Sexo de verano

Científicamente probado: a más luz, más deseos de cama. Y no precisamente para dormir. Si a eso le unimos jornadas enteras de relax, más tiempo para nosotras y la pareja, prendas ligeras y deporte al aire libre, el cóctel es explosivo. Haz que estas vacaciones tu erotismo trabaje como nunca.

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Con el verano llega el tiempo de quitarse la ropa... y los prejuicios: el calor sube la temperatura y la testosterona, nos relajamos, nos desnudamos y las feromonas que despide nuestra piel dicen a gritos que queremos más sexo. “En verano segregamos más testosterona, la hormona masculina, presente también en el organismo de la mujer, y como es la responsable del deseo sexual nos apetece más sexo”, explica Ana de Calle, autora del libro El sexo, magia para tu cuerpo (Amazon).

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A eso se suma que la luz y el calor disparan la serotonina y la oxitocina, que nos dan bienestar y felicidad, aunque según Mireia Darder, autora de Nacidas para el placer (Ed. Ridgen Institut Gestalt), “el factor clave para aumentar el deseo es reducir el grado de estrés”.

Sin relax no hay orgasmo
Nervios fuera. Buscar un orgasmo que haga historia solo conduce a no encontrarlo. Porque el mito de la superwoman también nos lo hemos llevado a la cama... y ya sabemos qué es eso: un mito. “Tenemos que ser buenas madres, buenas esposas, buenas profesionales y además estar sexys y encima ser multiorgásmicas, como una exigencia que cumplir –explica la doctora Darder–. Eso nos lleva al agotamiento, a no poder sentir qué desea nuestro cuerpo y de qué tenemos ganas”.

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Exigirse menos y entregarse más: ese parece ser el primer punto para disfrutar de un orgasmo de película. Una vez que tengamos la cabeza vacía, podremos llenarnos los sentidos. ¿Cómo? “Estimular a la vez el punto G y el clítoris nos lleva al séptimo cielo –asegura Ana de Calle–. Provoca una excitación intensa en la musculatura profunda de la vagina... y solo hay que abandonarse a las oleadas de placer”.

Pero hasta el disfrute se aprende: para que el goce sea máximo es imprescindible conocer cómo funcionan los órganos sexuales y, por supuesto, ejercitarlos aprendiendo a contraerlos y relajarlos. La masturbación (en la que los hombres nos llevan, con mucho, la delantera) ayuda. Y aunque el 90 % de las mujeres saben lo que es darse placer a sí mismas, son muy pocas las que lo reconocen abiertamente, aunque sea entre amigas.

¿Dos mejor que uno?
Seis de cada diez mujeres querrían tener una aventura este verano, según las estadísticas de gleeden.com, la primera web de encuentros extraconyugales pensada por mujeres. Es decir, que nosotras también somos infieles. Pero de nuevo aquí nos encontramos con el muro de los tabúes: “Las mujeres tenemos tendencia a ocultarlo, mientras que el hombre puede casi hasta alardear de ello en algunos ambientes”, reconoce la psicóloga Mireia Darder.

Y cuando nos decidimos a ser infieles no lo hacemos porque no nos gusten en la cama, sino porque... ¡les falta sentido del humor! Así lo revelan los resultados de una encuesta realizada por el portal de citas para personas con pareja Victoria Milan. Para ellos, en cambio, la monotonía o una relación sexual deficiente son los principales motivos de infidelidad, así que toca ponerse las pilas.

Vacaciones de fantasías
“Las vacaciones son momentos que, bien vividos, no con largas excursiones en las que lleguen rendidos, pueden hacer que se disfrute mucho en pareja”, explica la sexóloga Ana de Calle. Pero ¿cuál es la mayor de nuestras fantasías?
Para los hombres hay una imagen recurrente: el trío con dos mujeres. Pero tampoco le hacen ascos al sexo fuera de la cama y el verano abre un buen abanico de escenarios: desde la playa hasta la piscina, pasando por el bosque o el clásico coche, que sigue encabezando el ranking de lugares favoritos para el sexo aunque parezca cosa de adolescentes.

Porque las fantasías están al alcance de cualquiera. Así lo demuestra el nuevo proyecto de la cineasta Erika Lust, pionera del porno femenino. En xconfessions.com, usuarios anónimos confiesan sus fantasías (lo hacen unas diez personas cada día) y ella las convierte en corto: “Acabamos de rodar una que según su autora es real. Ella veía desde su balcón a una pareja teniendo sexo. Un día ellos la pillaron espiando y le pusieron un cartel en la ventana que decía: ‘Sabemos que nos miras’. Ella les contestó con otro: ‘... y sois buenos’. Así que acabaron intercambiando móviles y liados en un trío”, cuenta la directora de cine erótico.

Ver en pareja este tipo de películas también excita. Sobre todo si se cuida el producto: “Lo que ocurre es que la oferta es mayoritariamente porno barato, donde el sexo es ginecológico, atlético, aburrido y repetitivo. Pero empieza a haber un cine X de autor, culto, elegante, inteligente. Y si consumes ese, la experiencia es muy distinta que con el de toda la vida”, afirma Lust.

El sexo también se aprende
Si para todo lo que hacemos hemos tenido que aprender, ¿por qué no dejarnos enseñar en el sexo? Se puede encontrar inspiración en un (buen) libro de fotografía erótica o acudir a un taller de sexualidad.

En Lilly Blossom ofrecen formación que abarca todos los aspectos de la relación sexual: desde cómo proponer juegos fuera del dormitorio hasta el modo más eficaz para recuperar el deseo. Para los más cohibidos, la mejor opción es recurrir a sesiones de coaching personalizado en las que, de forma íntima y bajo un estricto acuerdo de confidencialidad, se trabaja el aspecto en el que el cliente tenga más interés. Y es que cuando se trata de placer, las fronteras las pone una misma