinagre, especias, cítricos, soja y mostaza son ligeras y sorprenden al paladar. Y de postre, siempre, sin duda, fruta, sea en brocheta, macedonia o batido (con leche desnatada, eso sí).

Sin renunciar a los clásicos. Prueba a cocinarlos de otra manera: el cocido sin tocino, la paella con una cucharada de aceite por comensal, la tortilla de patata con la ídem asada en vez de frita... Son juegos culinarios que alegrarán el resto de pautas ineludibles del buen comer sin engordar: no perdonar jamás el desayuno, no saltarse ninguna comida, evitar el azúcar y el picoteo, restringir el consumo de sal y alcohol, y beber dos litros de agua al día.